Nacional - Seguridad y Justicia

Una abdominoplastia fallida en México derivó en un secuestro mortal

2023-04-19

El encuentro mortal atrajo la atención internacional y puso de manifiesto la implacable...

Por Jacey Fortin |  The New York Times

El mes pasado, a los pocos minutos de llegar a México en una miniván blanca alquilada, Latavia McGee se dio cuenta de que se había perdido.

Ella y tres de sus mejores amigos —tan cercanos que los llamaba hermanos— habían conducido desde Carolina del Sur hasta Matamoros, en el estado de Tamaulipas, para que ella se sometiera a una cirugía estética de abdomen. Era un viaje que ya había hecho una vez, como parte de una oleada de mujeres estadounidenses que buscaban cirugía estética al otro lado de la frontera.

Pero esta vez se le hacía tarde, no tenía cobertura en su teléfono celular y se había desviado del camino, recordó McGee en una entrevista reciente. Le costaba recordar dónde estaba la clínica.

En la camioneta también viajaban Zindell Brown, Shaeed Woodard y Eric Williams, viejos compañeros con los que había crecido en Carolina del Sur. Aquella mañana en México se le habían estado pasando bien, dijo McGee, mientras Brown, que era el que mejor hablaba español de los cuatro, les pedía indicaciones a personas desconocidas.

Entonces sonaron disparos y los amigos se vieron atrapados en el fuego cruzado de un cártel mexicano. Brown, de 28 años, y Woodard, de 33, morirían, mientras que McGee, de 34, y Williams, de 38, pasarían cuatro días secuestrados, con los cadáveres de sus amigos a su lado.

El encuentro mortal atrajo la atención internacional y puso de manifiesto la implacable violencia que el gobierno mexicano no ha logrado contener, además de suscitar las críticas de los republicanos al gobierno de Joe Biden por no hacer lo suficiente para enfrentarse a los cárteles al otro lado de la frontera. Aunque el episodio aún se está investigando, las autoridades han declarado que creen que los amigos fueron secuestrados por error: los delincuentes de México no suelen tener como objetivo a personas estadounidenses. Dos días después de que liberaron a McGee y Williams, las autoridades mexicanas encontraron a cinco hombres maniatados con una carta, supuestamente de un poderoso cártel, en la que los culpaban del ataque a los estadounidenses.

Los dos sobrevivientes empiezan ahora a hablar en público de su terrible experiencia, mientras siguen haciendo frente a las secuelas físicas y emocionales que dejaron a Williams en silla de ruedas. En una entrevista con The New York Times, describieron la confusión de sus captores y sus valientes intentos de fuga antes de que los liberaran, además de dar más detalles sobre el motivo de su viaje a México.

McGee, quien vive en Myrtle Beach, Carolina del Sur, se sometió por primera vez a una cirugía estética en Matamoros hace unos dos años, comentó, y regresó para someterse a otra intervención. Ella lo vio como una forma de autocuidado después de tener seis hijos. “No es que estuviera acomplejada, porque siempre me consideré hermosa”, dijo. “Quería hacerlo, así que ahorré mi dinero y fui”.

Aunque su trayecto por la frontera era riesgoso, también era utilizado con frecuencia. Los expertos que rastrean la práctica conocida como turismo médico afirman que decenas de miles de residentes estadounidenses, la mayoría mujeres, viajan cada año en busca de operaciones más baratas para esculpir su cuerpo que las que encontrarían en su país. A pesar de lo ocurrido con McGee y sus acompañantes, la tendencia no muestra signos de desaceleración.

Medicina transfronteriza

La violencia de los cárteles es angustiosamente común en Tamaulipas, uno de los seis estados mexicanos que el Departamento de Estado les advierte a los estadounidenses que eviten debido a la delincuencia. Aun así, todos los días las mujeres cruzan la frontera desde Brownsville, Texas, para visitar clínicas en Matamoros que ofrecen liposucción y procedimientos cosméticos conocidos como abdominoplastias y levantamiento brasileño de glúteos.

Alrededor de 1,2 millones de estadounidenses viajaron a México en 2019 para ahorrar dinero en procedimientos médicos, según Patients Beyond Borders, un grupo que ofrece orientación sobre opciones de atención médica en el extranjero. La organización calcula que los procedimientos cosméticos representan alrededor del 15 por ciento de todos los viajes médicos desde Estados Unidos.

Jasmine Wilson, quien tiene 28 años y vive en Washington D. C., viajó a México el pasado mes de octubre para someterse a una operación de remodelación corporal que le habría costado 20,000 dólares en su país. En México, los procedimientos cuestan solo una cuarta parte de esa cifra. Desde entonces, ha utilizado TikTok para promocionar el trabajo de su cirujano, al que conoció a través de un grupo de Facebook.

Wilson dijo que las mujeres de talla grande suelen tener dificultades para someterse a procedimientos estéticos en Estados Unidos. “Muchas mujeres de talla grande ni siquiera saben que pueden someterse a cirugía plástica”, dijo, “porque las rechazan”.

Algunos cirujanos estéticos consideran demasiado arriesgado operar a pacientes con índices de masa corporal elevados. Pero en comparación con sus homólogos estadounidenses, los cirujanos de México parecen más propensos a aceptar a esos pacientes, afirma David Vequist IV, fundador del Centro de Investigación sobre Turismo Médico de la Universidad del Verbo Encarnado en San Antonio. Los estadounidenses con acceso limitado a la atención médica, una categoría en la que las personas de color están sobrerrepresentadas, también son más propensos a viajar para procedimientos en el extranjero, dijo, señalando una encuesta de 2016 realizada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.

