Como Anillo al Dedo

Los complicados comienzos sexenales

2019-03-18

Una minoría de solo 17 por ciento no está de acuerdo con el desempeño del...

Por Enrique Quintana, Bloomberg | El Financiero

Hace poco se cumplieron 100 días del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, aunque hay quienes piensan que son muchos más.

Las opiniones respecto a lo que ha sucedido en este periodo son diversas. De acuerdo con una encuesta de El Financiero, la gran mayoría, el 78 por ciento de los ciudadanos, respalda la gestión de AMLO.

Una minoría de solo 17 por ciento no está de acuerdo con el desempeño del actual gobierno.

Una aprobación de esta magnitud en el arranque de una administración no tiene precedente en la historia del país, al menos desde que se levantan encuestas.

Pese a ello, en materia económica al menos, los indicios disponibles nos señalan que habrá un primer semestre con resultados pobres en materia de crecimiento. Incluso, en algunos sectores no sería nada extraño que hubiese una caída.

No sería la primera vez que en México tuviéramos un arranque de gobierno con malas cuentas en lo económico. En realidad, en los arranques de administración durante los últimos cincuenta años ha habido de todo, pero lo predominante han sido los malos inicios.

Hagamos un poco de historia.

En 1970, el último año del sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, la economía mexicana estaba creciendo a una tasa anual del PIB de 6.5 por ciento.

Sin embargo, en el primer año del gobierno de Luis Echeverría esta tasa bajó hasta 3.8 por ciento.

Aunque para los parámetros actuales una cifra cercana al 4 por ciento, como la de 1971, parecería excelente, en ese entonces fue un signo inequívoco de un freno en la economía.

Las tensiones generadas durante el desarrollo estabilizador finalmente reventaron y además del freno del PIB, provocaron inflación.

El presidente Echeverría, en lugar de operar un programa de ajuste, corrió al entonces secretario de Hacienda, Hugo B. Margain, que buscaba mantener cierta disciplina fiscal y se lanzó a una expansión desmesurada del gasto público.

El resultado sí fue una recuperación del crecimiento de la economía, pero a costa de un déficit público como no se había visto en México, lo que únicamente pospuso la inevitable crisis.

Así que el arranque del gobierno de Echeverría significó el preludio al fin de una prolongada tranquilidad económica, la del llamado desarrollo estabilizador.

El siguiente gobierno, el de López Portillo, arrancó en 1976 tras el estallido de una profunda crisis financiera que obligó a la devaluación del peso por primera vez desde 1954, 22 años antes.

Sin embargo, el mandatario desarrolló un estilo conciliador y articuló una alianza con el sector privado desde el primer día de su gobierno y así logró neutralizar la crisis para relanzar el crecimiento del país, apoyado en los descubrimientos petroleros.

Su arranque, a diferencia del de Echeverría, fue de un apaciguamiento social y estabilización financiera.

No fue así ni el término de su gobierno ni el arranque del siguiente sexenio, que correspondió a Miguel de la Madrid.

Apenas tres meses antes del fin de su mandato, López Portillo nacionalizó la banca privada y acentuó la ya grave crisis.

Miguel de la Madrid llegó en diciembre de 1982 en medio de una economía inestable, con una guerra entre gobierno y empresarios y una actividad productiva en recesión. Nada de ello pudo ser superado durante su gobierno, que pareció de crisis permanente.

El sexenio de Carlos Salinas de Gortari comenzó en 1988, luego de que el país sufrió la peor inflación de su historia y obligó a un congelamiento de precios y salarios que se acordó desde 1987.

Sin embargo, muy rápidamente Salinas comenzó un programa de reformas que le dio la vuelta a los problemas económicos y renegoció la deuda externa.

Salinas conjuró la crisis y logró reactivar el crecimiento.

Sin embargo, como en otros casos, no logró un cierre afortunado y terminó con una crisis política que suscitó la desconfianza, propició la salida de capitales y creó condiciones para que ocurriera la crisis financiera en el arranque del sexenio de Ernesto Zedillo, en 1994.

Apenas a 22 días de haber comenzado, el nuevo gobierno enfrentó una fuerte devaluación del peso y una crisis de la deuda externa que tuvo repercusiones internacionales. Además, se gestó la quiebra de casi todo el sistema bancario.

El resultado fue una recesión profunda, la mayor que se hubiera registrado desde 1929.

Sin embargo, el gobierno de Zedillo logró darle la vuelta y reactivó el crecimiento a partir de 1996.

Las crisis asociadas a los cambios de administración terminaron, pues la llegada de Vicente Fox al gobierno en diciembre de 2000, tras el primer triunfo de la oposición en una elección presidencial, ocurrió sin una crisis financiera.

No pasó lo mismo con la actividad económica.

Desde el segundo trimestre de 2001 y por cuatro trimestres consecutivos el PIB tuvo variaciones negativas, de modo que el primer año de Fox fue el peor de toda su administración en materia económica.

Posteriormente, las cosas mejoraron a lo largo del sexenio, que terminó con crecimientos de más de 4 por ciento.

Quizás la transición más afortunada en lo económico correspondió al sexenio de Felipe Calderón, pese a la crisis política y de seguridad que enfrentó.

En el primer año de su mandato logró mantener tasas de crecimiento de más de 2 por ciento, aunque durante 2008 y 2009 vivió el trauma la crisis financiera mundial.

Los malos inicios de sexenio regresaron con Enrique Peña Nieto en 2013. El peor registro económico de toda su administración tuvo lugar en el segundo trimestre de su gobierno, periodo en el cual la economía mexicana creció apenas a una tasa de 1.1 por ciento.

En el caso del gobierno actual, los pronósticos para el desempeño económico del primer trimestre del año señalan que tendremos una tasa de crecimiento que podría estar por abajo del 1 por ciento, conjugando la desaceleración de EU, la incertidumbre asociada al arranque de la nueva administración y la usual reducción en el ejercicio del gasto público que se da al principio de las nuevas administraciones.

Con excepción del gobierno de Miguel de la Madrid, que nunca pudo recuperarse del mal comienzo de su gobierno, en casos como el de Zedillo, Fox e incluso Peña, un mal desempeño económico de los primeros meses del gobierno no significó un mal desempeño de todo su periodo sexenal.

El gobierno de López Obrador deberá presentar el Plan Nacional de Desarrollo a más tardar el 31 de mayo. Hasta ahora, se ha planteado la meta de alcanzar una tasa de crecimiento de 4 por ciento anual, lo que parece alcanzable si se logra reactivar la inversión pública y alinear a la inversión privada.

La hiperactividad del presidente López Obrador ha creado la imagen de que llevamos mucho más tiempo y no los pocos meses que realmente han transcurrido.

Es razonable esperar para poder trazar una visión más informada de qué podemos esperar en este sexenio, pues todavía quedan demasiadas preguntas que carecen de respuesta.

Por lo pronto, los críticos auguran un desastre próximo, mientras que los partidarios de AMLO, que forman una abrumadora mayoría, tienen el más elevado optimismo que se haya registrado respecto al futuro de la economía.



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