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La "masacre" de Tiananmen, un tema tabú en China 30 años después

2019-06-03

La masacre quedó documentada por la prensa internacional, que esos días estaba en...

 

MADRID, 3 Jun. (EUROPA PRESS) -La brutal represión de las protestas de estudiantes y trabajadores que tuvieron lugar en la plaza de Tiananmen entre abril y junio de 1989 sigue siendo un tema tabú ahora que se cumple su trigésimo aniversario, entre otras cosas, porque las demandas que se plantearon entonces aún siguen sin respuesta por parte de las autoridades chinas.

"China experimentó una década de crecimiento económico y liberalización política" a raíz de la apertura iniciada en 1979. Sin embargo, "la gente no estaba contenta por la corrupción y la inflación y había un creciente sentimiento entre la población china de que China necesitaba profundizar la reforma económica y política", indica a Europa Press Yaqiu Wang, investigadora de Human Rights Watch (HRW) para el país.

El detonante de las protestas en Tiananmen fue la muerte fulminante durante una reunión del Partido Comunista Chino (PCCh) de su ex secretario general Hu Yaobang, que capitaneó la reforma de los años 80 pero fue obligado a dimitir por el líder 'de facto' del gigante asiático, Deng Xiaoping, por su fracaso a la hora de contener las revueltas estudiantiles de 1987.

Hu murió el 15 de abril de 1989 y, aunque recibió un funeral de Estado al que acudió la cúpula del PCCh, los chinos improvisaron un funeral popular en el Monumento a los Héroes del Pueblo, ubicado en el extremo sur de la plaza de Tiananmen. Comenzó así una pequeña concentración para exigir al Gobierno que revisara la figura política de Hu que fue escalando con el paso de las semanas.

Estudiantes y profesores fueron los primeros en acudir al llamado de Tiananmen para exigir una verdadera apertura política. Posteriormente, se les unieron los trabajadores urbanos, que veían en las reformas económicas una amenaza a su estatus. Con el vector común de la corrupción, esta amalgama de demandas cristalizó en una concentración multitudinaria en el corazón de Pekín.

Tras varias tentativas de diálogo, el Gobierno declaró la ley marcial en mayo y en junio envió a las Fuerzas Armadas a disolver la protesta. Los manifestantes acordaron abandonar Tiananmen para evitar un duro enfrentamiento que se acabó produciendo la noche del 3 al 4 de junio en las calles aledañas con militares disparando contra civiles desarmados.

"Escuchaba el zumbido de las balas y los disparos. Un cuerpo cayó encima de mí, luego otro. Corrí y corrí para poder salir de ahí", cuenta a Amnistía Internacional Lu Jinghua, que tenía 28 años en aquella época. Trabajaba vendiendo ropa en Pekín y empezó llevando agua y comida a los manifestantes en Tiananmen hasta que se unió a ellos.

La masacre quedó documentada por la prensa internacional, que esos días estaba en China para cubrir la visita del líder soviético Mijaíl Gorbachov. Pese a ello, se desconoce cuántas víctimas dejó esa noche. Las Madres de Tiananmen han conseguido documentar al menos 202 fallecidos y HRW y Human Rights in China han identificado al menos 522 detenidos. Se trata de la mayor masacre civil en China desde las purgas maoístas.

LA PERSECUCIÓN POSTERIOR

A la respuesta militar siguió una política destinada a imponer la 'ley del silencio' sobre lo ocurrido en Tiananmen para evitar desafíos similares en el futuro. Wang Dang, que se describe como "uno de los muchos líderes del movimiento" de protesta, fue el primer nombre de la 'lista negra'. Pasó seis años en prisión hasta que tuvo que exiliarse. "Nunca me he arrepentido. Hay que hacer sacrificios por nuestro futuro", asegura a Amnistía Internacional.

Lu también fue una de los más buscados. En su caso, tuvo que salir de China dejando atrás a su hija, de tan solo meses. "Fue una decisión difícil, pero tenía que salvar la vida", explica a la ONG. Desde entonces, no ha podido regresar y no se reunió con su hija hasta 1994, cuando a ésta se le permitió viajar a Estados Unidos. "Nunca olvidaré lo que pasó. Era lo que había que hacer", sostiene.

