Internacional - Política

Pocos republicanos confían en las elecciones. Es un largo camino para grupo que intenta cambiar eso

2023-10-16

“Era un fraude”, afirma. “Todo el mundo era muy amable, pero la gente se...

 

SUAMICO, Wisconsin, EU (AP) — Kim Pytleski apenas pudo dormir la noche anterior. Repasó la presentación de PowerPoint, preparó su cuaderno y respiró hondo.

La funcionaria de un condado rural de Wisconsin, al norte de Green Bay, se preparaba para una reunión pública en la que explicaría a los residentes el proceso electoral. No sabía con quién se encontraría. ¿Algunos negarían los resultados de las últimas elecciones presidenciales? ¿La conversación se volvería conflictiva? Y lo que es más importante, ¿conseguiría darse a entender?

Eran preguntas que Pytleski nunca esperó hacerse cuando se inició en ese trabajo en el condado Oconto hace más de 14 años. Pero desde entonces, las teorías de conspiraciones electorales han arraigado en este condado rural y fuertemente republicano del noreste de Wisconsin. Es una de las muchas zonas del país donde la desconfianza en la votación y el recuento de votos, avivada por las afirmaciones falsas del expresidente Donald Trump de que las elecciones fueron robadas, se mantiene obstinadamente arraigada.

Pytleski, que nació y creció en el condado, escucha teorías de conspiración en casi cada lugar al que va: los demócratas pagan a personas para que rellenen las urnas con votos ilegales, el voto por correo permite el fraude desenfrenado, las máquinas para votar han sido hackeadas por potencias extranjeras. Recibe cartas y correos electrónicos escépticos. Cuando ha defendido el proceso electoral, Pytleski, republicana de toda la vida, ha sido calificada de RINO, iniciales en inglés de “republicana sólo de nombre”.

“Conoces a casi todo el mundo”, dijo de los pueblos que componen el condado Oconto, que se ha inclinado sistemáticamente por los republicanos en las elecciones presidenciales de las dos últimas décadas, excepto cuando el ex presidente Barack Obama ganó aquí en 2008. “Lo curioso es que, si alguien se muda aquí, tiene que vivir aquí 30 años antes de que se le considere un lugareño. Es una sensación cálida, estar en un lugar como éste”.

Pero, añadió, “el negacionismo electoral se ha apoderado de él”.

Para los funcionarios electorales y los grupos de base en pro de la democracia de este estado políticamente oscilante a la hora de elegir al presidente, el combatir las dudas y a quienes siguen propagándolas ha sido una lucha cuesta arriba. Dicen tener que vérselas con un atracción casi religiosa por parte de las teorías conspirativas, perpetuadas por la desinformación en internet y personajes de la extrema derecha.

A pesar de todo, siguen adelante, abordando el problema en un acto comunitario y en una conversación a la vez, con la esperanza de lograr pequeños avances.

“Este estado es vital, y es el punto de partida de esta lucha para salvar nuestra república”, dijo Reid Ribble, un republicano que representó a la región en el Congreso hasta 2017 y es asesor de la organización sin ánimo de lucro Keep Our Republic (Mantenga nuestra república). El grupo está realizando asambleas informales públicas —en las que cualquier ciudadano puede expresar sus opiniones y hacer preguntas— en todo Wisconsin con la esperanza de restablecer la fe en las elecciones, y tiene planes de hacer lo mismo en otros dos estados que serán fundamentales para la contienda presidencial del próximo año: Michigan y Pensilvania.

El grupo promueve sus iniciativas en un momento en que la desconfianza en las elecciones se ha afianzado en todo el país, especialmente en las zonas rurales. Ello ha dado lugar a intentos de deshacerse de las máquinas para votar en favor de recuentos manuales menos precisos y eficientes, amenazas de violencia contra los empleados electorales, y el violento atentado del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de Estados Unidos.

