Punto de Vista

El acuerdo correcto con Cuba

2009-04-22

Si el presidente estadounidense Barack Obama levanta el embargo unilateralmente, enviará el...

Por Jorge Castañeda, Dow Jones Newswires

Pese a la retórica y las fotos, la Cumbre de las Américas en Trinidad pospuso cualquier discusión real de la política estadounidense hacia Cuba. En Estados Unidos, el embargo extremista ha sido el premio de consuelo para la derecha y el electorado de la Florida. Pero en países como México, Chile y Brasil, la política latinoamericana de nunca enjuiciar a la Habana por su atroz historial de derechos humanos es el premio de consuelo para la izquierda.

La pregunta de qué hacer sobre el embargo una vez más ha arrinconado a un presidente estadounidense. Si el presidente estadounidense Barack Obama levanta el embargo unilateralmente, enviará el mensaje a los Castro y el resto de Latinoamérica que los derechos humanos y la democracia no son su punto fuerte. Además, no cuenta con los votos suficientes en el Senado para hacerlo, a menos que obtenga un quid pro quo explicito por parte de Cuba, lo cual Raúl Castro no puede darle, especialmente con su hermano de nuevo al mando.

Por otra parte, si Obama limita los cambios al flujo libre de remesas y visitas familiares a la isla, que anunció recientemente, los demócratas en la Cámara de Representantes, los líderes latinoamericanos y los Castro seguirán insatisfechos. Si insiste en el cambio político como un prerrequisito para levantar el embargo, Obama estaría siguiendo la política que sus 10 predecesores siguieron infructuosamente.

Podría haber una forma de resolver este rompecabezas. Comienza con el fin unilateral al embargo. No se espera nada de Cuba, pero a cambio del fin del embargo, se le pediría a actores claves de Latinoamérica que se comprometieran a buscar un proceso de normalización entre Washington y la Habana y forzar a Cuba a establecer democracia representativa y respeto por los derechos humanos.

A medida que los demócratas que experimentaron el yugo autoritario y buscaron el apoyo internacional en su lucha contra este, líderes como el presidente brasileño Lula da Silva, la presidenta chilena Michelle Bachelet, y el mandatario mexicano Felipe Calderón han sido increíblemente cínicos e irresponsables ante el tema cubano. Calderón y Bachelet han abandonado su compromiso con la democracia y los derechos humanos para complacer a la izquierda. Da Silva, pese a haber sido encarcelado por la dictadura militar a principios de los 80, ha seguido la tradicional política brasileña de evitar la controversia. Al presionar a los líderes de la región hacia una posición de principios, Obama daría vuelta a la situación.

Esta política le daría a los cubanos lo que dicen que quieren: un fin incondicional al embargo, el inicio de un proceso de negociación y quizás incluso el acceso a los fondos de las instituciones financieras internacionales. Los líderes latinoamericanos obtendrían una gran concesión por parte del nuevo gobierno en un tema altamente simbólico y los defensores de los derechos humanos en Latinoamérica y otros países verían sus demandas de elecciones libres, libertad de prensa, libertad de asociación y la liberación de prisioneros políticos como una demanda de los amigos de Cuba, no como una imposición de Washington.

Obama quedaría muy bien, ya que la política estadounidense cambiaría a cambio de la dedicación de los líderes latinoamericanos a principios como la democracia y los derechos humanos que ellos defienden. Un compromiso claro de los mandatarios por una normalización que no siga el curso de Vietnam (reforma económica sin cambio político) sería una gran victoria de política exterior para Obama.

¿Brasilia, Santiago y Ciudad de México accederían a este acuerdo? Quizás no, pero no se pierde nada con tratar. Todo lo que Obama estaría pidiendo es una consistencia moral por parte de los líderes latinoamericanos, defender los valores que están escritos en sus propias constituciones y tratados.

¿Los cubanos aceptarían este plan? Mientras Fidel viva, es poco probable. Si no, Obama habrá cedido, sin mayor éxito, lo que muchos consideran equivocadamente que es la única ventaja de Estados Unidos y los mandatarios de la región podrían lavarse las manos del acuerdo argumentando que hicieron su mejor esfuerzo.

Pero por otra parte, la presión sobre Obama para levantar unilateralmente el embargo podría ser irresistible de todas maneras. Al avergonzar a los líderes latinoamericanos para que defiendan los ideales que profesan, nadie podría pretender que la culpa del conflicto sólo está en el norte y en si mismo, el fin del embargo, a diferencia de lo que sucedió en Vietnam y China, podría forzar a Cuba a abrir su sociedad.

Castañeda, profesor de la Universidad de Nueva York y profesor invitado de la Fundación New America, fue el ministro de Relaciones Exteriores de México de 2000 a 2003.



EEM
Utilidades Para Usted de El Periódico de México