Del Dicho al Hecho

El juicio a Genaro García Luna va más allá de las drogas

2023-01-24

Esa examinación podría conducir a conclusiones complicadas, pero aun así...

León Krauze | The Washington Post

El martes 17 de enero, dentro del mismo juzgado federal en Brooklyn donde el infame narcotraficante Joaquín el “Chapo” Guzmán fue sentenciado a cadena perpetua en 2019, otra notoria figura de la violenta guerra contra las drogas en México fue llevada a juicio.

Pero no estamos hablando de cualquier personaje.

Entre 2006 y 2012, como titular de la poderosa Secretaría de Seguridad Pública de México, Genaro García Luna lideró casi por sí solo la estrategia contra los cárteles del país. Elegido por el entonces presidente Felipe Calderón para domar al crimen organizado y rediseñar la policía en México, García Luna disfrutó de una influencia universal. Dirigió la Policía Judicial Federal de México con mano de hierro, a menudo monopolizando el acceso a la información y las operaciones. “Para evitar la corrupción, compartimentó la información. No quería que nadie tuviera el panorama completo de lo que estaba sucediendo”, me dijo el periodista Julián Andrade. “El único problema, por supuesto, era que el único que lo sabía todo era el propio García Luna”.

El juicio de García Luna tiene amplias implicaciones para la política de México. Es el funcionario mexicano de más alto rango en ser juzgado en un tribunal de justicia de Estados Unidos y su posible condena ilustraría la magnitud en la que los líderes mexicanos son cómplices del crimen organizado. Si la acusación tiene éxito, el proceso también podría conducir a revelaciones que podrían sacudir la política mexicana y el modelo de la guerra contra el narcotráfico. Calderón, quien fue el hombre que eligió darle poder y proteger a García Luna, enfrentará preguntas incómodas sobre su propia participación, una posibilidad que muy probablemente le fascine a su viejo rival, el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Cuando García Luna estaba en la cima de sus poderes, pocos podrían haber imaginado que alguna vez enfrentaría una situación como la que enfrenta en la actualidad. “Era muy autoritario, y siempre tenía el control. La prensa le tenía miedo”, me dijo la periodista Peniley Ramírez, quien realizó un perfil de García Luna para el pódcast “USA v. Garcia Luna”. Ramírez describe a un hombre con un narcisismo sin límites. “Estaba obsesionado con James Bond y se veía a sí mismo como un héroe”, afirmó Ramírez. Julián Andrade recuerda a un hombre “meticuloso, inteligente y bien preparado” que se convirtió en el rostro de “miles” de policías mexicanos que lo seguían de manera religiosa. Su autoridad superaba las fronteras mexicanas. Según Ramírez, García Luna “era un aliado muy importante para el FBI y recibía material extremadamente confidencial de manera regular”.

Las autoridades estadounidenses arrestaron a García Luna en Texas en 2019. En la actualidad se enfrenta a una larga lista de cargos, entre los que se encuentran aceptar millones de dólares en sobornos a cambio de apoyar al cártel de Sinaloa de Guzmán y su enorme red de narcotráfico. En total, alega la fiscalía, García Luna ayudó a la organización a contrabandear más de 50 toneladas de cocaína a Estados Unidos. “García Luna traicionó a quienes juró proteger”, afirmó Seth D. DuCharme, fiscal interino para el Distrito del Este de Nueva York, al anunciar la acusación.

Lo que revelará el juicio es tema de intensa especulación. “Podría resultar bastante decepcionante”, me dijo el experto en seguridad nacional mexicano Alejandro Hope. “Lo más probable es que el caso dependa de declaraciones de testigos colaboradores (muchos de ellos narcotraficantes) que ya se han hecho públicas”. Durante el juicio del Chapo, Jesús “El Rey” Zambada, un notorio miembro del cartel de Sinaloa, reveló que García Luna había recibido millones en sobornos escondidos en maletas para evitar que las fuerzas de seguridad intervinieran en las operaciones del cártel. Queda por ver si otros corroborarán la magnitud y el alcance de la corrupción de García Luna, quien ha negado haber incurrido en alguna irregularidad.

El juicio podría revelar el rol de algunos funcionarios públicos manchados por la colusión con los cárteles, tanto en México como en Estados Unidos, comenzando con el aparato de seguridad nacional que lideró García Luna y las asociaciones que construyó en México y en el extranjero durante el gobierno de Calderón. “La misma policía mexicana será juzgada”, me dijo Andrade. “Se puede ver la huella de García Luna en todo un sistema de vigilancia y seguridad que abarca varias generaciones”.

Esto podría llegar hasta lo más alto del poder, al hombre que eligió y protegió a García Luna a pesar de las sospechas de conductas ilícitas: el expresidente Calderón. “¿Por qué Calderón apoyó a García Luna?” se pregunta Ramírez. “¿Por un simple asunto de terquedad? ¿Porque quería confiar en él? Quizás le debía algo a García Luna o tal vez él mismo recibió dinero. Eso es lo que pudiéramos descubrir”.

Si el legado de Calderón queda arruinado y su honestidad termina cuestionada, el gobierno actual de México celebraría su caída. López Obrador siempre ha visto a Calderón, quien lo derrotó por un estrecho margen en 2006 (en unas elecciones que López Obrador ha calificado de fraudulentas), como su principal adversario político. Es casi seguro que la caída en desgracia de Calderón le daría un impulso a López Obrador, justo en un momento en el que se está preparando para solidificar el control del poder de su partido en la campaña presidencial de 2024.

Sin embargo, a pesar de toda su relevancia política, el juicio de García Luna tiene el potencial de brindarle un servicio más amplio a la población mexicana. Podría acercar a México a la resolución de un conflicto que ha durado casi dos décadas. Confirmar la podredumbre de la estructura de seguridad que comenzó la guerra contra los cárteles podría generar un debate sobre la validez de una lucha que le ha costado al país cientos de miles de vidas. Esa examinación podría conducir a conclusiones complicadas, pero aun así sería una mejor opción que el engaño y la corrupción. Y para México, eso sería un cambio muy bien recibido.



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