Para muchos pacientes que se someten a levantamientos de glúteos y procedimientos relacionados, complicaciones como coágulos de sangre o embolias, que pueden ser fatales, son una preocupación mayor que los grupos criminales. Incluso una recuperación normal conlleva hematomas, hemorragias y una hinchazón dolorosa, lo que ha dado lugar a un sistema autóctono de casas de recuperación postoperatoria surgido a lo largo de la frontera.

Roxanne Flores ha cruzado Matamoros cientos de veces. Se sometió a cirugía estética en México hace años, y ahora alquila una casa en Brownsville donde las mujeres pueden pagar para quedarse antes y después de sus operaciones.

“Nunca, nunca me he visto envuelta en algo” mientras llevaba y traía mujeres a Tamaulipas, dijo, añadiendo que McGee podría haber parecido fuera de lugar en Matamoros porque iba en un automóvil con tres hombres.

Como muchas otras asiduas del turismo médico, McGee se preparó para su primer viaje quirúrgico buscando en plataformas de redes sociales en las que mujeres habían recomendado médicos y compartido fotos de sus cuerpos antes y después de las intervenciones.

Una amiga me recomendó al mismo médico que había visitado Wilson. “Estaba un poco asustada”, dijo McGee esta semana sobre su primera intervención en México hace dos años, porque sabía que podían surgir complicaciones, pero estaba contenta con los resultados y decidió regresar para una abdominoplastia.

‘Solo podía llorar’

Después de pasear por Matamoros con sus amigos el día de su cita el mes pasado, McGee estaba lista para regresar a Brownsville cuando un vehículo les cerró el paso.

Desde el asiento trasero de la miniván, Brown insistió en que había visto un arma, e instó a sus amigos a huir, recordó McGee. Williams, quien conducía, señaló que hizo todo lo posible para escapar mientras sonaban los disparos, y puso su brazo sobre McGee en el asiento del copiloto para tratar de protegerla.

Una persona que se encontraba en la calle murió en el tiroteo; los medios de comunicación la identificaron como Areli Pablo Servando, una mexicana de 33 años.

En la violenta y ruidosa confusión, cada uno de los cuatro amigos intentó huir de la miniván o los bajaron de esta, recordaron Williams y McGee. Entonces, en un momento que fue grabado en video por un transeúnte y muy compartido en las redes sociales, se observa cómo los suben a los cuatro a la caja de una camioneta blanca.

Cuando la camioneta empezó a alejarse del lugar del tiroteo, McGee era la única de los cuatro que no había sufrido heridas graves. Ella y Williams, quien había recibido un disparo en las piernas pero seguía consciente, decidieron que debía intentar escapar y buscar ayuda. Así que saltó, dijo, y corrió hacia una cerca con una puerta, pero la puerta estaba cerrada y la cerca era demasiado alta para saltarla.

Los agresores la obligaron a volver a la camioneta y la golpearon, dijo McGee. Los cuatro estadounidenses fueron llevados a algún lugar y abordados por más hombres armados, que los amenazaron y les preguntaron si se dedicaban al tráfico de drogas.

“No”, recordó responder McGee. “Vinimos por una cirugía”.

La confusión parecía apoderarse de todo mientras sus captores se consultaban entre sí. Algunos de los asaltantes le dijeron a McGee que la liberarían. Aun así, las amenazas y las palizas continuaron.

Los llevaron a los cuatro a una especie de clínica, donde McGee dijo que vio que tanto Brown como Woodard parecían estar sin vida. “Lo único que veía eran sus cabezas y las rastas que colgaban de la cama”, narró. “Y lo único que pude hacer fue llorar”.

Williams —a quien para entonces le habían sacado la ropa— dijo que le habían cosido apresuradamente las piernas heridas. Los dos sobrevivientes y los cadáveres de sus amigos fueron trasladados de nuevo a un lugar en el que estaban rodeados por una decena de personas secuestradas que parecían haber recibido una golpiza.

Los amigos sobrevivientes permanecieron ahí unos dos días, según McGee. Rezaron juntos y se turnaron para sentirse desesperados, cada uno le pedía al otro que les diera mensajes de amor a sus cónyuges e hijos.

‘Nunca estaré bien’

Al paso del tiempo, los trasladaron a otro lugar, donde McGee volvió a tratar de escapar, explicaron. McGee logró tomar el teléfono de un guardia que parecía incapacitado y marcó varias veces al 911. En cada una de las llamadas, no le decía nada a la operadora por miedo a que el cártel estuviera escuchando, pero esperaba que la policía acudiera si seguía marcando.

Hizo su último intento de escapar cuando vio un vehículo vacío afuera del lugar donde estaban retenidos. Encontró las llaves adentro, metió a Williams en el vehículo y pisó el acelerador. El terreno accidentado la frenó, dijo, y entonces la vieron; las balas volaron de nuevo y la llevaron de vuelta a la habitación con los cadáveres.

Poco después llegó la policía. Según las autoridades mexicanas, McGee, Williams y sus amigos asesinados fueron encontrados la mañana del 7 de marzo en un cobertizo de madera rodeado de tierras de cultivo a las afueras de Matamoros. Un par de horas más tarde, los dos sobrevivientes estaban bajo custodia de las autoridades estadounidenses.

La historia completa de lo que les ocurrió en México sigue sin estar clara, y muchos detalles de su relato no han podido ser verificados.

Desde el secuestro, han operado a Williams de las piernas y no sabe cuándo podrá volver a caminar. McGee y él lloran la pérdida de sus amigos, a quienes describen como comprensivos y cariñosos.

“Nunca volveré a ser la misma”, dijo McGee. “Nunca estaré bien”.

En ocasiones, el teléfono de McGee le sigue enviando notificaciones de los grupos de cirugía estética a los que se unió hace años en las redes sociales, donde las mujeres continúan haciendo publicaciones sobre sus planes de cirugía en México.



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