Salud

Los gobiernos olvidan a niños enfermos de cáncer y VIH en la pandemia

2021-12-03

Esto sucede en un momento de alto estrés económico para los Estados de la...

Por Eduard Martín-Borregón | The Washington Post

En lo que respecta al VIH, los niños y niñas de América Latina están peor atendidos que los adultos: en 2020, 81% de las personas adultas que vivían con el virus en la región conocían su estatus serológico, pero ese porcentaje se reducía a 60% en los menores de 15 años. Lo mismo sucedía con las tasas de acceso al tratamiento y supresión de carga viral: en adultos la cobertura era de 65% y 60% respectivamente, pero en menores de 15 años bajaba hasta 54% y 46%.

Esta situación, que ya era problemática de base, ha empeorado con la pandemia de COVID-19, como muestra el proyecto Nadie piensa en la niñez de la Red PALTA, centrado en el tratamiento de VIH y cáncer que reciben niños, niñas y adolescentes en América Latina.

Las personas menores de edad han sido las más afectadas ante las restricciones sanitarias impuestas por los gobiernos a la movilidad. Esta decisión no tiene sentido dado que el coronavirus sigue siendo más mortal para las personas adultas, pero los gobiernos han contradicho a los científicos y durante casi año y medio prefirieron la apertura de bares y mantener el cierre de escuelas y parques.

Los menores con enfermedades crónicas han sufrido más por estas decisiones políticas. Abigail Jiménez, argentina de 12 años, murió por cáncer en enero. Dos meses antes, su padre tuvo que cargarla a brazos y superar a pie un control policial, colocado por confinamiento pandémico, que impedía el cruce en coche entre las provincias de Tucumán y Santiago del Estero. La familia volvía de una sesión de quimioterapia y grabó en video el inicio de la caminata de cinco kilómetros en el que se ve a la niña llorando, visiblemente debilitada y asustada.

Este maltrato por exceso de celo durante la pandemia no es un caso aislado de Argentina, sino que afecta a toda la región. La pandemia aún no ha terminado y no somos conscientes de todas las consecuencias médicas y sociales que nos dejará. Los gobiernos de la región deben actuar rápido y con una visión holística que considere por igual la salud y el bienestar de todas las edades.

Tanto familiares de enfermos como organizaciones de la sociedad civil han reportado el desabasto de medicamentos para niños que sufren de cáncer en Colombia, Guatemala y México. A la vez, el número de diagnósticos clínicos bajó debido a las barreras para el acceso oportuno a los servicios de salud. En Colombia, el único país del proyecto que publicó estos datos con la rapidez suficiente, se detectaron en 2020 menos de 1,500 nuevos casos de menores con cáncer, mientras en años anteriores se detectaban en promedio 1,650. En adultos la diferencia porcentual es similar. No existen datos del total de las pruebas de detección que se realizaron.

En ese mismo país, familiares de niños con cáncer que viajaron hacia la capital, Bogotá, desde otras regiones apartadas, tuvieron que aislarse en cuarentena en los baños del albergue que los acogía para evitar contagios. Y en Cobán, Guatemala, algunos menores enfermos quedaron huérfanos durante los huracanes Eta e Iota, que azotaron América Central en noviembre de 2020.

Tanto en México como en Guatemala se están detectando pacientes pediátricos de VIH con altas cargas virales por falta de seguimiento adecuado. En el primero se suspendieron las visitas médicas en persona a menores de 15 años que tuvieron contacto o viven con VIH. Esto impidió que pudieran realizarse estudios de carga viral, cuyo equipo es el mismo que se necesita para realizar pruebas de SARS-CoV-2.

Esto sucede en un momento de alto estrés económico para los Estados de la región, en donde los presupuestos asignados al combate de estas enfermedades ha menguado. En México se han gastado 1,100 millones de dólares en contratos para combatir la pandemia de COVID-19, mientras que el monto contratado para tratamiento antirretroviral bajó 50% de 2019 a 2020.

En Chile se extremaron los protocolos de acompañamientos a pacientes, lo cual impidió a padres y madres permanecer con sus hijos durante el tratamiento contra el cáncer. Esto provocó una desatención importante de los pacientes pediátricos. Existen múltiples reportes de niños atados a camas para que no se quiten la venoclisis o bebés con pañales mojados, incluso sentados en un charco de su propia orina, durante tratamientos de hiperhidratación.

Sin embargo, ese país parece haber dado un paso para el interés superior de niños, niñas y adolescencias con la aprobación de la Ley de acompañamiento digno para padres de niños hospitalizados, que exige que los menores puedan estar acompañados de sus padres, madres o tutores durante las hospitalizaciones. El proyecto también es conocido como Ley Mila, por el caso de una bebé de tres meses cuya madre debió pasar las semanas de hospitalizaciones sin acceso a servicios o necesidades básicas.

En el resto de la región aún hay mucho trabajo que hacer por parte de los gobiernos, que van desde promover leyes que protejan los derechos de las infancias enfermas hasta un mayor control de compras de medicamentos que garantice el abasto y buen tratamiento para todos.



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