Ecología

Jóvenes en TikTok se enfocan en comunicar soluciones climáticas

2022-03-28

Philip Aiken, de 29 años, conductor de un pódcast “solo para salvar al...

Cara Buckley | TYhe New York Times

Alaina Wood, científica de la sustentabilidad en Tennessee, recurre a TikTok para comunicar la mayoría de sus mensajes sobre el clima. “La ciencia dice que las cosas van mal y que solo van a empeorar cuanto más tardemos en actuar”, dijo.

‘Siéntese, viejo catastrofista’: estos activistas dicen que no es demasiado tarde para salvar al planeta

Un grupo creciente de jóvenes se enfoca en comunicar soluciones climáticas en TikTok.

Alaina Wood es muy consciente de que, hablando en términos planetarios, las cosas no están tan bien. Ha leído informes nada optimistas sobre el clima, ha seguido los cataclismos meteorológicos y ha atravesado numerosos momentos de pesimismo.

También forma parte de un creciente grupo de personas, muchas de ellas jóvenes, que luchan contra el catastrofismo climático, esa idea de que es demasiado tarde para cambiar las cosas. Creen que centrarse solo en las noticias funestas sobre el clima puede sembrar el miedo y la parálisis, fomentar la inacción y convertirse en una profecía autocumplida.

Ahora que la guerra de Ucrania está impulsando el aumento de la producción de combustibles fósiles, afirman que es más urgente que nunca concentrarse en todo el buen trabajo climático que se está haciendo, en especial a nivel local. “La gente está casi cansada de oír lo mal que está; la narrativa tiene que pasar a las soluciones”, comentó Wood, de 25 años, una científica de la sustentabilidad que comunica gran parte de sus mensajes sobre el clima a través de TikTok, la plataforma de redes sociales más popular entre los jóvenes estadounidenses. “La ciencia dice que las cosas van mal y que solo van a empeorar cuanto más tardemos en actuar”.

Algunos defensores del clima se refieren a la postura adoptada por Wood y sus aliados como OK, Doomer (que podría traducirse como “Sí, catastrofista” o, en algunos países hispanohablantes, como “Siéntese viejo catastrofista”) y que hace referencia a OK, Boomer, la refutación de la generación Z a la condescendencia de los baby boomers, la generación que nació a mediados del siglo pasado y que ahora está en la tercera edad.

Así como jamás se había tenido tanta conciencia sobre la crisis climática, tampoco se había tenido tanto temor ante sus efectos, sobre todo entre los jóvenes. Según un estudio realizado en 2020 por el Centro de Investigaciones Pew, dos terceras partes de los estadounidenses consideran que el gobierno no está haciendo lo suficiente para luchar contra el cambio climático, mientras que una encuesta realizada el año pasado a 10,000 adolescentes y jóvenes adultos de diez países reveló que tres cuartas partes temen por el futuro.

También hay un creciente consenso en que la depresión y la ansiedad ecológica son respuestas completamente naturales al constante bombardeo de noticias sobre el medioambiente. El estancamiento de la legislación sobre el clima en el Congreso de Estados Unidos, en combinación con la invasión rusa a Ucrania y sus implicaciones para la crisis medioambiental, no ha ayudado mucho.

Sin embargo, personas como Wood, y su floreciente comunidad de comunicadores sobre el clima, creen que quedarse en el marasmo de la fatalidad climática solo ayuda a mantener un statu quo dependiente del consumismo y los combustibles fósiles. A través de las redes sociales, ella y sus compañeros “ecocreadores” presentan discursos alternos que destacan las noticias positivas sobre el clima, así como las formas en que la gente puede luchar contra la crisis en su vida cotidiana.

Además de calmar su propia ansiedad ecológica, tienen una audiencia cada vez más ávida de lo que tienen que decir.

En el verano de 2021, Wood, cuyo nombre de usuario es @thegarbagequeen, empezó a crear videos en TikTok en los que desmentía ejemplos extremos de catastrofismo climático —entre ellos que toda la humanidad perecerá en cuestión de décadas— y transmitía noticias de victorias climáticas variadas: la creación del primer santuario de ballenas de Norteamérica, un tratado previsto para detener la contaminación de los plásticos, la construcción de un enorme parque eólico frente a la costa del Reino Unido.

