Reportajes

"Terreno desconocido": Estados Unidos en la era de Trump

2016-11-11

Las torturas a los sospechosos de terrorismo, un acto que el Presidente Obama prohibió...

David E. Sanger, The New York Times

WASHINGTON — La presidencia de Donald Trump sume a Estados Unidos en una era de incógnitas sin antecedentes en la historia del país.

Aunque Trump no ha sido claro acerca de su postura en muchos temas, ha sido explícito en cuanto a varios asuntos que cambiarían la dirección de Estados Unidos de manera fundamental.

Si sus promesas de campaña se hacen realidad —y no está claro cuántas emprenderá en realidad— la reforma sanitaria de Obama podría ser derogada con la ayuda de una Cámara y un Senado republicanos, cuyos líderes prácticamente habían renunciado a la esperanza de recapturar la Casa Blanca. Trump dijo que reemplazaría la ley con algo mejor, pero jamás ofreció un plan.

La Corte Suprema se inclinaría a la derecha… quizá terminaría inclinándose más a la derecha de donde estaba antes de que la muerte del juez Antonin Scalia creara una vacante que ahora llenará Trump, y también está el prospecto de varias vacantes más durante su mandato. El muro que prometió construir a lo largo de la frontera con México se erigiría y el prospecto de una reforma migratoria quedaría sepultado debajo de él.

Las torturas a los sospechosos de terrorismo, un acto que el Presidente Obama prohibió explícitamente, estarían de regreso… tácticas para interrogatorios a las que el director actual de la CIA dijo que sus oficiales jamás regresarían.

Aunque Trump no será capaz de sacar a Estados Unidos del acuerdo climático de París, legalmente puede ignorar sus disposiciones; el presidente electo ha cuestionado la existencia de un cambio climático provocado por el hombre. Podría continuar con su propuesta de prohibir que los musulmanes entren al país, misma que más tarde reformuló —después de que lo acusaron de racismo— como una prohibición a visitantes de una lista de países problemáticos, casi en su totalidad de mayoría musulmana.

Le diría a la OTAN que Estados Unidos cumpliría con sus compromisos de seguridad posteriores a la Segunda Guerra Mundial solo si otros países pagan primero su parte justa.

Como presidente electo, Trump pronto sería informado acerca de cómo utilizar los códigos nucleares del país. Durante del primer año de su presidencia, debería quedar claro si Trump hablaba en serio cuando dijo que se sentía cómodo con la idea de que Japón y Corea del Sur, ambos participantes del Tratado de No Proliferación Nuclear, pudieran abandonar su compromiso y desarrollar sus propias armas.

Si Estados Unidos “sigue este camino actual de debilidad, querrán hacerlo de cualquier manera, sin importar si lo tratan conmigo o no”, dijo Trump.

Quizá el asunto más impredecible es la manera en que Trump negociará con Rusia y su presidente, Vladimir V. Putin, a quien repetidamente ha alabado en términos que incluso alarmaron a su propio partido. ¿Eliminaría las sanciones impuestas a Rusia por anexar a Crimea —una medida que, según lo que sugirió Trump, parecía estar justificada— y por su acoso a Ucrania? ¿Se retractaría de la decisión que se tomó en la presidencia de Obama de impulsar la presencia militar al exterior de las fronteras de Rusia?

“Mi gobierno”, dijo hace poco, “trabajará conjuntamente con cualquier país que esté dispuesto a asociarse con nosotros para vencer al Estado Islámico y detener el terrorismo islámico radical, incluyendo a Rusia”. El miércoles, Putin dijo que ansiaba restaurar las relaciones “plenas” con Estados Unidos.

Trump ha sido constante en algunas áreas. Desde finales de los ochenta, ha alimentado una serie de preocupaciones, principalmente que los aliados de Estados Unidos —entre ellos Japón y Arabia Saudita— están estafando a Estados Unidos. Mantuvo su postura incluso cuando Japón desapareció del mapa como potencia mundial y Arabia Saudita se convirtió en uno de los aliados más críticos en una región del mundo donde Trump no ve motivos por los que Estados Unidos deba seguir interviniendo.

En una entrevista en marzo, no tuvo reparos para amenazar la capacidad de supervivencia del reino. “Si Arabia Saudita no tuviera la protección de Estados Unidos”, dijo Trump durante una conversación de 100 minutos, “no creo que siguiera existiendo”.

El misterio es en qué medida esas palabras surgen de sus creencias más arraigadas o qué tanto se trata de una oferta inicial por parte del autor de The Art of the Deal.

“Se considera a sí mismo un comerciante, un negociador que está consciente de que no llegarás a ningún lado a menos de que amenaces”, dijo Graham Allison, quien por mucho tiempo ha sido profesor de Harvard y ha comenzado un nuevo proyecto de “historia aplicada”, retomando lecciones del pasado para orientar las decisiones estratégicas actuales de Estados Unidos.

En efecto, el mundo está a punto de descubrir si las promesas más extravagantes de la campaña de Trump acerca de repensar el orden internacional —ideas que a menudo parecen, en el mejor de los casos, sacadas de la manga— están a punto de hacerse realidad.

La visión de Trump, de hecho, es un Estados Unidos libre de los acuerdos comerciales que se han establecido en medio siglo, libre de seguir un enfoque nacionalista con el cual se mida el éxito según el beneficio económico de sus transacciones y no la calidad de sus alianzas. “Ya no nos estafarán”, dijo en la entrevista que dio en marzo. “Seremos amigables con todos, pero nadie se aprovechará de nosotros”.

“No se trata de ser aislacionista, sino de que Estados Unidos sea la prioridad”, dijo cuando le preguntaron si sus propias políticas hacían eco del movimiento con el mismo nombre que Charles Lindbergh defendió en la década de los treinta.

“Me gusta la expresión”, dijo acerca de “Estados Unidos primero”. Desde entonces, comenzó a usarla en sus mítines, y se convirtió en el lema de calcomanías y consignas.

En Trump, el profesor Allison ve una revolución latente que recuerda a la elección en 1828 de Andrew Jackson, otro populista que llegó al poder rebelándose contra lo que equivalía a la primera élite estadounidense.

“Dios mío”, dijo el profesor Allison el martes por la noche, mientras los resultados de la elección se inclinaban a favor de Trump. “Estamos en terreno desconocido y extraño”.



JMRS