Migración

Los haitianos están desesperados ante la decisión de Estados Unidos de cerrarles las puertas

2016-10-04

La mayor parte del recorrido es por tierra; algunos encuentran un aliciente más para ir a la frontera debido a la elección estadounidense. El próximo presidente podría ser Donald Trump, dicen, y querían ingresar al país antes de que se construyera su muro

Kirk Semple, The New York Times

TIJUANA, México — Pasaron de largo ante los cuerpos de otros migrantes que habían tratado de cruzar el continente; fueron embaucados por coyotes y desplumados por bandidos armados y, durante un buen tramo, pasaron hambre.

Por fin, después de meses de atravesar nueve fronteras internacionales, los haitianos lograron llegar a Tijuana, donde a miles de compatriotas ya les habían dado acceso a Estados Unidos este año. Todo lo que debían hacer, pensaban, era esperar su cita con los funcionarios migratorios y de ese modo también se les daría acceso a suelo estadounidense.

Entonces, sin más ni más, se enteraron de que era muy probable que su viaje, y las esperanzas de miles de otros como ellos que se dirigen hacia la frontera estadounidense, hubieran llegado a un final abrupto y devastador.

El 22 de septiembre, el gobierno de Obama, en un esfuerzo por detener la extraordinaria ola de migrantes haitianos que se dirigen a Estados Unidos, anunció que endurecería la política migratoria relacionada con los haitianos. Aquellos que acudieran a la frontera estadounidense podían correr la suerte de ser enviados de regreso a Haití.

El cambio inesperado diseminó un profundo desencanto y confusión entre los cientos de haitianos en la frontera que pensaban que estaban a unos cuantos días de ingresar a Estados Unidos. Miles más están en camino, arriesgando sus vidas en un viaje peligroso, que probablemente sea en vano.

“Me siento mal, me siento mal”, dijo Renard Paul, un migrante haitiano, cuando se enteró del cambio en la política. Le costó trabajo digerir la noticia, tenía la esperanza de que fuera solo un rumor.

“Toda la miseria que hemos sufrido para llegar aquí”, dijo entre dientes.

Durante meses, los haitianos han estado viajando con dirección al norte desde Brasil, donde habían ido en busca de trabajo después de que Haití quedó devastado por un terremoto en 2010. En aquel entonces, Brasil, que necesitaba mano de obra barata, había recibido a muchos de ellos con visas humanitarias.

Sin embargo, Brasil ha caído en la desgracia económica y política, ocasionando que muchos haitianos se queden sin trabajo, se hundan aún más en la pobreza y fijen su mirada en Estados Unidos.

La mayor parte del recorrido es por tierra; algunos encuentran un aliciente más para ir a la frontera debido a la elección estadounidense. El próximo presidente podría ser Donald Trump, dicen, y querían ingresar al país antes de que se construyera su muro.

La vanguardia de la explosión migratoria llegó aquí en mayo. Desde entonces, a más de 5000 haitianos sin visas se les ha permitido el paso por los cruces fronterizos del sur de California.

Muchos otros, que según los funcionarios mexicanos llegan a los mil, todavía están en Tijuana, amontonándose en refugios para migrantes en la ciudad, hoteles baratos y cuartos en renta donde han pasado muchos días esperando sus citas con los funcionarios migratorios estadounidenses.

Y miles de haitianos más están en camino, quizá muchos de ellos ignoran que se han revocado los privilegios migratorios especiales para los haitianos.

Sarah Saldaña, directora del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, declaró ante el congreso esta semana que con base en los cálculos de algunos gobiernos centroamericanos, es probable que unos 40,000 más estén en camino, un sorprendente aumento en comparación con los cálculos iniciales que los defensores de los migrantes habían escuchado.

Los haitianos han estado ingresando a Estados Unidos debido a un cambio en la política de deportación después del terremoto del 2010. En reconocimiento de la situación especial en Haití derivada de problemas políticos y económicos, los funcionarios migratorios de Estados Unidos les permitían el acceso conforme a una disposición de permiso humanitario, que les permite quedarse en el país hasta por tres años.

No obstante, el 22 de septiembre, el gobierno de Obama anunció que reanudaría por completo las deportaciones de haitianos indocumentados, lo cual quiere decir que cualquiera que se presente en el puesto fronterizo sin visa sería sujeto a un proceso de deportación rápida que con frecuencia se usa para migrantes sin visa.

Las noticias tomaron por sorpresa a los defensores en ambos lados de la frontera, quienes batallaban para predecir qué ocurriría después.

¿Los migrantes haitianos ahora se quedarían en México o se dirigirían a algún otro lugar de América Latina? ¿Los que iban en camino a Tijuana tomarían en cuenta las sugerencias de los funcionarios estadounidenses de dar media vuelta y regresar a Brasil? ¿México y otros países de América Latina ayudarían a darles asilo? ¿Algunos se quedarían esperando en la frontera, después de llegar tan lejos, para intentar cruzar ilegalmente hacia Estados Unidos?

Paul, de 40 años, cuya esposa y cinco hijos viven en Haití, dijo que estaba muy seguro de una cosa: no iba a regresar a Brasil. Había pasado casi cuatro años ahí, trabajando como albañil.

“Ahí no hay nada”, dijo. “Estamos en busca de una mejor vida. Si no podemos trabajar, no podemos alimentar a la familia”.

