Miscelánea Humana

¿Cómo debería cambiar la variante delta nuestra forma de vida?

2021-08-22

Esa es una manera de interpretar los datos. Es cierto que las vacunas no son una armadura a prueba...

Leana Wen, The Washington Post

Hace unas semanas, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) de Estados Unidos emitieron nuevos lineamientos para el uso de cubrebocas basados en evidencias de que las personas vacunadas pueden infectarse y transmitir a otros la variante delta, más contagiosa. Muchas personas que pensaban que las vacunas les permitirían volver a la normalidad prepandémica se preguntan ahora si deberían cambiar la manera en que desarrollan su vida cotidiana.

Si bien la variante delta modifica el cálculo de riesgo, no significa que tengamos que volver a confinarnos en casa. Al momento de decidir qué actividades realizar, las personas vacunadas deberían considerar dos factores: el riesgo médico de su hogar y el valor que tienen las actividades para ellas.

Alguien que esté vacunado, que por lo general está sano, y que vive solo o comparte un hogar con otras personas que también están vacunadas y sanas, podría decidir que tiene la suficiente protección como para no cambiar nada. Según los datos de los CDC, las personas vacunadas tienen aproximadamente ocho veces menos probabilidades de infectarse que las no vacunadas. Incluso si contraen COVID-19, lo más probable es que una persona vacunada experimente síntomas similares a los de un resfriado común; después de todo, las vacunas reducen 25 aplastantes veces la posibilidad de una enfermedad grave.

Pero, ¿no es esa la advertencia que nos dejó lo ocurrido en Provincetown, Massachusetts? ¿No fue el hecho de que varios fiesteros bajaran la guardia lo que causó que alrededor de 965 personas se infectaran, incluidas muchas que ya estaban vacunadas? Los CDC citan directamente este brote al momento de pedirle a gente vacunada que vuelvan a utilizar los cubrebocas.

Esa es una manera de interpretar los datos. Es cierto que las vacunas no son una armadura a prueba de balas y que pueden ocurrir infecciones posvacunación. Sin embargo, consideremos el hecho de que se estima que 60,000 personas se reunieron en Provincetown durante las celebraciones del 4 de julio. Los restaurantes, bares y fiestas en casa estuvieron repletos de personas. Algunos de los infectados reportaron haber tenido contacto cercano prolongado con otros. Otra conclusión de este evento es que fue la prueba de fuego definitiva de las vacunas, y la superaron con gran éxito: solo alrededor de 1.6% se infectó, solo siete personas fueron hospitalizadas, y nadie falleció.

Si a los asistentes se les hubiese informado de estas probabilidades con anticipación, es probable que muchos de los que tenían problemas médicos subyacentes o eran más reacios al riesgo hubieran tomado precauciones adicionales. Es posible que algunos de ellos no hubiesen ido. Pero habrá quienes seguirían creyendo que el valor del evento eran tan alto que habrían corrido el riesgo y no habrían cambiado nada.

Sin embargo, ¿qué pasa con las personas que podrían no preocuparse por ellas mismas, pero que viven con familiares no vacunados o inmunodeprimidos? Esa es la situación en la que me encuentro, con dos niños pequeños. Mi esposo y yo somos cuidadosos por ellos. Mi consejo para aquellos que comparten nuestra situación es que continúen con las actividades que les interesen mientras reducen los riesgos. Sal a comer a un restaurante, pero procura que sea un sitio al aire libre. Mantén tus planes de vuelo pero utiliza un cubrebocas de alta calidad todo el tiempo. Ve al gimnasio, pero durante las horas en las que no vaya tanta gente y tengas más espacio para ti.

Puede que hayan eventos de alto riesgo que tengan un valor tan importante para ti que sientas que vale la pena la posible exposición. Si no puedes tomar precauciones durante el evento, cumple con una cuarentena de al menos tres días justo después y luego hazte la prueba. Quizás normalmente evitas las reuniones en espacios cerrados con personas sin cubrebocas y no vacunadas, pero puedas hacer una excepción por la boda de tu hermana. Tal vez hayas reducido en lo posible la cantidad de viajes de negocios, pero podrías asistir a una importante conferencia en persona. Quizás eres un abuelo que se tomó unas vacaciones muy esperadas que involucran muchas cenas en restaurantes. Considera tomar precauciones adicionales antes de pasar tiempo en espacios cerrados con familiares vulnerables.

Recuerda que las personas vacunadas están más seguras con otras que también estén completamente vacunadas. Los CDC no han dicho esto, pero creo que un lugar de trabajo donde sea obligatorio haberse vacunado puede decidir que los cubrebocas sean opcionales si está ubicado en una jurisdicción donde eso esté permitido. Si las personas que me rodean tienen una probabilidad ocho veces menor de infectarse, y yo tengo ocho veces menos probabilidades de contraer COVID-19 de ellos, ese riesgo es suficientemente bajo para mí. Esto también aplica en entornos sociales: asistiría a una cena en un espacio cerrado con todas las personas vacunadas, incluso si alguien allí pudiera estar involucrado en un comportamiento de alto riesgo. Sin embargo, no tendría a esta persona cerca de mis hijos a menos que antes haya cumplido con una cuarentena y se haya realizado la prueba. Los únicos adultos en contacto cercano con nuestros hijos son aquellos que también tienen un estilo de vida de bajo riesgo, es decir, que pasan tiempo solo con personas vacunadas y utilizan cubrebocas en lugares públicos cerrados.

Ten en cuenta que mis recomendaciones dejan que las decisiones sean individuales. Las personas vacunadas en Estados Unidos constituyen una pequeña minoría —algunos estiman que menos del 6%— del total de casos de coronavirus. Israel, que tiene un sistema de rastreo de contactos mucho mejor que Estados Unidos, informó que 80% de los vacunados no infectó a nadie en los espacios públicos. Incluso si le pidiéramos a los vacunados que restringieran de manera significativa sus actividades, eso difícilmente haría mella en la cantidad total de infecciones, y podría terminar siendo un gran desincentivo para la vacunación. Debemos ayudar a guiar a las personas vacunadas a que tomen las mejores decisiones para ellas y limitar cualquier restricción con aquellas que en realidad ponen en peligro la salud pública: las que siguen optando por no vacunarse.



JMRS