Muy Oportuno

Relativismo y materialismo vs verdad y libertad

2016-12-08

Por: Francisco Mario Morales

Vivimos llenos de dudas y confusión sin encontrar una explicación satisfactoria. Se vive un desbordamiento negativo cada vez mayor.

En la actualidad vivimos con incertidumbre, desorientación ante el desorden, el abuso, el libertinaje, la pérdida de valores y de autoridad moral. Vivimos llenos de dudas y confusión sin encontrar una explicación satisfactoria. Se vive un desbordamiento negativo cada vez mayor.

Lo que comenzamos a vivir sólo son las consecuencias: Corrupción, fascismo, xenofobia (odio a los extranjeros), racismo (desprecio o rechazo a personas de otras etnias), ideología bélica (afán de guerra), misoginia (aversión o menosprecio a las mujeres); una sociedad llena de odio y rencor en adolescentes y jóvenes, búsqueda de dinero fácil y deshonestidad, seres intolerantes y violentos.

La pérdida de la conciencia moral es el inicio de toda maldad

"La pérdida de la conciencia del mal es el principio, fundamento y difusión de todo tipo de maldades, por lo que no es posible luchar contra el mal, cuando no se tiene conciencia del mal, menos cuando la difusión llega al extremo de confundir lo bueno con lo malo y lo verdadero como falso.

No es posible proclamar valores cuando se dice que todo es relativo; peor situación se crea aun cuando la verdad y el bien se silencian o se persiguen y la mentira y la maldad se proclaman y exaltan.  Es ciertamente alarmante no que exista el mal que siempre ha existido, sino ver y sentir el fuego del vicio exaltado y glorificado". (S.E.R. Norberto Cardenal Rivera - Homilía del Jubileo de la Juventud).

 

“si uno pierde la noción de pecado «entonces prácticamente toda actitud es buena» y que «no hay nada de lo que haya que convertirse” Arzobispo Gadecki / Fuente: Infocatólica)

Dentro del relativismo los valores y opciones fundamentales son equivalentes en tanto la persona sea respetada y capaz de "hacer" su propia escala de valores y cada uno de esos "valores" le dé el valor a lo que quiere. Ante todo esto se desconoce toda regla, todo valor y todo principio familiar, social y espiritual.

En el subjetivismo solo importa el propio punto de vista y la persona solo valora por su propio juicio, solo se responde así mismo y sólo es responsable y entrega cuentas así mismo desconociendo todo valor universal.

El relativismo y el subjetivismo no es más que autosuficiencia, del no querer depender de nada ni de nadie para no sentirse inferior, esto es soberbia y el egoísmo que no más que una viciosa condición personal por un inmoderado y excesivo amor por uno mismo. (Libro: Superación personal en familia / Francisco Mario Morales)

Hoy, unos están contra otros, abunda la inmoralidad sexual, la pornografía, la perversión sexual, la prostitución, la sexualidad "libre", la infidelidad, Vivimos divorcios a diestra y siniestra, violencia, aborto, embarazos a temprana edad, madres solteras y destrucción familiar y por consecuencia descomposición social.

El sincretismo (tomar un poco de todo) también es un factor no menos importante a los mencionados anteriormente, es importante reconocer el relajamiento moral y al desconocimiento del bien y del mal. Aquí la formación tiene un papel preponderante, necesitamos retomar la formación familiar y erradicar la violencia al interior de nuestros hogares.

Poner en práctica y dar ejemplo, en casa, de los valores, comenzando por el amor y el respeto por uno mismo y por los demás. La moral personal (la verdadera moral) no puede estar sujeta a la moda o a las costumbres del momento.

¿Qué necesitamos para vivir la paz y la felicidad?

Aprender a tomar buenas decisiones

Conocer la importancia de los valores y hacer de cada uno un modo de vida

Defender la vida como un valor fundamental

Formación afectiva y no sólo orientación reproductiva y métodos anticonceptivos bajo el slogan de: “disfruta pero con protección”.

Cuando se desconoce o pierde la dimensión del bien y del mal, todo está permitido.

La modernidad afirma que, la "realización" del ser humano consiste en vivir según los impulsos, cualesquiera que estos sean. Vivir los impulsos y tendencias sin distinción, la "libertad" para muchos jóvenes y personas mayores, de ambos sexos, no es vivir razonablemente sino vivir sin limitaciones. Desde el punto de vista real y práctico esta mentalidad solo lleva al desenfreno completo y al desquiciamiento moral, familiar y social (cdf. Inst. "Libertatis Conscientia" 13) (Catecismo de la Iglesia Católica 1740 - 2108).

