Insólito

País de ambulantes

2006-11-22

Este fenómeno tan nocivo inició con la quiebra financiera del país en 1982,...

Alejandro Gertz Manero, El Universal

Cerca de 18 millones de personas están empleadas en la economía informal mexicana, de conformidad con las estadísticas de la OCDE, y de acuerdo con el diagnóstico del economista Hernando de Soto, que es el estudioso latinoamericano más significativo en esta materia, 50% de la población económicamente activa del país es ambulante e informal, y ello representa casi la mitad de nuestro Producto Interno Bruto (PIB); todo lo cual nos indica que México ha dividido su economía y a su sociedad en dos grandes sectores antagónicos, de los cuales el informal sigue ganando territorios y fuerza frente a la declinación de la productividad estructurada y fiscalmente responsable.

Este fenómeno tan nocivo inició con la quiebra financiera del país en 1982, después de 12 años de corrupción galopante y derroche desmesurado de los fondos petroleros, para después agudizarse a partir del proyecto de globalización que dejó en absoluto estado de indefensión a la cadena productiva y comercializadora del país, lo cual fue perverso e irresponsable, a diferencia de muchos países como Japón, Francia y tantos más, que en una u otra forma han defendido a ultranzas sus sectores productivos estratégicos, mientras se suman a la globalización en lo que les pueda beneficiar; en tanto que aquí aniquilaron a la pequeña y mediana industria y al comercio, lanzando a la informalidad y al ambulantaje a esas 18 millones de personas, mientras otros muchos millones tuvieron que buscar en la inmigración ilegal su fuente de sustento y supervivencia.

Ahora estamos enfrentando los frutos de esa decisión tecnocrática y antipatriota que ha dividido al país y que todos los días se expresa en cada esquina y en cada plaza pública, donde la economía ha vuelto a las prácticas del primitivismo arcaico que propicia el contrabando masivo de productos y la conversión de los industriales en importadores legales o ilegales, según la corrupción se los vaya permitiendo; y esto llega a expresarse dramáticamente en áreas de tanto impacto como la confección, el calzado, la electrónica y la industria disquera y de videos, en la que ya casi 80% de la comercialización es ilegal.

A esos millones de ambulantes e informales no podemos ni debemos verlos como enemigos o como delincuentes genéricos, ya que ellos no son más que el producto de una política económica inhumana y aberrante, que es necesario corregir para integrar nuevamente a la economía y a la sociedad mexicanas en un proyecto conciliatorio y solidario que nos permita salir adelante, ya que no es posible que los pequeños y medianos comerciantes e industriales legítimos sean asediados para un feroz sistema impositivo que les carga Seguro Social, Infonavit, 2%, altos impuestos y una enorme cantidad de gabelas y costos, mientras los informales viven asediados por el bárbaro impuesto de la corrupción que ejercen sus líderes brutales, al igual que la burocracia corrupta e insaciable, junto con los políticos clientelares y demagógicos que los explotan y manipulan.

La solución a esta crisis no es imposible ni tan complicada como se pretende presentar, ya que lo único que se requiere es honestidad y patriotismo por parte de las autoridades involucradas para generar un nuevo proyecto económico y fiscal que regule el ambulantaje con impuestos mínimos y pagos por un uso de suelo reglamentado y consensuado con la comunidad, dándole ese mismo trato fiscal a las actividades formales y legítimas de ese nivel, para que, al igualar a ambos sectores, inicie el proceso de integración que es indispensable para proyectar una nueva economía progresista e incluyente para todo México.



AAG

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