HRW subraya que la represión de las voces disidentes ha continuado en estas tres décadas. Durante los años 90 y 2000, en los que China trató de congraciarse con la comunidad internacional, continuaron las detenciones, las condenas y la reclusión en cárceles o campos de reeducación y se frustraron todos los intentos de formar partidos distintos al PCCh.

La ONG señala dos picos de represión. Uno, en el contexto de los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008, cuando Liu Xiaobo --que dos años después recibiría el Nobel de la Paz-- y otros fueron arrestados por escribir la Carta 08 en pro de la democracia. Y otro con los llamamientos a emular la Primavera Árabe, que acabó con Ai Weiwei y otros detenidos.

Ya en la era de Xi Jinping, que conquistó la cima del PCCh en 2013, se ha producido un "creciente control sobre todos los aspectos de la sociedad china", apunta HRW. "Es mucho peor que en 1989", dice a Reuters Shao Jiang, uno de los líderes estudiantiles de Tiananmen. "Este Gobierno ha convertido China en una gran cárcel", denuncia desde su exilio en Londres.

De cara al 30º aniversario, el control se ha intensificado. Chen Bing, que replicó las protestas de Tiananmen en Sichuan y cuyo hermano estuvo en la plaza pekinesa, fue detenido el pasado mes de abril por crear un licor llamado 89.6.4 para conmemorar dicha fecha. Además, desde finales de mayo decenas de activistas han sido puestos bajo arresto domiciliario o enviados a sus localidades de origen en unas "vacaciones" forzadas, de acuerdo con HRW.

El cortafuegos se ha extendido a Internet. Según un estudio de la Universidad de Toronto y la Universidad de Hong Kong, los sucesos de 1989 son uno de los temas más censurados en la Red china: Un total de 3.237 palabras han sido vetadas por su relación con las protestas de Tiananmen.

"UN ABISMO" ENTRE GENERACIONES

"El Gobierno chino sabe que lo que hizo estuvo mal y que la población china aún está profundamente enfadada" y por eso "ha estado haciendo todo lo posible para impedir que las familias de las víctimas hablen de ello y que los investigadores y periodistas lo estudien", dice Yaqiu Wang a Europa Press.

El resultado ha sido exitoso, habida cuenta de que se ha creado "un abismo entre las personas que lo vivieron y las nuevas generaciones" que ha provocado que estos hechos históricos se diluyan en la memoria colectiva sin que nadie haya rendido cuentas.

"La gente que lo experimentó no suele hablar porque entiende que no será bueno para ellos (...) --puedes enfrentarte al acoso e incluso a la cárcel"--, mientras que "los que eran unos niños cuando se produjo la masacre de Tiananmen y los que nacieron después no saben nada de eso" y, aunque hayan oído algo, "no conocen la extensión de las protestas y de la brutal respuesta del Gobierno chino", comenta la investigadora de HRW para Asia.

El régimen de Pekín, por su parte, mantiene que tomó la decisión "correcta" al acabar con las protestas de Tiananmen. "Había un caos político que el Gobierno necesitaba sofocar", ha afirmado el ministro de Defensa, el general Wei Fenghe, en declaraciones a la prensa desde Singapur.

"Todo el mundo está preocupado por Tiananmen 30 años después", se ha quejado Wei. Pero, "en los últimos 30 años, China ha sufrido muchos cambios bajo el Partido Comunista" que le han permitido "disfrutar de una situación de estabilidad" y desarrollo, ha defendido.

Yaqiu insta a China a permitir una "investigación independiente"; identificar y procesar a los dirigentes que ordenaron usar fuerza letal contra manifestantes pacíficos; publicar los nombres de todos los que murieron y pedir perdón e indemnizar a las familias; permitir el regreso de los exiliados; acabar con el acoso y la represión; y respetar la libertad de expresión. "Dudo que esto pueda pasar en un futuro cercano", confiesa.



regina