El albedrio nos permite escoger entre el bien y el mal, lo correcto de lo incorrecto; de nuestras propias decisiones, lo que vivamos serán las consecuencias de nuestras propias acciones.

"La libertad hace del hombre un sujeto moral. Cuando actúa de manera deliberada, el hombre es, por así decirlo, el padre de sus actos. Los actos humanos, es decir, libremente realizados tras un juicio de conciencia, son calificables moralmente: son buenos o malos."

"El ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier cosa. Es falso concebir al hombre "sujeto de esa libertad como un individuo autosuficiente que busca la satisfacción de su interés propio en el goce de los bienes terrenales" (cdf. Inst. "Libertatis Conscientia" 13) (Catecismo de la Iglesia Católica 1740 - 2108).

El bien nos hace: Humildes, generosos, bondadosos, castos, pacientes, moderados, amorosos y personas positivas. El bien produce: Paz, felicidad, ilusión, unión, alegría y amor

¿Qué es el mal? ¿Lo contrario del amor? El mal nos hace soberbios, avaros, lujuriosos, iracundos, envidiosos, glotones y perezosos. Todo esto es un camino incorrecto hacia la felicidad. Además nos enferma el alma y también el cuerpo.

El mal produce: Una Alegría efímera y después…  tristeza, remordimientos, desilusión, frustración, vacío, odio, conflicto. El mal produce una falsa felicidad, pero con el paso del tiempo…soledad y arrepentimiento.

Nos estamos contaminando en grado terminal, de odio, poder y violencia. Nos damos cuenta de que quien “vence” es el más "hábil", el más agresivo. Y se dice: “Que el que tranza más avanza más” y “El que no tranza no avanza”.

Mentalidad materialista         

Hoy se vive la cultura de la muerte, adorando ídolos (dinero, placer y poder), practicando brujería. Recurriendo a la santería, al esoterismo, al espiritismo; se vive con odios, discordias y celos enfermizos, hay rivalidades, divisiones y partidismos, se vive llenos de envidia, avaricia y soberbia.  (Libro: Superación personal en familia / Francisco Mario Morales)

El no alcanzar el objetivo del dinero y comodidad excesiva a costa de lo que sea, y como único fin, frustra, desmotiva; lleva a la amargura y la envidia; llena de angustia y desesperación a la juventud.                                    

El tener poder, dará dinero y placer. El placer se consigue con el dinero y  también el poder. El tener dinero, poder y placer, llevará finalmente al vacío, a la soledad y al conflicto. La riqueza no debe ser un fin, sino un medio.

El materialismo ¡NUNCA! Nos dará la felicidad. Con ejemplo y congruencia formémonos en los valores. Necesitamos formación y desarrollo humano, no sólo técnico y profesional o económico. Tenemos que reconocer que nos equivocamos y la consecuencia es lo que hoy vivimos desde la micro hasta la macro corrupción, la mentira, la astucia (habilidad), las apariencias, etc. Recordemos que: “La mayoría de la veces el camino correcto no es lo más fácil”.

La sociedad de consumo estimula con agresividad la satisfacción de todos los deseos, y presenta todos los bienes de consumo como indispensables para la felicidad."   (Jean Desclos, "Una moral para la vida", pág. 46)

Padres y maestros: Los niños, adolescentes y jóvenes, siempre serán el reflejo de la familia y de la escuela ¿En que estamos fallando? El odio o el perdón se aprenden también en la familia y en la escuela, debemos evitar el pasivismo, la indiferencia y la apatía por comodismo.

No queremos vivir los valores, pero estamos viviendo los antivalores en familia, en la escuela y en la sociedad. ¡La familia! Es la primera, y la vez, la única escuela de formación verdadera y de aprendizaje.

¡El bien o el mal tienen consecuencias!

Por el bien de nosotros mismos, por el bien de nuestros hijos y por el bien de la sociedad, debemos comenzar por reconocer en que nos equivocamos por nuestras omisiones y que debemos enmendar el camino para reiniciar la familia y la sociedad.

La formación de los hijos es responsabilidad única y exclusiva de la familia. Por eso es necesario concientizar a los papás en la necesidad de ser los primeros que deben procurar su propia formación, pero para que ellos aprendan y entiendan esta necesidad de cómo formar a sus hijos, deberán estar conscientes que la mejor formación se da a través del ejemplo y del amor exigente.

