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Game of Thrones, episodio 3: Una cucharada de tu propio veneno

2017-07-31

Jaime es el mismo hombre, claro, que mató a un rey porque amenazaba con asesinar a todo su...

Marina Franco, The New York Times


Spoilers, procedan con precaución.

La venganza y la justicia han sido términos intercambiables en muchas ocasiones durante Game of Thrones, según el cristal con el que se mira. El tercer episodio de la séptima temporada no es la excepción.

Cersei Lannister logra vengar a su hija, Myrcella, con el beso de la muerte a Tyene mientras Ellaria Sand lo ve todo, indefensa; y a su hijo mayor, Joffrey. Habría preferido matar a Olenna Tyrell con una violencia similar a la enaltecida por el fallecido Ramsay Bolton –cuyo escudo de armas era un hombre despellejado–, pero Jaime Lannister no quiere llegar a tales extremos y prefiere una copa de vino envenenado.

Jaime es el mismo hombre, claro, que mató a un rey porque amenazaba con asesinar a todo su pueblo con fuego. Ahora sigue de mano derecha y amante de una reina a quien se le ha hecho fácil tomar acciones cada vez más extremas en nombre de su venganza. Sin mencionar que esta la excita, al nivel que le despreocupa que Jaime sea visto en su cama. Quizá por eso lo impactan tanto las últimas palabras de Olenna. Ella confirma que fue responsable de la muerte de Joffrey, antes atribuida a Tyrion, pero la matriarca no se despide sin también remarcar que de tal palo, tal astilla.

“Ella es un monstruo y lo sabes”, le advierte Olenna sobre Cersei. “Es una enfermedad y lamento mi papel en propagarla. Tú también lo harás”.

Además de las dudas que parece han sido plantadas en Jaime, y el asedio –cuyo éxito es, eso sí, algo nimio– de Roca Casterly, otro problema acecha a Cersei: el dinero. Los Lannister siempre pagan sus deudas, ¿o no? Tycho Nestoris, del Banco de Hierro de Braavos, amaga con empezar a financiar a Daenerys Targaryen de no ser así. Por suerte, por el momento, el dinero de Altojardín –los Tyrell son la segunda familia más adinerada después de los Lannister en Westeros– sería suficiente para que el apoyo financiero siga con el león rojo y dorado. “¿Acaso los exesclavos, dothrakis o dragones pagan sus deudas?”, recalca Cersei. Claro que el oro se derrite.

Y Daenerys, pese a los reveses en Dorne y en Altojardín, no está de brazos cruzados. Es otra reina impaciente por hacer justicia por su propia mano, con una palabra imbatible para muchos: “Dracarys”. Con parte de la flota perdida en Dorne y los Inmaculados atrapados en Roca Casterly, ¿cuánto tardará en hacerlo?

Pero, para empezar, hay una introducción muy esperada, acompañada con algo de humor: a la decena de títulos para Daenerys, la respuesta de Davos es solo: “Este es Jon Snow”. Agrega, casi como acotación, que también es el Rey en el Norte.

Hay mucha mala leche entre ambos por sus antecedentes familiares (claro que no saben que son tía y sobrino a estas alturas) y definitivamente muchas historias y logros que compartir y pavonear; ambos han revivido, de cierta manera. “Ha sido un largo camino, pero ambos seguimos aquí”, le menciona Tyrion a Jon durante su reencuentro.

Pero solo hay una cantidad finita de tiempo para enfrentar las amenazas que representan Cersei y los Caminantes Blancos, aunque hay claras diferencias sobre cuál de esas amenazas es más considerable. “No importará cuál esqueleto se siente en el Trono de Hierro”, remarca Davos, si no combaten al ejército de los muertos. Un ejército que quienes no están en el norte todavía dudan que exista; queda por ver qué hará Jon por convencerlos de que así es.

Mientras, en el Norte, Bran por fin está de regreso en Invernalia; donde de inmediato busca visitar el árbol Arciano. También cabe mencionar que una de las primeras cosas que decide hacer es revivir el trauma de la violación de su hermana a manos de Ramsay, para comprobarle a Sansa que, como el Cuervo de Tres Ojos, lo ve todo.

No es el reencuentro familiar más amoroso, aunque ahora que Arya también se dirige al Norte quizá haya una reunión familiar algo más amena para Sansa. Por el momento, ella sigue gobernando y Meñique le sigue susurrando al oído.

“Todos son tus enemigos, todos son tus amigos”, le dice. Sin duda hay algo de ironía ahí, pues ¿cuál de esos dos es el mismo Petyr Baelish? ¿Y por cuánto tiempo más lo será? (Alguna vez vio y reconoció a Arya cuando esta, disfrazada de niño en Harrenhall, le sirvió vino durante una visita con Tywin Lannister; y el rencor de la hija menor de Ned Stark hacia quienes ayudaron a sus enemigos no se disipa fácilmente).

Así que terminamos con Daenerys y Jon como aliados potenciales: una alianza forjada con obsidiana. Jon tiene, por ahora, su vidriagón; Dany, sus dragones y su fe. “No en ningún Dios ni en mitos o leyendas. En mí misma”, dice. Aunque su flota ha sido diezmada, todavía cuenta con las hordas de dothrakis y un buen número de los Inmaculados. Claro está, estos últimos solo servirán si logran salir de Roca Casterly.

La armada de Euron Greyjoy, de nuevo, se adelanta al ataque y quema los buques con los que podrían regresar a Rocadragón. El resto de la fuerza Lannister –con los lords que se les sumaron, como Randyll Tarly– se ha hecho con Altojardín.

Así que ¿no quedará otra opción más que desplegar a los dragones? ¿Cuál amenaza será considerada la más inmediata: Cersei o los Caminantes Blancos? A Jon probablemente no le queda mucho tiempo para minar el vidriagón y la paciencia de Daenerys es cada vez menor.



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