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El escape del coronavirus de un laboratorio: una teoría improbable y especulativa, pero posible

2021-05-29

La diferencia es que entonces se encontró el huésped intermedio: la civeta en el...

Pablo Linde, El País

Si hubiera un juicio para sentenciar el origen del coronavirus, la inocencia equivaldría a la transmisión espontánea a los humanos: esta sería la sentencia si no se demostrase lo contrario. Se necesitarían pruebas muy sólidas para concluir que el virus infectó a una persona en un laboratorio y ahí comenzó la transmisión; hoy por hoy, no las hay. El problema es que tampoco se ha encontrado el arma del crimen, el animal intermedio que transmitió un virus de un murciélago a una persona y comenzó toda la cadena de infecciones hasta desatar una pandemia. Y, mientras no se halle, no se puede cerrar por completo la puerta a otras hipótesis.

Una carta publicada en la revista Science el 14 de mayo por 18 prestigiosos científicos (solo uno de ellos experto en coronavirus) pidiendo que no se descarte la hipótesis del escape del laboratorio ha reabierto la discusión. Joe Biden, presidente de Estados Unidos, recogió el guante y ha pedido un informe concluyente en 90 días, algo, por otro lado, sumamente complicado.

Más allá de eso, de la carta y de la decisión presidencial, no hay ninguna nueva evidencia sólida que haga pensar que la tesis mayoritaria de la comunidad científica, la transmisión a través de un animal intermedio, sea incorrecta. Pero muestra esa rendija alternativa que genera un gran interés: las teorías de la selección natural tienen difícil competir con el misterio.

En este caso, además, no se trata de una conspiración irracional, como la que asegura que la Tierra es plana. Existen motivos para pensar que el salto a los humanos se pudo producir en un laboratorio: no que fue allí creado, algo que sí va línea con las teorías conspirativas más inverosímiles. Lo que ha ganado fuerzo es que la primera infección humana fue producto de un accidente en un experimento. “Las probabilidades son pequeñas pero no diminutas, y es importante hacer una investigación creíble y exhaustiva del origen de la pandemia que incluya la posibilidad de un accidente de laboratorio”, declara a la agencia SINC Stephen Goldstein, virólogo experto en coronavirus de la Universidad de Utah. “Sin embargo, priorizar esa hipótesis a expensas de investigar la ruta zoonótica convencional sería un error enorme”, zanja.

Es difícil hacer un análisis exclusivamente científico de la situación y abstraerse de las implicaciones geopolíticas del debate. Un sistema opaco como el chino no pone facilidades para hallar la respuesta y todo esto ocurre entre la rivalidad entre Washington y Pekín. Estos son los argumentos a favor y en contra de ambas hipótesis.

La hipótesis de la transmisión espontánea

Como explica la viróloga del CSIC Isabel Sola, es la más plausible porque es un fenómeno conocido, que ya se ha producido con anterioridad en un lugar que además está plagado de coronavirus que pueden dar el salto a los humanos. Tanto es así que entre los comerciantes de animales de la provincia de Cantón, al sur de China, se encontraron altas tasas de anticuerpos frente a coronavirus similares al SARS. Un brote de este patógeno, en 2003, fue el antecedente más directo del que causa la covid. Otro similar fue el MERS, seis años más tarde. La diferencia es que entonces se encontró el huésped intermedio: la civeta en el primer caso y el dromedario en el segundo.

El principal sospechoso del inicio de la pandemia es el murciélago, que hospeda un virus (llamado RaTG13) que tiene una afinidad de más del 96% con el SARS-CoV-2, causante de la covid-19. “El tiempo evolutivo normal para que este virus se convirtiese en capaz de infectar a humanos es de unos 20 años. Cuando interviene un animal intermedio, acelera la evolución del virus y se podría generar uno mucho más parecido. Pero como no tenemos ese eslabón, no podemos afirmar al 100% que haya sucedido esto”, argumenta Sola.

Una dificultad añadida para encontrar ese eslabón es la frecuencia de la enfermedad asintomática. Al contrario del primer SARS, que mostraba efectos graves con rapidez, la covid se empezó a propagar de forma mucho más silenciosa, con lo que resulta mucho más complicado, si no imposible, llegar al paciente cero.