El ejemplo es la conducta que sirve de modelo para que los hijos asimilen la enseñanza. Es necesario comprender la importancia de ser congruentes.  Es la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, su gran influencia en la transmisión de normas y valores, la convierten en una de las claves de la formación de los hijos. De la misma forma aprenderán de sus padres: la obediencia, el respeto, la libertad y la responsabilidad. Los hijos aprenden por imitación, por eso la insistencia de que papá y mamá practiquen a diario, den ejemplo de los valores que pretenden enseñar a sus hijos.

Tenemos que formar (educar) a nuestros hijos, desde pequeños, para que de mayores lleguen a ser lo más libres y con plena capacidad de autodominio, lo más capaces de amar, de darse por amor (capacidad de autodonación) y, así, lo más felices posible. Ninguna educación es más importante que ésta”.

Pero para lograr la tan anhelada y necesaria formación de los hijos, se necesita el compromiso personal y de pareja, y esto es: cambiar de dirección en el camino de la vida: pero no con un pequeño ajuste, sino con un verdadero cambio de sentido. Necesitamos ir contracorriente, donde la «corriente» es el estilo de vida superficial, del relativismo o de lo incoherente e ilusorio que a menudo nos arrastra, nos domina y nos hace esclavos, de la comodidad, falta de tiempo o de la mediocridad moral.

Afortunadamente comienza a surgir una profunda preocupación, una inquietud y un cuestionamiento muy serio debido a la descomposición de las relaciones de convivencia en el ambiente familiar, espiritual y social; ¿Será que empezamos a convencernos del mal rumbo que llevamos?

Sin valores no hay familia

Dar amor, constituye en sí, dar educación. (Eleonor Roosevelt)

“Una verdadera “formación” no se limita a informar la inteligencia, sino que presta particular atención a la educación de la voluntad, de los sentimientos y de las emociones”. (Sagrada congregación para la educación católica “Orientaciones educativas sobre el amor humano”). Amar es el principio, amar es la fuerza, amar es el método.  (Pablo VI)

Educar para vivir con alegría y libertad                                                                              La formación integral deberá considerar este aspecto, llevando al niño (a), desde el principio, a que ella (él) sepa vivir en un continuo servicio a los demás, amar  será siempre lo más importante, servir y ayudar será siempre la mejor demostración de amor y el antídoto contra la soledad, el vacío existencial, la  frustración y el conflicto personal y familiar.

El amor que los padres les dan a sus hijos, ellos lo compartirán con los demás.

“De modo particular quisiera llamar su atención sobre aquellos componentes de la familia que parecen ser los más vulnerables, es decir, los jóvenes. Muchos tienen delante un futuro lleno de innumerables posibilidades, muchos otros parecen desorientados y sin sentido, prisioneros en un laberinto de violencia, de abuso y desesperación. Sus problemas son nuestros problemas. No nos es posible eludirlos. Hay que afrontarlos juntos, hablar y buscar soluciones más allá del simple tratamiento nominal de las cuestiones. Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir que existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin embargo, esa misma cultura concede a muchos otros, por el contrario, tantas oportunidades, que también ellos se ven disuadidos de formar una familia”. (Papa Francisco ante el Congreso de EU).“Tengamos cuidado de las falsa libertades”.                                                                                                                                   

Con un gran valor y positivismo debemos reconocer, reflexionar y aceptar la máxima psicológica: “Si tú estás mal… es porque yo estoy mal.  La falsa libertad es libertinaje (abuso de la libertad). Es necesario corregir malos hábitos que no nos han dejado nada positivo, sino solo vicios, destrucción personal, familiar y social. Ahora más que nunca debemos tomar consciencia de los efectos que padecemos todos por la ignorancia sobre el bien y el mal.

“Los jóvenes, los adolescentes necesitan hacer del afecto, de la comprensión y del respeto un modo de vida. Pero para esto los padres de familia debemos orientar, apoyar y educar en los valores, formar conciencias responsables y momentos de recreación y sano esparcimiento. Es necesario prevenir situaciones de riesgo para los jóvenes, rescatémoslos del extravío y de la ofuscación, que la juventud no viva la represión, pero tampoco el libertinaje, la confusión y el vacío. En nuestras manos esta dedicar tiempo para orientar y evitar problemas de drogadicción, alcoholismo, embarazos prematuros, abortos, divorcios y enfermedades venéreas.

Los jóvenes tienen derecho a la libertad, sí. Pero no tienen derecho a destruirse, y esa es nuestra responsabilidad, ese es nuestro derecho.”



JMRS