Cabalístico

Antes y después de los hechos

2019-04-12

Desde luego, quedan siempre abiertos espacios a comportamientos imprevisibles de otros o a golpes...

 

Por: P. Fernando Pascual, L.C. 

Un historiador, al estudiar documentos, al leer testimonios, al tener una mirada de conjunto sobre un periodo del pasado, pues hacer un buen análisis de los hechos, de sus causas, de sus resultados.

En cambio, quien está en el presente y busca cómo orientar sus decisiones de la mejor manera posible, no alcanza una comprensión suficientemente completa de la situación, como la que hipotéticamente consigue el historiador al analizar el pasado.

Pensemos en tantos estudios y análisis sobre una guerra. El historiador presenta los puntos débiles y fuertes de cada contrincante. Ve las decisiones adoptadas, los aciertos y los fallos estratégicos. Evidencia los aspectos más relevantes en la economía y en los sistemas de reclutamiento.

Al final de leer análisis bien llevados sobre hechos pasados, uno concluye que los líderes de un bando se lanzaron a una guerra que estaba perdida desde el inicio, y que cometieron fallos injustificables desde el punto de vista político, económico y estratégico.

Pero cuando recordamos cómo se ven las cosas en el presente, mientras los hechos están abiertos a mil opciones, y lo fácil que es equivocarse por la falta de perspectiva, por las prisas, por las ambiciones o por los odios, entonces resultan más comprensibles (aunque no justificables) los errores de unos o de otros en el pasado.

En la vida tenemos que afrontar cientos de decisiones. Si tuviéramos la posibilidad de ver las cosas de un modo sereno y completo, cometeríamos menos errores y tomaríamos decisiones bastante sensatas.

Desde luego, quedan siempre abiertos espacios a comportamientos imprevisibles de otros o a golpes de suerte o de mala suerte (mejor, a coincidencias favorables o desfavorables) que llevan a desenlaces inimaginables.

Sin embargo, la mayoría de las veces buenos análisis permiten opciones acertadas y resultados bien merecidos, con lo que ello implica de seguridad y de satisfacción. Lo que ocurre es que esos buenos análisis no siempre están al alcance de la mano.

Antes de los hechos resulta casi imposible prever todo lo que puede ocurrir. Después de los hechos, somos capaces de desentrañar causas y efectos, lo cual puede servir para mejorar en el futuro.

En un mundo lleno de indeterminaciones, con mentes no siempre perspicaces y corazones muchas veces cegados por las pasiones, no hay casi nunca certezas sobre lo que puedan ser los hechos futuros.

A pesar de tanta indeterminación, una sana prudencia, unida a la confianza en Dios, permite seguir en camino con compromisos orientados a promover el bien y la justicia, a reparar daños producidos por mil causas diferentes, y a esperar que un día tras la muerte llegará el triunfo completo de quienes se abrieron a Dios y a los hermanos.


 



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