Deportes

El Athletic se come al Barça

2020-02-06

San Mamés es cruel con el Barcelona actual.

Por JON RIVAS | El País

Bilbao 6 FEB 2020 - 16:39 CST San Mamés es cruel con el Barcelona actual. Dos veces le ha ganado el Athletic esta temporada en el último suspiro. En agosto fue un gol de Aduriz con una espectacular chilena en la primera jornada de Liga (1-0); en pleno invierno, aunque con un febrero clemente por Bilbao, el remate inverosímil entre Williams y el intento de despeje de Busquets, después de un centro de Ibai, tumbó de la Copa al equipo azulgrana en la misma ronda de cuartos, a partido único, en la que antes había caído el Real Madrid en su estadio ante la Real Sociedad. Ninguno de los grandes estará en semifinales (este viernes es el sorteo) y el trofeo queda en manos de los dos conjuntos vascos, el Granada y el sorprendente Mirandés.

Está el gallinero azulgrana revolucionado por una cosa o por otra, como si la edad de Messi, que no muestra signos de decadencia, empezara a pesar más en el resto del club que en sí mismo, ante la incertidumbre de un futuro cada vez más cercano en el que la estrella que más ilumina el planeta fútbol se apagará sin remedio. Hay ruido de sables en la sala de banderas de Can Barça, ¿cuándo no lo hay?, y eso se traslada también al campo, por lo que se ve. Messi aspira a un entorno tranquilo, pero siempre hay un Abidal que alborota.

Llegó el Barcelona a un escenario duro como San Mamés, y dio la sensación en el primer acto que los futbolistas de amarillo, porque el Barça hace años olvidó vestir de azulgrana en Bilbao, estaban más al plato que a las tajadas. Dominaron un rato; Messi extendió el pánico entre los jugadores del Athletic en los primeros minutos, pero una vez estabilizado el partido, tras muchos instantes de toque estéril por parte del equipo visitante en los que bullía Ansu Fati hasta que se apagó, los rojiblancos se estiraron más, apretaron en la salida del balón y provocaron errores. Como el de Ter Stegen, que le regaló la pelota a Dani García —disparó fuera—, una serie de fallos que pusieron de los nervios a Messi, que vio tarjeta amarilla por una entrada a Raúl García cuando la jugada ya no valía, y a Jordi Alba por el efecto rebote de la acción de su capitán, es decir, por darle a la lengua a destiempo. Hasta Quique Setién se contagió los nervios y también fue amonestado.

Hubo muchas escaramuzas, pero ninguna acción lo suficientemente peligrosa como para que los guardametas se ganaran el sueldo. De hecho, San Mamés sólo sintió miedo en una falta que cometió Yeray al borde del área, pero que Messi estrelló contra la barrera.

El folio seguía en blanco mediada la segunda parte, y los porteros no habían estrenado los guantes. Unai Simón fue el primero que apareció, en el minuto 69, para detener con las piernas un remate a bocajarro de Griezmann, casi recién ingresado al campo, que recibió tras una magnífica galopada de Sergi Roberto.

El efecto Aduriz
Piqué también vio tarjeta después de que se le escapara Williams por velocidad y tuviera que agarrar al delantero rojiblanco por la camiseta. Un ratito después, el central azulgrana se tuvo que marchar lesionado. Tuvo que salir Umtiti en su lugar. Garitano, en el Athletic, echó mano del efecto Aduriz, el desatascador en la Liga con aquella memorable chilena. El partido estaba muy equilibrado, pero cualquier error podía decantar la cita; o una genialidad. La intentó Arthur, que se pegó una carrera espectacular en el minuto 87 que cogió en modo despiste a los zagueros rojiblancos. Ingresó en el área y buscó a su compañero más fiable, Leo Messi, que metió la zurda en una posición ideal, pero allí apareció Unai Simón de nuevo, para con el pie neutralizar la mejor ocasión del Barcelona en todo el partido.

La prórroga estaba en el ambiente. El Athletic había superado dos en esta Copa, algo que se ha notado en las piernas de sus futbolistas en las últimas jornadas, pero estaba dispuesto a la batalla. No hubo lugar porque ya en el descuento, con Ibai en el campo tras sustituir a Muniain unos segundos antes, el jugador bilbaíno recibió de Capa, buscó postura para centrar, puso la pelota con rosca y Williams entró al remate de cabeza junto a Busquets para que en el salto el balón se desviara lo mínimo y despistara a Ter Stegen, que no había tenido que intervenir apenas en todo el partido.

San Mamés estalló de júbilo; la afición lo celebró como si fuera una final, y no es para menos. Desde hace 61 años, el Athletic no eliminaba al equipo azulgrana del torneo copero. La calle Licenciado Poza recibía a miles de seguidores rojiblancos que seguían la fiesta mientras en el vestuario visitante de la Catedral se celebraba un funeral. Setién no es el problema, parece, como tampoco lo parecía ser Ernesto Valverde. Parece que la crisis barcelonista, que se acelera con la eliminación copera, tiene razones estructurales.



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