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Lafayette Park de Washington, otro encuentro con la historia

2020-06-11

Los derechos civiles son nuevamente el tema del día, pero las escaramuzas entre...

 

WASHINGTON (AP) — El uso de bombas de humo y gas pimienta por parte de la policía para dispersar una multitud frente a la Casa Blanca envalentonó a los manifestantes y añadió otro capítulo a la célebre historia del Lafayette Park, un sitio que ha sido testigo de la agitación social y política del país por más de dos siglos.

“Tiren gases. Disparen. Golpéennos. Seguimos aquí”, dice un cartel colgado de un cerco negro erigido en torno al parque luego de que la policía tuviese enfrentamientos con gente que protestaba la muerte de George Floyd a manos de un agente en Minneapolis.

Lia Poteet, de 28 años y quien resultó lastimada en la manifestación, ya regresó al sector para volver a manifestarse.

“Sigo yendo a Lafayette Square porque es el epicentro de nuestra democracia”, afirmó.

Dijo que un agente la tiró al piso con su escudo, la pateó en el estómago y la golpeó con su bastón, causándole magullones en el torso y en sus partes íntimas. Agregó que los manifestantes tosían por el humo cuando vieron estallar algo a sus pies.

El parque, a pasos del jardín de Trump, fue donde una esclava llamada Alethia Browning Tanner vendió vegetales y ahorró 1,400 dólares para comprar su libertad en 1810. Por entonces se llamaba Parque del Presidente. En 1824 fue arreglado y rebautizado Marqués de Lafayette, en alusión a un general amigo de George Washington que peleó en la Guerra Revolucionaria.

Durante la Guerra Civil acamparon allí soldados y pusieron a secar su ropa en la estatua de Andrew Jackson. Las mujeres exigieron su derecho a votar en la década de 1910 y en la del 40 protestaron contra los linchamientos.

Más recientemente el parque fue escenario de protestas contra las guerras de Vietnam e Irak y de manifestaciones a favor de los derechos de los gays y las lesbianas.

Todos los días hay individuos o pequeños grupos que se instalan en el Lafayette Park para protestar por cualquier cosa, desde la interferencia rusa en las elecciones presidenciales hasta las visitas de dignatarios extranjeros o la persecución del movimiento religioso Falun Gong en China.

En 1981 William Thomas inició una vigilia contra las plantas nucleares en una acera del parque. Se cree que fue el acto de protesta más largo en la historia de Estados Unidos. Cuando falleció en el 2009, otras personas mantuvieron la pequeña carpa que ocupaba y colocaron un cartel que decía: “Vives junto a la bomba, mueres junto a la bomba”.

Los derechos civiles son nuevamente el tema del día, pero las escaramuzas entre policías y manifestantes no son frecuentes.

“No sé de ningún choque en el Lafaytette Park durante las protestas por los derechos civiles”, afirmó Peter Levy, profesor de historia del York College de Pensilvania y autor de “The Great Uprising: Race Riots in Urban America During the 1960s” (El gran alzamiento: Los disturbios raciales en los centros urbanos de Estados Unidos durante los años 60).

En 1968 hubo cruces entre la policía y manifestantes que exigían justicia económica poco después del asesinato de Martin Luther King Jr., pero fueron más cerca del Lincoln Memorial, según recordó. Manifestantes contra la guerra de Vietnam enfrentaron a los soldados frente al Pentágono en 1967, 1969 y 1970. La represión policial no desanimó a los manifestantes, que siguieron yendo, y Levy duda que desanime a los de ahora.

“De hecho, es posible que ocurra lo contrario”, opinó.

Los manifestantes han tenido distintas recepciones a lo largo de los años.

El mayordomo de la Casa Blanca les llevó café al parque en febrero de 1963, a pedido de John F. Kennedy, según la Asociación Histórica de la Casa Blanca.

Durante la Guerra del Golfo, manifestantes contrarios a esa intervención se congregaron en el parque y tocaron tambores y baldes hasta bien entrada la noche, sin dejar dormir a George H.W. Bush, según se cuenta. La policía trató de impedir la presencia de tambores declarándolos “estructuras”, que no se podían llevar al parque.

“Al mantener sus pies debajo de los baldes, convencieron a la policía de que sus instrumentos no podían ser clasificados como estructuras”, dice un artículo de la Revista del Colegio de Abogados de abril de 1991. “La policía se salió entonces con disposiciones sobre los decibeles permitidos para limitar el ruido”.

Garrett Bond, de Mount Rainier, Maryland, dijo que no sospechaba que la policía reprimiría a los manifestantes la semana pasada. Al retirarse, Bond, de 26 años, dice que vio un hombre apoyado contra una columna frente a la Iglesia de San Juan. Sangraba del rostro. Bond cree que tenía una bala de goma en el mentón.

“Le dio en el labio inferior”, dijo Bond, quien aseguró que la intervención policial fue “injustificada” e “innecesaria”. Al tratar de ayudar al hombre lastimado, vio que un agente se acercaba corriendo hacia ellos. Él y otros manifestantes se llevaron al individuo herido para buscar un médico.

El miércoles Lakeisha Dames, quien vive también cerca de allí, en Maryland, llevó a su hija de siete años para que viese los carteles y las manifestaciones artísticas dejadas en los cercos que habían impedido a la gente hacer uso de su derecho a la libre expresión en las puertas de la Casa Blanca. El parque reabrió el jueves y las autoridades limpiaron las consignas que habían escrito los manifestantes en los muros y las estatuas.

“Vine para que mi hija viese un hecho histórico”, expresó Dames. Agregó que esperaba que los carteles dejados en los cercos sean exhibidos algún día en un museo nacional.



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