Reportajes

La guerra en Siria empeora con nuevos frentes 

2018-02-12

Esa fue solo una fracción de la violencia de la primera semana de febrero en el norte de...

Anne Barnard y Hwaida Saad, The New York Times

BEIRUT, Líbano — Media decena de recién nacidos, que parpadeaban y arqueaban la espalda, fueron trasladados de un hospital en llamas que resultó afectado por ataques aéreos. Un edificio de apartamentos colapsó después de ser bombardeado; lo que dejó sepultadas a varias familias. Los médicos derramaron agua sobre los pacientes después de un presunto ataque con cloro, uno de cinco en Siria desde el inicio de este año.

Esa fue solo una fracción de la violencia de la primera semana de febrero en el norte de Siria, de acuerdo con residentes y fuerzas de rescate, mientras el gobierno sirio y sus aliados rusos aumentaron sus ataques aéreos en dos de las últimas grandes zonas del país en poder de los rebeldes.

“Nos han atacado con todo tipo de armas durante siete años y el mundo entero es testigo”, dijo Moaz al Shami, un activista antigobierno en el pueblo norteño de Saraqueb, donde una clínica de salud fue atacada mientras el equipo médico trataba a gente herida durante el bombardeo de un mercado mientras compraban papas. “En Saraqueb, morimos dos veces”.

Desde la huida del Estado Islámico el año pasado y debido a los avances constantes del gobierno en contra de otros grupos insurgentes, una percepción errónea se ha generado en el extranjero acerca de que la guerra siria está acabando. En vez de eso, la masacre está llegando a un nuevo punto crítico.

Desde diciembre, 300,000 personas han escapado de nuevos enfrentamientos. En un periodo de 48 horas esta semana, los ataques del gobierno asesinaron a más de cien personas, la mayoría civiles, de acuerdo con los trabajadores médicos y de rescate, en los suburbios asediados en poder de los rebeldes al este de la capital, Damasco. Las explosiones podían escucharse y se veía el humo desde los edificios de gobierno a tan solo unos kilómetros.

El martes, los funcionarios de la ONU declararon que la situación era “extrema” e hicieron un llamado a favor del alto inmediato al fuego en todo el país. El Comité Internacional de la Cruz Roja denunció el bombardeo reportado de instalaciones médicas en las provincias de Hama e Idlib, donde la mayoría de los hospitales ya estaban fuera de servicio.

Justo cuando se intensificaban dos grandes ataques del gobierno contra posiciones rebeldes, Turquía lanzó una invasión sorpresa en la zona kurda fronteriza y de pronto había tres regiones bajo fuego; cada una generó una nueva emergencia para los civiles.

“Hay muchos frentes donde la gente está bajo peligro extremo sin una solución a la vista”, dijo el martes el secretario general adjunto Panos Moumtzis, coordinador regional de la ayuda internacional para la crisis siria. “No habíamos sido testigos de algo igual”.

El hecho es que, durante años, la guerra siria no solo ha sido un conflicto, sino una maraña de enfrentamientos entrelazados con un elenco alternante de combatientes. Gran parte del mundo aclamó el colapso del califato, inspirado en la Edad Media, del Estado Islámico el año pasado. Sin embargo, esa victoria despejó el camino para que con mucha determinación resurgieran los conflictos subyacentes de la guerra.

En Siria occidental, las fuerzas del gobierno giraron su atención a una batalla que existió antes del ascenso del Estado Islámico: la lucha contra una serie de grupos rebeldes que tienen como propósito derrocar al presidente Bashar al Asad. Respaldado por Rusia e Irán, el Ejército sirio está aumentando sus esfuerzos para acabar con las áreas más grandes que aún están en poder de los rebeldes, zonas que fueron invadidas hace años por facciones que van desde los desertores nacionalistas del Ejército hasta los grupos islámicos que ahora los dominan.

Además, las celebraciones por la derrota del Estado Islámico pudieron haber sido prematuras. Muchos de sus combatientes simplemente trabajan en la clandestinidad; se han unido a células terroristas inactivas y han vuelto a utilizar tácticas relámpago de guerrilla en zonas en poder del gobierno.

Occidente en gran medida ha dado un paso atrás en la batalla contra Asad, aceptando tácitamente su gobierno extendido y permitiendo que Rusia, Irán y Turquía sean las potencias extranjeras más activas en la guerra. No obstante, Estados Unidos sigue estando atrincherado en una gran parte de la zona noroeste de Siria que las milicias estadounidenses y kurdas le quitaron al Estado Islámico.

Por ahora, dos zonas muy distintas en poder de los rebeldes están cargando con el peso de los ataques por parte de las fuerzas gubernamentales, apoyadas por el poder aéreo ruso y las milicias respaldadas por Irán, incluyendo al grupo libanés Hezbolá.

Una de ellas es la provincia mayoritariamente rural de Idlib, en la frontera noroeste de Siria, donde los recién nacidos fueron evacuados de un hospital en llamas la semana pasada.

Los residentes están cavando trincheras y considerando escapar.

La provincia fue uno de los primeros centros de protesta contra décadas de gobierno de la familia Asad y uno de los primeros lugares donde, después de que el gobierno acabó con las protestas, la gente comenzó a levantarse en armas.

El otro baluarte rebelde bajo ataque es el área de suburbios de la clase trabajadora en Damasco conocida como el este de Guta, una maraña de edificios de apartamentos de concreto sin planificación y granjas que ha estado desconectada durante años debido a un bloqueo por parte del gobierno.

La batalla en ese lugar tiene una dinámica distinta, una guerra de desgaste con líneas de combate estáticas. El gobierno ha bloqueado el acceso a alimentos y medicina para una población que, según cálculos de las Naciones Unidas, es de 400,000 habitantes; la mitad de ellos son niños. Yassin al Haj Saleh, el disidente sirio de izquierda, lo llamó “un campo de concentración”.

Sin embargo, las fuerzas gubernamentales últimamente no han podido avanzar en el lugar, así que están intensificando el asedio y el bombardeo.

Los rebeldes en el este de Guta también han asesinado, en una menor escala. Han bombardeado la ciudad vieja de Damasco por lo menos tres veces este año y han asesinado a trece personas, incluyendo a varios niños, de acuerdo con los medios del Estado sirio.

Aunque el gobierno retome Idlib y el este de Guta, la guerra no terminará.



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