Tras dar ese giro, dijo que su número de seguidores se triplicó de 100,000 a cerca de 300,000 en la actualidad. Wood también ayudó a formar un grupo de TikTok de defensores climáticos afines llamado Eco-Tok y comentó que su etiqueta #ecotok ha tenido más de 200 millones de vistas.

Caulin Donaldson, de 25 años, cuyo nombre de usuario es @trashCaulin, se unió a TikTok en diciembre de 2019 para relatar su peregrinaje diario recogiendo basura (trash en inglés) en las playas cercanas a su casa en San Petersburgo, Florida. Sus videos cortos eran optimistas y divertidos: en diciembre publicó una serie titulada “Doce días de Trashmas”, una combinación de trash y Christmas (“Navidad” en inglés). También amuebló su nuevo apartamento con artículos de segunda mano, planteándolo como una búsqueda del tesoro. En octubre de 2020, tenía un millón de seguidores. En la actualidad, tiene 1,4 millones.

Wood y Donaldson dicen que sus seguidores están tomando medidas ambientales por su cuenta, que pueden o no publicar en internet.

Wood, quien vive en Tennessee, dice que ha ayudado a motivar a miles de personas a firmar peticiones relacionadas con el medioambiente y a unirse a huelgas climáticas. “He sido capaz de organizarme de una manera que nunca hubiera imaginado”, dijo.

En TikTok, Donaldson destaca los videos de sus seguidores, quienes en su mayoría son niños de 7 a 14 años que también recogen basura, así como las limpiezas de playas que ha inspirado. Al presentar la sustentabilidad y la acción climática como algo positivo y divertido “en lugar de esta cosa cursi o tonta que hacen los adultos”, Donaldson pretende ser una puerta de entrada para que los jóvenes tomen medidas más importantes en el futuro.

“Odio cuando la gente dice que una persona no puede hacer la diferencia. Se necesita a todo un grupo, pero basta con que una persona comience a actuar. Basta con una persona que inspire a las demás. Basta con que una persona levante la voz”, comentó Donaldson.

En estos momentos se está desarrollando un debate sobre cómo contribuyen las acciones individuales a la crisis climática, dado que las empresas de combustibles fósiles, las grandes corporaciones y los gobiernos son responsables de la abrumadora mayoría de las emisiones de carbono que calientan el planeta. Los detractores opinan que centrarse en el impacto de una persona es inútil, una distracción que provoca culpa. Aluden a los responsables de la publicidad del gigante petrolífero BP, que contribuyeron a popularizar la noción de la huella de carbono individual, como un ejemplo sobre cómo se deslindaron de su culpa.

Sin embargo, cuando se nos dice que la crisis climática es demasiado extensa o intratable puede hacer que la gente deje de sensibilizarse y se olvide del asunto, comentó Sarah Jaquette Ray, directora de estudios medioambientales de la Universidad Estatal Politécnica de California, en Humboldt, y autora del libro A Field Guide to Climate Anxiety. Para combatir este sentimiento de impotencia, anima a la gente a verse a sí misma como parte de una corriente colectiva de grupos ecologistas que trabajan en todo el mundo y a resistirse a caer en el pozo de las historias de terror sobre el clima.

Si la gente no tiene control sobre los acontecimientos geopolíticos, dice, debería centrarse en los aspectos en los que puede marcar la diferencia. “Si el problema es tan grande y nosotros tan pequeños, como nos dice el discurso catastrofista; entonces, tenemos que hacer que el problema sea más pequeño y que nosotros seamos más grandes”, dijo Ray.

Luego agregó que la crisis climática sería la “pelea por nuestra vida, con altibajos”, sin importar quién nos gobierne o si se implementan políticas específicas. “Se necesita valor y disciplina para seguir cultivando el sentido de comunidad y la salud allí donde estamos, en particular entre tan malas noticias”, dijo.

Muchos defensores del clima dicen que presionar por un cambio sistémico al mismo tiempo que se toman medidas personales rinde beneficios. Las acciones individuales pueden tener efectos más amplios, como fue el caso de la adolescente sueca Greta Thunberg, cuyas solitarias huelgas escolares por el clima se transformaron con el tiempo en un movimiento internacional.

