Internacional - Política

Asoma la sombra de un "Britishgate"

2018-01-04

El encuentro en el centro de las revelaciones habría ocurrido en la Casa Blanca en febrero...


(ANSA) - LONDRES, 4 ENE - Tras meses de investigaciones sobre posibles interferencias de Moscú en el voto presidencial de Estados Unidos en 2016, con el escándalo bautizado como Rusiagate, ahora parece a punto de abrirse otro capítulo similar llamado Britishgate.
    
Al menos así lo sostienen las impactantes revelaciones del libro de Michael Wolff, "Fire and Fury: inside the Trump White House" ("Fuego y Furia: dentro de la Casa Blanca de Trump"), que el diario británico Times publicó hoy en primera página.
    
Según Wolff, el expremier británico Tony Blair le advirtió a colaboradores de Donald Trump sobre acciones de espías británicos desde Londres contra el equipo del entonces candidato presidencial estadounidense. El padre del Nuevo Laborismo desmintió secamente estas afirmaciones, pero la situación embarazosa resultó evidente por la salida a la luz de las relaciones cercanas con el magnate republicano.
    
El autor del libro afirmó que Blair se expuso brindando informaciones reservadas sobre los servicios secretos de su país para obtener de Trump un cargo como Enviado Especial para Medio Oriente, responsabilidad que ya había cumplido en el pasado con resultados decepcionantes. Una acusación más que incómoda si se considera que el expremier británico mantiene discursos y posiciones políticas bastante lejanas de las del actual mandatario estadounidense.
    
El encuentro en el centro de las revelaciones habría ocurrido en la Casa Blanca en febrero de 2017, al mes siguiente de la asunción de Trump.
    
Alrededor de la misma mesa se ubicaron Blair, el yerno de Trump, Jared Kushner, y un miembro "senior" del equipo de Trump, del cual no se brindó el nombre.
    
Entonces Blair, siempre según el libro, habló de que agentes británicos mantuvieron vigilados al personal de la campaña electoral de Trump, controlando llamados telefónicos y otras comunicaciones, tal vez incluso los del candidato.
    
Hoy el vocero de Blair se limitó a responder que se trataba de revelaciones "completamente absurdas" y "sin ninguna base".
    
El portavoz también desmintió que Blair hubiera intentado congraciarse con el presidente Trump a cambio de un cargo, pero no negó la reunión en la Casa Blanca.
    
En marzo del año pasado el entonces vocero de la Casa Blanca Sean Spicer deslizó la sospecha de que los agentes de Inteligencia británicos pudieron espiar la campaña presidencial de Trump, desencandenando un roce diplomático entre Londres y Washington.
    
La agencia para la vigilancia electrónica de Reino Unido (GCHQ) consideró "ridículas" las acusaciones del libro, aunque un interrogante quedó abierto: la actividad de Londres, de haber existido, pudo tener algún lazo con los adversarios políticos del magnate estadounidense? Existe el precedente de un presunto informe "antiTrump", versión de dudosa confiabilidad, que le habría sido comisionado a Christopher Steele, exagente del MI6, por ambientes republicanos hostiles al entonces candidato presidencial y luego "vendido" al equipo de Hillary Clinton.
    
Sin dudas un conjunto de material "fangoso" que se hizo emerger en los medios, sin preocuparse por la falta de pruebas, gracias también a la acción, pública, de un exembajador británico en Moscú, sir Andrew Wood, un veterano de la diplomacia muy bien conectado con el mundillo institucional de Washington. 


 



regina