Tras Bambalinas

El personal de la Casa Blanca, entre la confusión y la rotación permanente 

2018-02-15

Quien visita el edificio ejecutivo Eisenhower, una estructura de granito y hierro fundido ubicada...

 

Peter Baker, The New York Times

WASHINGTON — Últimamente ha habido muchos cambios en la Casa Blanca. Un jefe adjunto de personal dejó su puesto. Uno de los escritores de discursos renunció. La vicefiscala asociada decidió dejar el cargo. El jefe de personal dijo que estaba dispuesto a presentar su renuncia. Todo esto ocurrió tan solo el viernes 9 de febrero.

Los movimientos ocurrieron tras la salida de Rob Porter, el secretario de personal de la Casa Blanca, quien desocupó su oficina el miércoles 7 de febrero en medio acusaciones de maltrato conyugal y abuso doméstico. Según algunos funcionarios, la Casa Blanca ignoró los problemas detectados durante su proceso de acreditación de seguridad el año pasado porque no quería perder a otro asesor sénior, en particular a uno considerado profesional y confiable.

A más de un año de estar en el cargo, Donald Trump encabeza a un equipo sumido en la confusión, cuyo porcentaje de rotación de personal es del 34 por ciento, el más alto registrado en la Casa Blanca en décadas. Trump ha tenido problemas para cubrir las vacantes; en parte, por no estar dispuesto a contratar a republicanos que considera desleales y también porque no logra atraer a los republicanos que lo consideran inestable. Quienes aceptan sus nombramientos por lo regular no permanecen mucho tiempo en su cargo, pues terminan desgastados por la atmósfera volátil e incluso a veces despiadada, exacerbada por tuits y citaciones judiciales.

Quien visita el edificio ejecutivo Eisenhower, una estructura de granito y hierro fundido ubicada en West Executive Avenue, frente a la Casa Blanca, donde trabaja la mayoría del personal del presidente, podría quedarse con la impresión de que recorre un pueblo fantasma. Por los pasillos circula menos gente que durante otros gobiernos. El director de presupuesto funge también como jefe interino de la agencia de protección al consumidor. El director de personal cubre otras dos funciones: también está a cargo de las oficinas de asuntos políticos y de relaciones públicas.

“Hay vacantes de vacantes”, dijo Kathryn Dunn Tenpas, una investigadora del Instituto Brookings que ha estudiado los cambios de personal en la Casa Blanca durante los últimos seis gobiernos. “Por un lado están las vacantes de inicio, después están las que quedaron durante el primer año cuando se fueron esos empleados y ahora tenemos las de aquellos que han decidido irse en el segundo año”.

Según un informe elaborado por Dunn Tenpas, la tasa de rotación de personal de Trump durante su primer año fue del 34 por ciento. Eso es más del triple de la que registró el presidente Barack Obama durante el mismo periodo y el doble de la del presidente Ronald Reagan, quien hasta ahora tenía el récord de la época moderna. De las doce posiciones consideradas de mayor importancia para el presidente, solo en cinco de ellas siguen las mismas personas que cuando Trump asumió el cargo.

El presidente estadounidense ha tenido dos secretarios de prensa, dos asesores de seguridad nacional y tres asesores adjuntos de seguridad nacional. Cinco personas distintas han cumplido las funciones de director de comunicaciones, ya sea en carácter de titular o interino. Trump les ha dado las gracias a su director de estrategia, al secretario de Salud, a varios jefes adjuntos de personal y a su equipo jurídico privado original. Ha tenido dos jefes de personal y corren rumores de que quizá pronto haya cambios y entre un tercero.

Un trabajo en el gobierno —que es agotador incluso en buenos momentos— ahora parece mucho menos atractivo para posibles candidatos. Algunos republicanos comentaron que no solo les preocupa la atmósfera dramática y de alta presión —combinada con el peligro de terminar arrastrados en la investigación especial sobre la interferencia de Rusia en las elecciones—, sino el daño que podrían sufrir sus carreras después de pasar por la Casa Blanca de Donald Trump.

“No hay muchos republicanos que tengan gran interés en explorar oportunidades de empleo en este gobierno”, señaló Ryan Williams, antiguo vocero de Mitt Romney, el candidato presidencial del partido para 2012. “Por lo regular, un puesto en la Casa Blanca es uno de los empleos de mayor prestigio en Washington, pero no se percibe así en este momento, puesto que la confusión y el caos imperan en este gobierno”.

A John Kelly se le encomendó la tarea de acabar con la confusión y el caos cuando asumió la posición de jefe de gabinete el verano pasado, y muchos consideran que logró imponer más orden en el edificio y controlar a algunas de las personalidades más conflictivas. No obstante, muchos funcionarios de la Casa Blanca ya cuestionaban el papel de Kelly antes de que las acusaciones de abuso en contra de Porter les dieran a sus críticos internos nuevas municiones en su contra.

Además de quienes han dejado sus puestos, a casi catorce meses de la toma de posesión no se han cubierto muchas posiciones. Algunas de esas vacantes se deben al ritmo tan lento de las investigaciones de antecedentes y el proceso de confirmación por parte del senado, que se ha vuelto cada vez más difícil con cada presidente. En muchos otros casos, sin embargo, el gobierno de Trump ni siquiera ha propuesto candidatos.

De las doce posiciones consideradas de mayor importancia para el presidente, solo en cinco de ellas siguen las mismas personas que cuando Trump asumió el cargo.

Según la organización sin fines de lucro Partnership for Public Service, que trabaja junto con The Washington Post para darle seguimiento a los nombramientos y designaciones, el gobierno de Trump ha hecho el menor número de nominaciones, sin contar las que no han sido confirmadas, y también ha registrado el menor número de confirmaciones hasta este momento en los últimos cinco gobiernos. En el Departamento de Estado faltan nominaciones para tres puestos de subsecretario y diez de secretario adjunto, empleos de alto nivel que por lo regular son vitales para el manejo de la política exterior.

Ya en su segundo año, el equipo del presidente está intentando remediar esta situación. El mismo viernes 9 de febrero, por ejemplo, la Casa Blanca anunció una serie de designaciones. No obstante, de las 32 anunciadas la gran mayoría en realidad eran ascensos internos o cargos adicionales para miembros actuales del personal.

Los cambios constantes crean dificultades. “Cualquier grupo necesita tiempo para compenetrarse y familiarizarse con las operaciones de gobierno, así que definitivamente el trabajo se complica cuando hay una gran rotación de personal”, explicó Lisa Brown, una funcionaria de alto nivel en la Casa Blanca durante el gobierno de los presidentes Barack Obama y Bill Clinton.



yoselin