Imposiciones y dedazos

El respaldo de López Obrador a Salgado Macedonio es un insulto a las víctimas de violencia de género en México

2021-03-05

Para Castañeda, el hecho de que AMLO defienda al hombre al que ha acusado de...

Por León Krauze | The Washington Post

Basilia Castañeda era una activista política de 17 años cuando, en 1998, le pidió ayuda a Félix Salgado Macedonio. Salgado era un político poderoso en el estado de Guerrero, México. Castañeda afirma que Salgado le ofreció darle unos pocos pesos para que pudiera regresar a casa, donde se suponía debía reunirse con su esposo, amigo de Salgado, para un evento político. Cuando entró a la casa de Salgado en Acapulco, una popular ciudad turística, Castañeda afirma que el político la tranquilizó. “No te preocupes niña, pásate”, le dijo Salgado, llevándola a un sofá. “Yo te voy a llevar con tu pareja”.

Cuando Salgado la dejó sola un momento, Castañeda se sintió segura. En aquel momento “yo me quedo tranquila, contenta”, recordó durante una entrevista. “Estoy salvada, ya no estoy en la calle”. Poco después, reapareció Salgado. Su actitud había cambiado. “Ahí fue donde él, sin decirme nada, empieza a atacarme. Fue algo que no se pudo evitar, era una niña, era una jovencita sin mucha fuerza ante un hombre tan monstruoso”, recordó Castañeda, quien asegura que Salgado la violó y que, tras ponerse los pantalones, buscó su billetera y le tiró 100 pesos (cinco dólares) en la cara.

Castañeda afirma que acudió a las autoridades quienes, sostiene, la desestimaron abruptamente cuando reveló el nombre de su presunto agresor. “Tienes que irte a tu casa, esto no lo puedes denunciar, esta persona es muy influyente”, dijo Castañeda que le respondieron. “Vete a tu casa, vive tranquila y olvídate de esto”.

Pero ella nunca lo olvidó.

Castañeda ha intentado durante años llevar ante la justicia a su presunto atacante. Ha llevado el caso a las autoridades locales, estatales y federales. Incluso contactó al partido político de Salgado para intentar evitar que llegara a ocupar un cargo público. No tuvo suerte.

En 2006, Salgado se convirtió en el presidente municipal de Acapulco. En 2017, otra mujer lo acusó. Había trabajado como reportera en el diario La Jornada y acusó a Salgado de haberla drogado y violado repetidas veces. Existen reportes de otras víctimas, pero las acusaciones han sido escondidas bajo la alfombra del privilegio político.

“Quienes recibieron las denuncias ni siquiera tuvieron la intención de investigarlas”, me dijo Claudia Ramos, editora del sitio Animal Político, quien ha cubierto a Salgado durante años. “Eran mujeres jóvenes que acusaban a un hombre con poder. ¿A quién le importó que el asunto fuera investigado de manera adecuada para determinar si las acusaciones eran ciertas? ¿Quién se preocupó por las denunciantes? Nadie”.

Sin embargo, Salgado ha encontrado a un defensor aún más poderoso: el presidente de México.

El nombre de Félix Salgado Macedonio regresó a los titulares hace pocas semanas luego de que Morena, el partido gobernante del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), lo eligiera como candidato al gobierno de Guerrero.

La semana pasada, el presidente sugirió que el revuelo causado por la candidatura de Salgado se debía a una artimaña política en Guerrero. Desestimó los llamados a intervenir. Salgado, afirmó AMLO, había sido “linchado por los medios”.

Cuando una periodista le preguntó si tenía algo que decirle a las presuntas víctimas de Salgado, el presidente sugirió una equivalencia indignante: “Tienen su derecho como también lo tiene el pueblo de Guerrero, los que apoyan a Félix. Es lo mismo”, dijo. “Entonces, ya. Como dicen algunos: ¡ya chole! (¡ya basta!)”, concluyó.

La decisión de AMLO de apoyar a Salgado ha consternado a activistas que han luchado durante años contra el flagelo de la violencia de género en México. Cientos de personas usaron Twitter para exigirle que “rompa el pacto” (en referencia al pacto patriarcal y político) que parece unirlo a Salgado. El presidente no ha cedido.

La escritora y periodista Lydia Cacho, una voz destacada en la lucha del país contra el abuso sexual, me dijo que AMLO no parece comprender “que apoyar a un hombre como Salgado confirma que él también pertenece a la fraternidad que protege y deja impune a lo peor de México”.

Cacho ha seguido de cerca las acusaciones de Salgado. La escritora afirma que existe “un patrón claro e histórico de comportamiento misógino, de acusaciones sistemáticas de hostilidad y acoso sexual, y de graves acusaciones de violencia sexual y amenazas de silenciar a las víctimas”.

Para Ramos, las acusaciones de Salgado confirman lo que las mujeres mexicanas han temido y sabido durante mucho tiempo: están solas. “Tanto el presidente como su partido le están diciendo a todas las mujeres de este país que no importan”, me dijo. “Si son violadas sexual, laboral o socialmente, serán ignoradas. Les están diciendo que lo único que les interesa es su proyecto político”.

Para Castañeda, el hecho de que AMLO defienda al hombre al que ha acusado de violación se siente como una traición. “Tenía toda la fe, toda la confianza en ellos y la verdad me tienen muy decepcionada”, dijo recientemente.

La negativa de AMLO a solicitar una investigación seria y de suspender temporalmente la candidatura es un insulto enorme para un país que ha visto a un movimiento feminista masivo y sin precedentes inundar las calles en los últimos años, exigiendo el fin de la impunidad en los casos de violencia sexual y de género.

Estamos de acuerdo en que ¡ya chole!



aranza

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