Su viaje desde Brasil había tomado once semanas. Los bandidos en Nicaragua le quitaron todo, incluidos los zapatos. Ahora, dijo, estaba totalmente abatido: “Ya no me quedan fuerzas”.

El camino desde Brasil hasta Tijuana está lleno de peligros. Circulan historias de gente que es arrastrada por el fuerte caudal de los ríos. En entrevistas con más de 20 migrantes en esta ciudad, describieron cómo intercambian consejos a lo largo de toda la ruta, principalmente mediante aplicaciones de mensajes por teléfono celular: qué autobuses tomar, los nombres de los buenos coyotes, direcciones de refugios para migrantes, los peligros singulares de cada cruce fronterizo.

Los migrantes, hombres principalmente, han llegado a Tijuana con poco, por lo general no más de una mochila o una bolsa de plástico. Algunos también llevaban niños de brazos y bebés. Una mujer dio a luz en septiembre después de cruzar la frontera de Guatemala a México. Estaba en un autobús con su bebé al día siguiente para el viaje de tres días a Tijuana.

Por lo general, la ruta que siguen es del interior de Brasil a Perú, cruzando Ecuador y de ahí a Colombia. Posteriormente, muchos toman un barco antes de comenzar a caminar de nuevo, algunas veces durante días, por la Región del Darién en Panamá, siempre con un equipo de guías contratados que se van relevando, cada uno de los cuales les cobra entre 10 y 20 dólares por adelantado.

Costa Rica es un lugar clave para lo que muchos dicen es el tramo más difícil del viaje: cruzar Nicaragua. Se necesita a un traficante de personas para atravesar ese país. Las tarifas de los guías oscilan entre los cientos de dólares a 1500 por persona, y el recorrido toma varios días, parte del cual se realiza a pie.

Sin embargo, el pago no da ninguna garantía de transitar seguros. Los haitianos narran cómo sus traficantes los dejaron abandonados a medio camino, a merced de la delincuencia, o peor aún, de las fuerzas de seguridad nicaragüenses, quienes regresan a los migrantes a la frontera de Costa Rica. Algunos migrantes se quedaron varados por semanas o incluso meses en Costa Rica, a la espera de que familiares o amigos les enviaran dinero para completar el viaje.

En la frontera mexicana, la mayoría de los haitianos se hacen pasar por ciudadanos de la República Democrática del Congo. Hay una creencia popular de que las autoridades mexicanas tratan mejor a los africanos que a los haitianos, y hay una mayor posibilidad de que les otorguen permisos de tránsito de veinte días. A los verdaderos africanos esta farsa les parece risible.

“Ni siquiera saben que hay dos Congos”, se burló Evans Demorais, de 31 años, un migrante nigeriano. “Dicen: ‘Por favor, ¿eres de África? ¿Cuál es la capital del Congo? ¿Quién es el presidente?’”.

Para cuando los migrantes llegan a Tijuana, después de viajes que pueden llegar a durar seis meses, la mayoría ha gastado entre 3000 y 5000 dólares, y otros hasta 7000.

“Llegan aquí extenuados, en todos los sentidos de la palabra”, comentó Margarita Andonaegui, coordinadora del refugio Desayunador Salesiano Padre Chava de Tijuana.

Los haitianos no son los únicos que hacen la travesía. Han comenzado a llegar migrantes de todo el hemisferio americano, así como de África, Europa y Asia, en especial a principios del verano, una diversidad nunca antes vista por los administradores del refugio en los dormitorios.

“Afganistán, Burkina Faso, Nigeria, Sudán, Cuba, Pakistán, Camerún”, continuó Andonaegui, leyendo las nacionalidades de un libro de registro. “Bangladés, Rusia, la República Dominicana, Irak, Costa de Marfil”. Más de dos docenas de nacionalidades en total, aunque las distintas nacionalidades se han reducido en semanas recientes, con lo que el rastro migrante quedó reducido a haitianos y latinos principalmente.

El repentino aumento en las distintas nacionalidades en la ruta migratoria de Brasil a México sugiere la apertura de nuevos corredores de tráfico de personas, teniendo en cuenta que las fronteras europeas se han endurecido.

Los funcionarios de Seguridad Nacional de Estados Unidos mencionaron que la diáspora de haitianos en la frontera sur era un estímulo importante para el cambio en la política. También insistieron en que la situación económica y política de Haití, apenas a una semana de una elección presidencial muy reñida, había mejorado lo suficiente para permitir que los haitianos fueran deportados con seguridad.

No obstante, los defensores de los migrantes criticaron la decisión, esperando presionar al presidente Obama para que diera marcha atrás al cambio.

“Que nos digan los hechos y las cifras y que nos prueben que los haitianos no serán deportados a una situación de inseguridad”, declaró Benjamin Johnson, director ejecutivo de American Immigration Lawyers Association.

El reverendo Pat Murphy, director de Casa del Migrante, un refugio en Tijuana, manifestó que los migrantes en su refugio han narrado el dolor y los riesgos del viaje que acaban de soportar.

“Comenzaron hablando de la gente que se quedó en el camino, la gente que murió durante el recorrido”, explicó. “Como diciendo: ‘No puedo volver ahí. Estoy vivo’”.



JMRS