Detrás del Muro

La enajenación de los principios 

2018-02-02

De modo que hay trabajo para casi todos. La alarmante denuncia del jefe de la Casa Blanca debe...

Francisco Martín Moreno, El País

Trump dice estar en contra de los inmigrantes y, en particular, de los mexicanos, a quienes ha llamado “violadores, asesinos y ladrones” en repetidas ocasiones. No solo acusa a mis paisanos con semejantes cargos absolutamente ingrávidos, sino que todavía insiste en denunciar que llegaron clandestinamente para arrebatarle a los estadounidenses sus puestos de trabajo. Nada más falso. Basta con estudiar los números relativos a la robotización en Norteamérica para entender una parte del fenómeno de la supuesta pérdida de empleos en aquel país. Por si lo anterior no fuera suficiente, vale la pena repasar los datos de los indicadores de desempleo en Estados Unidos, que gracias al presidente Barack Obama se encuentran en una tasa de 4,1%, un porcentaje envidiable en el mundo entero. De modo que hay trabajo para casi todos. La alarmante denuncia del jefe de la Casa Blanca debe inscribirse como otra mentira presidencial más, de las que ya lleva registro puntual The New York Times (Trump’s Lies…).

Mis compatriotas se merecían una buena cantidad de monumentos en los campos yanquis

¿Por qué razón intitulo esta entrega como La enajenación de los principios? Porque si realmente los mexicanos que cruzaron la frontera en busca de mejores condiciones de vida —para nuestra vergüenza y oprobio— hubieran ido a Estados Unidos, en la proporción que se desee, a violar, a asesinar, a robar y a hacerse con puestos de trabajo en contra de los nacionales de aquel país, si esos cargos fueran ciertos, que no lo son, entonces Trump jamás se debería haber atrevido a proponer en el mensaje que rindió la semana en curso que legalizaría la estancia de casi dos millones de dreamers, hijos de los supuestos inmigrantes asesinos, a cambio de miles de millones de dólares para construir el muro de la vergüenza, una versión yanqui de Nikita Kruschev, el constructor del muro de Berlín en 1961.

Si los mexicanos fueran criminales como Trump lo sostiene, ni con toda la tesorería de la Reserva Federal de Estados Unidos podrían quedarse en aquel país y, sin embargo, a cambio de unos dólares, muchos o pocos destinados a un fin deleznable, se les permitiría continuar su estancia, que se legalizaría en 12 años. Otra barbaridad. En el fondo se trata de un mero intercambio de dinero, una penosa propuesta comercial semejante a la compraventa de esclavos antes de la Guerra de Secesión. Algo así como “estoy de acuerdo con que permanezcan en territorio nacional siempre y cuando me den dinero y, en ese caso, me olvidaré de los “delincuentes, de los asesinos y de los rateros…”. ¿En qué quedamos? ¿Dejan de ser criminales si el Congreso le da recursos para el muro? Lo anterior sin olvidar que en los últimos años el flujo de mexicanos, mojados o braceros, hacia Estados Unidos se desplomó hasta el extremo de volverse negativo el índice, ya que son más los que quieren volver a México que quienes desean permanecer del otro lado de la frontera con sueldos muy inferiores a los que marca la ley, en uso y abuso de su condición de ilegales.

Desde la brutal Operación Espalda Mojada de 1954, instrumentada por Dwight Eisenhower para deportar a al menos un millón de mexicanos, no se habían visto semejantes ataques en contra de los inmigrantes. A Eisenhower, otro presidente republicano, se le olvidó que en plena Segunda Guerra Mundial se instrumentó el famoso Programa Bracero, diseñado para permitir el paso de mexicanos a los campos de Estados Unidos para sembrar y cosechar hortalizas, alimentos indispensables para abastecer con víveres el frente europeo y el del Pacífico. Fue una ayuda invaluable que la Casa Blanca pagó deportando a una parte de los agricultores mexicanos que colaboraron con su trabajo para derrotar a las fuerzas fascistas que amenazaban al mundo entero.

Creo que mis compatriotas se merecían una buena cantidad de monumentos en los campos yanquis, en lugar de haberlos deportado con lujo de violencia en camiones de ganado. Obama deportó a casi tres millones de personas… ¿Un delirio patriótico? ¿Qué harían en EE UU si los mexicanos no asistieran a trabajar en la industria de la construcción, en sus campos, en sus hoteles ni en sus restaurantes y se declararan en huelga de brazos caídos?
 



yoselin