Del Dicho al Hecho

Trump demuestra que ni siquiera su base puede confiar en él ahora

2022-11-17

El “trumpismo” sobrevivirá a su creador. “Nunca ha habido algo así,...

Gary Abernathy, The Washington Post

“El regreso de Estados Unidos comienza en este instante”, afirmó el expresidente estadounidense Donald Trump el martes por la noche mientras anunciaba una nueva candidatura a la Casa Blanca. Trump enumeró una lista de logros reales, le lanzó varios golpes bajos al presidente Joe Biden, fustigó al status quo y, en un momento involuntariamente cómico, prometió “unificar al pueblo”.

La mayoría de los candidatos con el bagaje de Trump no tendría ninguna esperanza de retomar la Casa Blanca. Pero la base devota del expresidente lo convierte en un contendiente legítimo y, muy posiblemente, en el favorito para la candidatura del Partido Republicano. Incluso después de negarse a aceptar la derrota en las elecciones presidenciales de 2020 y provocar un motín en el Capitolio de Estados Unidos, su base, en gran medida, se ha mantenido leal a él. ¿Por qué es tan difícil dejar ir a Trump?

El comediante Dave Chappelle ofreció una posible respuesta a esta pregunta cuando fue el presentador en Saturday Night Live durante el fin de semana. Chappelle, quien vive en Ohio, afirmó que Trump es “muy querido” porque es “un mentiroso honesto”.

A esto se refiere Chapelle con ese oxímoron: el atractivo de Trump fue admitirle a los “plebeyos” que sus sospechas sobre cómo los ricos manipulan el sistema eran ciertas.

“Estamos haciendo todo lo que creen que estamos haciendo”, afirmó Chapelle parafraseando a Trump como quien reconoce la verdad, como un informante que comparte secretos comerciales con las masas.

La actitud descarada de Trump en medio de un mar de farsantes se ha traducido en que ni los comentarios inapropiados, ni los sucesos del 6 de enero de 2021 en el Capitolio, ni los malos resultados de las elecciones de medio mandato hayan logrado romper jamás su vínculo con sus votantes. Sin embargo, otra cosa podría lograrlo. En un caso sorpresivo en el que sus instintos le fallaron, Trump pareciera estar usando sus dones para manipular el sistema en contra de sus aliados, algo que sus votantes están comenzando a descubrir.

El primer error de Trump se produjo en un mitin en Florida el sábado anterior a las elecciones. Se refirió a Ron DeSantis, el popular gobernador republicano de Florida, como “Ron De-Sanctimonious" (“Ron DeSanturrón”). El apodo no fue gracioso ni inteligente, solo torpe. Al menos “Lyin’ Ted” (“Mentiroso Ted”) y “Crooked Hillary” (“Corrupta Hillary”) tuvieron cierta cualidad meliflua.

Luego, dos días después de las elecciones —y de la contundente reelección de DeSantis— Trump emitió una declaración abrasadora en la que se atribuyó el éxito de DeSantis.

Trump volvió a tambalear justo al día siguiente, cuando recurrió a su red social Truth Social para opinar sobre el gobernador de Virginia, Glenn Youngkin: “En Virginia, Young Kin (esa sí que es una perspectiva interesante. Suena a un nombre chino, ¿no?) no habría podido ganar sin mí”. Trump no solo estaba siendo predeciblemente inmaduro, sino también intencionalmente racista contra un miembro del Equipo Trump.

Los votantes de Trump están comprensiblemente confundidos. Trump no se equivoca cuando se jacta de haber ayudado a crear a DeSantis y a Youngkin. Ambos están moldeados en gran parte a su imagen. Trump debería estar orgulloso de ellos, no menospreciarlos. Son sus progenies, los herederos naturales del movimiento que inició. Su base los ama, los considera suyos y cree que Trump debería quererlos también. Después de todo, es el padre político de ambos.

Trump nunca ha sido reacio a criticar a sus compañeros republicanos. En 2015 y 2016 desplegó una inolvidable mezcla de humor insultante y comedia de shock —así como un sentido infalible de saber lo que los republicanos querían escuchar de sus líderes pero no obtenían— para demoler a una serie de gobernadores y senadores republicanos.

Pero atacar a DeSantis y a Youngkin no es lo mismo que atacar a Jeb Bush. Es como si Trump de repente comenzara a burlarse de Donald Trump Jr. o de su esposa Ivanka. Sus seguidores se están dando cuenta de que si Trump es capaz de volverse en contra de sus protegidos, puede volverse en contra de cualquiera de sus simpatizantes. Ni siquiera su base puede confiar en él ahora.

La separación está ocurriendo rápidamente. Le seguirá el divorcio. Una encuesta de YouGov, realizada después de que Trump espetara por primera vez el apodo de “Ron DeSanturrón”, reveló que Trump ya había sido eclipsado por el gobernador de Florida.

Cuando el partido abandone a Trump, ¿hacia dónde se dirigirá? Los republicanos del movimiento Alto a Trump se han aferrado a la esperanza de que su partido pródigo regrese a ellos. Todavía no aceptan que el partido que amaban no simplemente se ha alejado, sino que ha muerto. Estos republicanos, casados con un conservadurismo incruento de country club, difícilmente reconocerían a la mayoría de los miembros de base del Partido Republicano populista de la actualidad, y mucho menos almorzarían con ellos.

El “trumpismo” sobrevivirá a su creador. “Nunca ha habido algo así, como este gran movimiento nuestro, y quizás nunca vuelva a haber algo así”, afirmó Trump el martes. Podría tener razón. Pero ya no puede ganar unas elecciones presidenciales, lo que significa que su movimiento solo prosperará si otra persona distinta a Trump lo lidera.

Trump no se irá en silencio. Ya está claro para todos que Trump no puede hacer nada con dignidad. Siendo ese el caso, lo veremos salir pataleando y gritando. Será satisfactorio para sus adversarios y desagradable para todos los demás. Pero así suelen ser las rupturas, complicadas, especialmente al final.



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