Reflexiones

Existe el Jesús histórico, y su mensaje es histórico

2023-10-30

He comenzado a ver la serie The chosen (2017, Los elegidos) que muestra con viveza y emoción...

Por: Llucià Pou Sabaté 

El mensaje de Jesús hijo de Dios nos muestra al Padre y su amor por nosotros, y ese conocimiento no es teórico sino experiencial.

He comenzado a ver la serie The chosen (2017, Los elegidos) que muestra con viveza y emoción la aventura que tuvieron los apóstoles en el seguimiento de Jesús. No faltan películas y libros que reinterpretan la figura de Jesús de Nazaret. 

Jesús es un judío que bebe de las fuentes literarias de la Biblia, aunque naturalmente influye en la cultura de su época la literatura de los pueblos vecinos a los judíos. Incluso podemos ver ideas ya existentes en Sócrates, a quien los primeros cristianos vieron como un precursor. Si Sócrates hubiera vivido el tiempo de Jesús, hubiera sido el primero de sus discípulos. Cuando san Agustín conoció a Platón, se sorprendió de cómo le predispuso a la doctrina de Jesús, pero después se decepcionó al ver que no llegaron a intuir esa luz del Verbo. 

Sin duda, el mensaje de Jesús tiene una especificidad muy concreta, que no tenía Sócrates (la humildad, el perdón…) pero sin duda esta luz que tuvo la filosofía griega influyó en el humus que fue campo abonado para el mensaje cristiano. También serán considerados algunos estoicos como Cicerón próximos a la doctrina.

Los libros de Lucas en el Nuevo Testamento nos hacen ver la influencia griega. Pero el ambiente cultural más importante es el judío, todo el legado del Antiguo Testamento, y esto es evidente en los escritos de Mateo o de Pablo. Puede decirse que Jesús hace una relectura de la Ley de Moisés en el sermón de la montaña (cf. Mateo , capítulos 4-6): el amor a los enemigos y el perdón, que luego Jesús plasmará en parábolas, como la sin igual del hijo pródigo.

El Nuevo Testamento nos ha llegado con muchas fuentes, miles de papiros repartidos en toda la cuenca del Mediterráneo, que además son coincidentes en el texto (que no ha sufrido manipulaciones). El primer papiro de San Juan debemos datarlo sobre el 125 (¡sólo 25 años del original del Apóstol!), y hay muchos más textos de esos primeros años, como el papiro Barcinonensis I (de finales del s. II, el más antiguo del evangelio de Mateo). Quisiera recordar que no hay ningún otro escrito de cuya antigüedad se conserven tantas copias, ni tan cercanas en el tiempo al escrito original. Las obras de Platón (del siglo IV antes de Cristo) se basan en copias del siglo IX (¡1300 años después!), y lo mismo diríamos de otros clásicos (como Julio César, 1100 años después…) de los que no que sin embargo nadie duda de su autenticidad. En este sentido, podemos decir que con mucho el Evangelio es la fuente más fiable de las antiguas. Y se sigue trabajando mucho en las fuentes bíblicas, que están bien documentadas.

En cuanto a documentación romana, para mostrar qué referencias tenemos de los contemporáneos sobre Jesús, podemos citar a Petronio, que escriba “Satiricó” entre el año 64 y el 65, y para hacer burla de los cristianos hace referencia a algunas escenas de la vida de Jesús narra en el Evangelio de Marcos (unos estudios recientes demuestran que conocía perfectamente este Evangelio, que debemos datar antes de esa fecha, bien en la forma actual o en una anterior). Plinio el Joven escribió una carta al emperador romano Trajano, hacia el año 112, y dice que los cristianos “cantan un himno a Cristo, invocándolo como un dios” (Epístola X, 96). Y el historiador romano Tácito, hacia el 115 tiene un escrito, “Annales” que dice en el capítulo XV, sobre los rumores que Nerón provocó para desviar la responsabilidad del incendio de Roma: “presentó como culpables y castigará con suplicios refinados los llamados cristianos, que la gente odiaba por sus deleites. El autor de ese nombre, Cristo, durante el imperio de Tiberio, había sido condenado al suplicio por el procurador Poncio Pilato; pero, aunque reprimidos por el momento, la perniciosa superstición volvió a resurgir, no sólo en Judea, origen del mal, sino también en la Urbe”. Por último, Suetonio hacia el año 120 hace referencia (ver sus libros sobre Claudio y Nerón, que tiene sin embargo un error de transcripción, que en lugar de Cristo escribe Cresto).