Según una encuesta realizada el verano pasado por el Centro NORC de Investigación de Asuntos Públicos y The Associated Press, sólo el 22% de los republicanos confían plenamente en que los votos de las elecciones presidenciales de 2024 se contarán con precisión, frente al 71% de los demócratas, mientras que una sólida mayoría de republicanos sigue creyendo que la victoria electoral del presidente Joe Biden fue ilegítima.

La profunda división partidista en el país se da en medio de una implacable campaña de mentiras impulsada por Trump, según la cual las elecciones de 2020 fueron robadas, mientras el expresidente persigue un segundo mandato en la Casa Blanca.

Wisconsin ha sido un epicentro de los intentos por socavar la fe en las elecciones. La Corte Suprema del estado, entonces con mayoría conservadora, estuvo a un voto en 2020 de revocar los resultados presidenciales, y posteriormente los republicanos de la legislatura lanzaron una investigación partidista en busca de pruebas de que hubo un fraude masivo. Esa investigación acabó ante un juez, que declaró que no había descubierto “absolutamente ninguna evidencia de fraude electoral”.

En cambio, múltiples auditorías y recuentos han confirmado la victoria de Biden en el estado por una diferencia de 21,000 votos. Sin embargo, la duda persiste.

Con latas de Coca-Cola y platos de papel repletos de rebanadas de pizza de salami, unos 50 miembros de la comunidad llenaron una estación de bomberos en una tarde reciente en Suamico, una localidad de 13,000 habitantes que limita con el condado Oconto, en las costas del lago Michigan, a las afueras de Green Bay. Bay.

Flanqueados por banderas de Estados Unidos y de Wisconsin, un grupo de funcionarios locales reunidos por Keep Our Republic explicó a los asistentes el proceso electoral, desde cómo se verifica el equipo de votación hasta el proceso de certificación de los resultados.

“Estamos armando a la gente con hechos”, dijo Kathy Bernier, directora estatal del grupo sin ánimo de lucro, que hace énfasis en que es apartidista. “La mejor manera de ayudar a la gente a entender es acercarles a los expertos y conectarlos con ellos de esta forma. Luego pueden difundir esa información entre sus amigos, familiares y vecinos”.

Bernier, exsenadora estatal republicana, rompió con su propio partido para criticar a quienes difunden afirmaciones electorales falsas. El evento de finales de septiembre fue el segundo de una serie que tiene previsto realizar en Wisconsin.

“Me han gritado más veces de las que puedo contar”, dijo Bernier. “La gente me ha enviado comunicados de prensa criticándome. Pero voy a mantenerme firme porque la verdad está de mi parte, y este trabajo tiene que hacerse”.

No es una tarea fácil. Bernier y otros participantes en esta iniciativa dicen que el público sigue desconociendo en gran medida lo que ocurre tras bambalinas en las elecciones, y por tanto es vulnerable a la desinformación.

Las personas también consumen noticias que confirman sus prejuicios y se mueven a zonas donde están rodeados de personas que piensan como ellas, dijo Bernier. Además, cuando muchas personas ven a Trump y a otros que difunden desinformación electoral como “una especie de salvador”, el negacionismo electoral puede convertirse casi como un sistema de fe.

“Si has cerrado tu mente a la verdad, no siempre hay mucho que podamos hacer”, dijo Bernier. “Trabajamos con los que aún mantienen la mente abierta”.

El intento por ofrecer una visión clara de cómo funcionan las elecciones se lleva a cabo al mismo tiempo en que otros grupos están difundiendo un mensaje contrapuesto en Wisconsin: que las elecciones están amañadas, no son seguras y el fraude es rampante. Estas iniciativas cuentan con la ayuda de voces prominentes del movimiento de conspiración electoral, incluido el fundador de la empresa de almohadas MyPillow, Mike Lindell, y Douglas Frank, que ha visitado Wisconsin regularmente para hablar en eventos que difunden afirmaciones falsas de que hubo fraude electoral en 2020.

