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Cara a cara en Berlín para formar Gobierno 

2017-12-01

Durante las últimas semanas, el nerviosismo en la clase política alemana se ha hecho...

PABLO LÓPEZ BARBERO | El Mundo

La primera reunión entre la canciller en funciones Angela Merkel y el líder socialdemócrata Martin Schulz desde los comicios de septiembre podría suponer el principio del fin de un periodo de incertidumbre política en Alemania que dura ya casi diez semanas. Aunque no trascendió nada de su contenido, las más de dos horas de encuentro abrieron una vía de diálogo impensable tras los comicios, cuando Schulz afirmó que su partido pasaría a la oposición en busca de su "regeneración" tras cuatro años como socio minoritario del Ejecutivo de Angela Merkel.

Al término de la reunión no hubo declaraciones, puesto que cada uno de los líderes evaluará lo abordado primero con su partido, pero son muchos en Alemania los que creen que ayer se puso la primera piedra de una nueva gran coalición. De prosperar, las negociaciones podrían alargarse hasta principios del próximo año. El ministro de exteriores, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, dijo ayer a la cadena ZDF que nadie debe esperar que su partido acepte "inmediatamente" formar parte de una nueva coalición.

Durante las últimas semanas, el nerviosismo en la clase política alemana se ha hecho cada vez más palpable. El ministro del Interior de Alemania, Thomas de Maizière, dijo pocas horas antes de la reunión que la formación de un Gobierno estable en Alemania es "muy urgente", entre otras cosas, para mantener la lucha efectiva contra el terrorismo.

La presión recae sobre los socialdemócratas del SPD, que tienen en sus manos evitar un gobierno en minoría de Merkel o la repetición de elecciones, ambas opciones poco deseables en un país que no es dado a los experimentos en la arena política. "Alemania y Europa necesitan estabilidad", es uno de los mensajes más repetidos desde el fracaso de las negociaciones entre conservadores, liberales y ecologistas el pasado 19 de noviembre.

La esperada reunión tuvo lugar en el palacio presidencial de Bellevue, con el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, como anfitrión. El jefe de estado ha cobrado gran relevancia estos días después de convocar a todos los partidos para buscar una salida a esta crisis. La reedición de una gran coalición cuenta con su simpatía, al igual que la de la mayoría de alemanes: el 61 por ciento ve con buenos ojos esta opción, según una encuesta publicada ayer por el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung.

El dilema al que se enfrentan los socialdemócratas es mayúsculo, con crecientes presiones internas y externas en todos los sentidos. Una gran parte de la opinión pública le exige responsabilidad, pues en sus manos está dar carpetazo a este periodo de incertidumbre. Pero los sectores más críticos del SPD rechazan volver a ejercer de socio minoritario de Merkel, después de que Schulz negara en rotundo tal posibilidad. Las juventudes del partido ya han advertido a su líder de que deberá mantener su promesa.

En cualquier caso, el congreso federal del partido que se celebrará entre el 7 y el 9 de diciembre será clave para el futuro de las negociaciones. De prosperar la reunión de ayer, el propio congreso deberá decidir si el partido vuelve a la mesa para negociar una coalición que, como en la pasada legislatura, tendría que ratificar la militancia en un referéndum. Hace cuatro años, la gran coalición recibió el aval del 75,9 por ciento de los militantes del partido. Pero el escenario ha cambiado, tras unas elecciones en las que el SPD obtuvo los peores resultados de su historia (20,5 % de los votos) y con la ultraderecha de Alternativa para Alemania como tercera fuerza del Bundestag.

A sabiendas de que la patata caliente está en manos de su principal rival político, en la última semana Merkel no ha reparado en guiños a los socialdemócratas. En un acto con la patronal ayer, la canciller prometió más inversión pública, uno de los caballos de batalla de los socialdemócratas. "Eso me guiará en mis conversaciones con el SPD ", señaló la mandataria. Pocos días antes ya dijo en un congreso regional de su partido: "(El SPD y la CDU) hemos trabajado muy bien juntos. Debemos mejorar en aquello que no funcionó".

Pero también se produjeron momentos de tensión que a punto estuvo de dar al traste con el incipiente acercamiento, como la polémica del glifosato. Esta semana, el ministro de Agricultura, el conservador bávaro, Christian Schmidt, decidió votar a favor de la renovación en la UE de la licencia al herbicida, cuando los socialdemócratas estaban en contra y, por respeto al acuerdo de gobierno, Alemania se debía haber abstenido. El SPD consideró el movimiento de Schmidt una ruptura explícita del pacto de coalición y Merkel, en un intento de templar los ánimos, llamó al orden en público a Schmidt y pidió a todos los ministros respeto a los acuerdos.



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