En cuanto a los documentos judíos, el Talmud es la recopilación más importante de escritos rabínicos, y habla de Jesús como un traidor que “se lo encerró la víspera de la fiesta de la Pascua”, y hay otras referencias a él. El historiador judío Flavio José en la “Guerra Judaica”, obra del año 79 y “Antigüedades Judaicas” (del año 95), del que tomamos una última cita, para terminar, dice: “existió en este tiempo Jesús, hombre sabio, si se puede llamar hombre, ya que hacía obras extraordinarias y era maestro de hombres que acogen con placer la verdad. Atrajo a muchos judíos y también a muchos griegos. Era el Mesías. Habiéndolo castigado a Pilato con la cruz, por denuncia de los hombres notables entre nosotros, sin embargo, no desistieron aquellos que le habían amado desde el principio. Se les apareció al tercer día otra vez vivo, según habían dicho antiguamente los divinos profetas sobre él y otras mil cosas admirables. Todavía hoy no ha decaído la tribu de quienes, a partir de él, se llaman cristianos” (cap. XVII, 63-64; esta cita no es tan bien documentada en la crítica como las demás, por posibles retoques al texto, pero las referencias son ciertas).

Esta es la historia, la más bella del mundo. Pero también hay literatura apócrifa. Hace poco, Dan Brown escribió “El código Da Vinci” haciendo referencia al Evangelio de María Magdalena. Desde los diversos Evangelios apócrifos hasta la obra de Benítez y los platillos volantes, aparecen periódicamente artículos o libros que se hacen eco de fábulas sobre un Jesús de tradición egipcia, como si fuera un personaje inventado, la idea peregrina de que fue inventado por sacerdotes de Serapis en el antiguo Egipto. 

El personaje más importante de la historia se ofrece a esas historias noveladas. Pero para llegar al auténtico Jesús, las fuentes más fidedignas son la tradición cristiana, es decir la vida de la Iglesia, pues en aquellos tiempos la mejor historia está recogida en la tradición oral; pero de entre las fuentes escritas las bíblicas son las más importantes para llegar al Jesús histórico. A mi me gusta especialmente el primer relato eucarístico, en la Primera Carta a los Corintios, una de las cartas de san Pablo, datada por los estudiosos alrededor del año 54-55 d.C., desde Éfeso y durante su tercer viaje misionero, y les dice “lo que yo recibí del Señor, y a mi vez os he transmitido”. Y luego narra la Eucaristía: “El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía». Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva”. Para mí es impresionante: no hay interpretaciones, si hubiera dicho algo poco conforme a la realidad le hubieran corregido en qué se equivocaba, pues habían pasado menos de 20 años de la Santa Cena de Jesús, y los primeros cristianos eran testigos de cómo se celebraba la Eucaristía. 

Y me parece impresionante también lo que escribe un poco más adelante en la misma carta: “Luego se apareció a más de 500 hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven aún, pero algunos ya duermen (murieron)”. ¡Vieron a Jesús muerto y resucitado más de 500 personas! Sin duda, el mensaje de Jesús hijo de Dios nos muestra al Padre y su amor por nosotros, y ese conocimiento no es teórico sino experiencial, es algo que siento como verdad, una evidencia maravillosa; pero también me gusta ver que esos testimonios lo corroboran.



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