Estas narrativas han azuzado una lucha en curso en torno al intento de los republicanos del Congreso de despedir a Meagan Wolfe, la comisionada electoral apartidista del estado, y potencialmente reemplazarla con alguien favorecido por el Partido Republicano, a tiempo para las elecciones presidenciales de 2024. Wolfe tiene previsto hablar en otra asamblea ciudadana organizada por Keep Our Republic a finales de este mes.

Se reflejaron también en la avalancha de preguntas de los residentes durante la asamblea ciudadana de Suamico: ¿cómo se controla a los votantes ausentes? ¿Las urnas son seguras? ¿Votan los muertos y los inmigrantes indocumentados? Una reunión programada para tres horas se alargó hasta cinco, ya que los residentes se quedaron hasta las 10:30 de la noche.

“No puedo asegurar que hayamos cambiado los corazones y las mentes (de los asistentes), pero lo que es seguro es que se han interesado”, dijo Bernier.

El foro no pareció convencer a muchos de los asistentes, que se muestran profundamente escépticos ante el proceso electoral.

Connie Streckenback, de Howard, una localidad de unos 20,000 habitantes a las afueras de Suamico, dijo que “vio trampas” mientras trabajaba como observadora electoral en la zona de Green Bay. Por ejemplo, dijo que vio a más de una docena de mujeres registrarse para votar con la misma dirección. Cuando más tarde pasó por delante de la construcción, vio una casa unifamiliar.

Los funcionarios locales ofrecieron posibles explicaciones, como que las mujeres podían haber sido compañeras de cuarto, pero Streckenback, de 59 años, seguía convencida de que no podían haber vivido todas en la misma casa.

“Era un fraude”, afirma. “Todo el mundo era muy amable, pero la gente se comportaba como si yo estuviera haciendo un escándalo de la nada. ... No me creo las explicaciones”.

Y añadió: “Esto no ha mejorado mi confianza en el proceso electoral”.

Otra observadora electoral de la misma localidad, Mary Verheyen, de 79 años, dijo que confiaba en los funcionarios electorales presentes en la asamblea, pero que eso no suponía “ninguna diferencia” en su confianza en el sistema en su conjunto.

“Creo que las personas que están aquí piensan como yo y están haciendo su trabajo”, dijo. “Eso no significa que todos lo hagan”.

Los comentarios de Verheyen ilustran un reto al que se enfrentan los funcionarios electorales de todo el país, especialmente en las zonas rurales. Según Michelle Bartoletti, la funcionaria del pueblo de Suamico, en las comunidades muy unidas, donde los residentes se apoyan mutuamente, es posible mejorar la confianza en los funcionarios electorales locales. Pero es más difícil convencer a los residentes de que confíen en el sistema en su conjunto, especialmente en las zonas urbanas.

De acuerdo con Bartoletti, la administración electoral de Suamico ocupó el segundo lugar, debajo del departamento de bomberos, en una encuesta realizada el año pasado en la que se les pedía a los residentes que calificaran los servicios del pueblo. Incluso con ese nivel de confianza local, la falsa creencia de que las elecciones presidenciales de 2020 fueron robadas impregna la comunidad.

“Es realmente difícil combatir ese tipo de actitud”, señaló la funcionaria.

No hay una solución perfecta, dijeron funcionarios y expertos que han participado en las labores de Keep Our Republic. Además de más actos comunitarios, el grupo está planeando campañas en redes sociales para combatir la desinformación en internet y está organizando charlas en las escuelas secundarias. Incluso podrían trabajar con empresas de máquinas para votar con el fin de crear material explicativo que los condados y ciudades puedan enviar a los residentes.

Bartoletti confía en las conversaciones cara a cara y en las asambleas comunitarias como la de Suamico.

“Seguimos intentándolo porque es lo único que podemos hacer”, afirma. ”¿Qué otra opción hay? Esto es demasiado importante como para sólo expresar nuestro disgusto y darnos por vencidos”.



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