“Ambos pueden coexistir”, dijo Isaias Hernandez un joven de 25 años que publica videos sobre la justicia climática en redes sociales con el nombre QueerBrownVegan. “Puede haber cambios grandes y locales al mismo tiempo. Tu participación importa. Estás influenciando a alguien a tu alrededor. Las generaciones existentes y las futuras se pueden beneficiar”.

Como muchos activistas del clima, Kristy Drutman pasó por su época sombría de desesperanza ecológica. Drutman, de 26 años, es hija de padres judío-filipinos y, para ella, la crisis la tocó durante su primer año en la Universidad de California, en Berkeley. Fue entonces cuando el tifón Haiyan asoló Filipinas y dejó 7300 muertos. Poco después, en su universidad fue activista contra la fracturación hidráulica o fracking para obtener petróleo y se sintió consternada cuando los funcionarios universitarios y estatales no parecían compartir su sentido de urgencia.

Empezó a expresar su frustración en las redes sociales bajo el nombre de browngirl_green y pronto llegó a la conclusión de que muchas comunidades de color, ya afectadas por el cambio climático y la devastación medioambiental, carecen de “tiempo o privilegios para perderse en la fatalidad del clima”, dijo. “Tienen que centrarse en las soluciones”, añadió, “porque, literalmente, su supervivencia está en juego”.

Philip Aiken, de 29 años, conductor de un pódcast “solo para salvar al mundo” explicó que ese privilegio también se encuentra en la actitud del “es demasiado tarde”.

“‘Es demasiado tarde’ significa ‘solo quiero vivir con comodidad el tiempo que me queda, porque ya estoy cómodo’”, explicó Aiken. “‘Es demasiado tarde’ significa ‘no tengo que hacer nada y tampoco soy responsable y puedo seguir adelante con mi vida como quiera’”.

Para evitar su propia sensación de catastrofismo, Aiken controla su consumo de noticias sobre el clima. Se le ocurrió una métrica: centrarse en un 20 por ciento en los problemas y en un 80 por ciento en las soluciones. Entendió que tiene toda una vida de trabajo por delante y se concentra en los movimientos de base y en el cambio local. “Ese trabajo me llena”, dijo, “y me mantiene optimista sobre un futuro en el que todavía podemos sobrevivir y prosperar”.

Kate Marvel, investigadora científica en el Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA y la Universidad de Columbia, dijo que incluso ella se paraliza cuando se topa con mensajes sobre el clima que están basados en el temor. Pero su propio enfoque consiste en todo lo que los humanos aún pueden hacer. Señaló los efectos positivos de la legislación federal de aire y agua limpios y del Protocolo de Montreal, firmado en 1987, para eliminar los químicos que dañan el ozono, que ayudaron a sanar la capa de ozono, evitó millones de casos de cáncer de piel y detuvo un calentamiento global aún peor.

“Aún estamos enfrentando amenazas muy graves, eso es legítimo”, dijo Marvel. “Pero eso no significa que ninguna política nunca haya sido efectiva y que no se haya logrado nunca ningún avance. Y ciertamente no significa que el progreso no sea posible”.

O, como dijo Mary Annaïse Heglar, ensayista enfocada en clima y una de las presentadoras del pódcast y boletín Hot Take, “mira todas las vidas en el equilibrio entre 1,5 y 1,6 grados”. Se refería a las tormentas, sequías, calor e inundaciones adicionales que los científicos dicen que resultarán por cada fracción de grado de calentamiento global.

Para Heglar, tan malo como el catastrofismo climático es lo que ella llama “esperancismo” (hopeium en ingés), un optimismo sin fundamentos que confía en que alguien va a idear una solución mágica para el medio ambiente.

“Debajo del catastrofismo y el esperancismo está la duda ‘¿Vamos a triunfar?’”, dijo Heglar. “En este momento eso es prematuro. Tenemos que preguntarnos si vamos a intentarlo. No sabemos si vamos a triunfar hasta que lo intentemos. Si lo hacemos o no, igual habrá valido la pena”.
 



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