Con esas bases, una comisión científica de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que investigó sobre el terreno no logró encontrar al huésped intermedio, pero señaló esta opción como “probable o muy probable”, mientras que la del salto a humanos en el laboratorio quedó casi descartada como “extremadamente improbable”. El virólogo de la Universidad Autónoma de Madrid Antonio López Guerrero señala que esa conclusión le parece más fiable que una carta en Science que no se sustenta en evidencias: en realidad son cinco párrafos pidiendo más investigación. “Lo que muestra la investigación es que surgió al mismo tiempo en varios mercados de varias ciudades”, explica. Esto casa mal con la salida del laboratorio.

La teoría del escape de laboratorio

“Aunque el equipo ha concluido que el escape de laboratorio es la hipótesis menos probable, requiere más investigación, potencialmente con nuevas misiones”, dijo Tedros Adhanom Gebreyesus, director de la OMS, cuando se publicó el informe que señalaba al huésped intermedio como la opción más probable.

El mayor aval para la tesis del escape del laboratorio es que no se ha podido demostrar la otra. “Conocemos el virus del murciélago y el humano: ¿qué ponemos en medio? Mientras no lo encontremos en un animal, podemos decir que alguien lo ha manipulado en un laboratorio y se le ha escapado, aunque no tenemos pruebas”, dice Sola.

Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra, trata estas dos hipótesis en su libro La sanidad en llamas: un internista y un epidemiólogo ante la pandemia, que saldrá a la venta en junio. Aunque insiste en mantener la “presunción de inocencia”, expone algunos de los factores que pueden llevar a pensar que la primera infección del virus se produjo en un laboratorio y de ahí se expandió.

En primer lugar, que Wuhan cuenta con un centro donde se experimenta con coronavirus. Es un primer indicio que, aunque no es suficiente, sí resulta necesario para sostener esta tesis. Tras esto hay varios fenómenos no aclarados que refuerzan la teoría. El pasado domingo, The Wall Street Journal publicó un artículo citando fuentes anónimas de los servicios de inteligencia que aseguran que tres investigadores de este laboratorio fueron ingresados en un hospital con neumonía en noviembre. “No se dispone de la historia clínica de estos investigadores, pero sería muy raro que coincidiera que fuera una neumonía justo en el momento en que se cree que empezó a circular el virus”, explica Martínez-González.

De confirmarse que tres científicos se infectaron de SARS-CoV-2, algo desmentido por China, López Guerrero reconoce que la hipótesis del laboratorio ganaría fuerza. “Seguramente seguiría siendo una infección natural, pero en lugar de en un mercado se habría producido ahí”, matiza.

Pero hay quien va más allá y asegura que no solo se produjo una infección en un laboratorio, sino que fueron los científicos quienes desarrollaron las mutaciones necesarias para convertirse en un patógeno humano. Como todo lo anterior, se basa en indicios y especulaciones, no de evidencias.

En el laboratorio se experimentaba desde hace años con coronavirus. Zhengli-Li Shi, conocida como la doctora murciélago, recolectó un millar de muestras de coronavirus de murciélagos para investigarlos. Como explica Martínez-González, el Instituto de Wuhan publicó en Nature Medicine de 2015 que modificaron uno de estos virus para hacerlo más infectivo. “Esta publicación suscitó reacciones como la de Wain-Hobson, del instituto Pasteur, que pedía entonces cautela, pues si este virus se escapara, nadie podría predecir su trayectoria”, asegura. Además, según un informe de los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses de 2018, la seguridad en estos laboratorios no era la necesaria para este tipo de pruebas. Estos experimentos, matiza Sola, eran de virus atenuados para que no pudieran ser infectivos en humanos en un escenario real, según sus propias publicaciones.

Según Nerea Irigoyen, viróloga de la Universidad de Cambridge, “es probable que nunca sepamos el origen del virus”. ¿Por qué? “Porque lo más probable es que haya un animal intermedio que puede estar en cualquier parte del sudeste asiático y pueden pasar años para encontrarlo, si es que se consigue”.



JMRS