Reportajes

Soldados rusos en Ucrania: “Nunca he visto un infierno así”

2023-02-23

A medida que los soldados se daban cuenta de lo mucho que los habían engañado,...

Por ERIKA KINETZ

KIEV, Ucrania (AP) — ¿Cómo es posible que personas que han crecido con un sentido del bien y del mal acaben implicadas en actos terribles de violencia contra otros?

Ese es el misterio humano en el corazón de unas 2,000 llamadas telefónicas interceptadas de los soldados rusos en Ucrania. Las escuchas, obtenidas por The Associated Press, revelan una perspectiva nueva y desgarradora de la guerra que libra desde hace un año el presidente ruso Vladimir Putin, vista a través de los ojos de los propios soldados rusos.

La AP verificó las llamadas, realizadas en marzo de 2022 por soldados de una división militar que, según los fiscales ucranianos, cometieron crímenes de guerra en Bucha, una ciudad en las afueras de Kiev que se convirtió en un símbolo temprano de las atrocidades rusas.

Muestran lo poco preparados que estaban los jóvenes soldados —y su país— para la guerra que se avecinaba. Muchos se unieron al ejército porque necesitaban dinero y se les informó de su despliegue en el último minuto. Les dijeron que serían bienvenidos como héroes por liberar a Ucrania de sus opresores nazis y sus patrocinadores occidentales, y que Kiev caería sin derramamiento de sangre en una semana.

Las escuchas muestran que, a medida que los soldados se daban cuenta de lo mucho que los habían engañado, aumentaba su miedo. La violencia, antes impensable, se convirtió en algo normal. Los saqueos y el consumo de alcohol ofrecían momentos de un raro respiro. Algunos dicen que cumplían órdenes de matar a civiles o prisioneros de guerra.

Les cuentan a sus madres cómo es esta guerra en realidad: sobre el adolescente ucraniano al que le cortaron las orejas. Cómo el ruido más aterrador no es el silbido de un cohete que pasa volando, sino el silencio que significa que viene directamente hacia ti. Cómo las armas modernas pueden destruir de tal manera un cuerpo humano que no queda nada que devolver a casa.

Escuchamos cómo sus madres se esfuerzan por conciliar su orgullo y su horror, y cómo sus esposas y padres les ruegan que no beban demasiado y que por favor llamen a casa.

Estas son las historias de tres de esos hombres: Ivan, Leonid y Maxim. La AP no está usando sus nombres completos para proteger a sus familias en Rusia. La AP confirmó que estuvieron en las zonas donde se cometieron las atrocidades, pero no tiene pruebas de sus acciones individuales más allá de lo que ellos mismos admiten.

La AP habló con las madres de Ivan y Leonid, pero no pudo comunicarse con Maxim o su familia. AP verificó estas llamadas con la ayuda del Dossier Center, un grupo de investigación en Londres financiado por el disidente ruso Mikhail Khodorkovsky. Las conversaciones han sido editadas para efectos de extensión y claridad.

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En una producción conjunta el sábado 25 de febrero, The Associated Press y el sitio web, programa de radio público y podcast “Reveal” del Center for Investigative Reporting transmitirán un audio nunca escuchado de soldados rusos mientras enfrentan la brutalidad de la guerra de Rusia en Ucrania y la perpetran.

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LEONID

Leonid se convirtió en soldado porque necesitaba dinero. Estaba endeudado y no quería depender de sus padres.

“Yo simplemente no estaba preparada emocionalmente para que mi hijo fuera a la guerra a la edad de 19 años”, declaró su madre a la AP en enero. “Ninguno de nosotros había experimentado algo así, que su hijo viviría en un momento en el que tiene que ir a luchar”.

La madre de Leonid alega que Rusia necesita protegerse de sus enemigos, pero, como muchos otros rusos, esperaba que su país se apoderara rápidamente de zonas en el este de Ucrania. En cambio, la unidad de Leonid se quedó atrapada en Bucha.

“Nadie pensó que esto sería tan terrible”, manifestó su madre. “Mi hijo sólo dijo una cosa: ‘Mi conciencia está tranquila. Ellos abrieron fuego primero’. Eso es todo”.

En las llamadas, hay una evidente disonancia moral entre la forma en que la madre de Leonid lo crio y lo que está viendo y haciendo en Ucrania. Aun así, defendió a su hijo, insistiendo en que él nunca estuvo en contacto con civiles en Ucrania.

Aseguró que todo era tranquilo y civilizado, que no hubo problemas en los retenes y que no ha pasado nada malo. Sostiene que la guerra no cambió a su hijo.

Ella se negó a escuchar cualquiera de las grabaciones: “Esto es absurdo”, alegó. “Simplemente, no intentes hacer que parezca que mi hijo mató a personas inocentes”.

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UNO: Mata si no quieres que te maten.

La introducción de Leonid a la guerra se produjo el 24 de febrero, cuando su unidad cruzó a Ucrania desde Bielorrusia y diezmó un destacamento de ucranianos en la zona fronteriza. Después de su primera pelea, Leonid parece tener compasión por los jóvenes soldados ucranianos que acababan de matar.

Madre: “¿Cuándo te asustaste?”.

Leonid: “Cuando nuestro comandante nos advirtió que nos dispararían, al 100 %. Nos advirtió que, aunque nos bombardearan y nos dispararan, nuestro objetivo era pasar”.

Madre: “¿Te dispararon?”.

Leonid: “Por supuesto, pero los derrotamos”.

Madre: “Mmm. ¿Ustedes dispararon desde sus tanques?”.

Leonid: “Sí, lo hicimos. Disparamos desde los tanques, con ametralladoras y rifles. No tuvimos pérdidas. Destruimos sus cuatro tanques. Había cadáveres tirados y ardiendo. Entonces, ganamos”.

Madre: “¡Oh, qué pesadilla! Lyonka, querías vivir en ese momento, ¿verdad, cariño?”.

Leonid: “¡Más que nunca!”.

Madre: “Más que nunca, ¿verdad cariño?”.

Leonid: “Por supuesto”.

Madre: “Es totalmente horrible”.

Leonid: “Estaban tirados allí, sólo tenían 18 o 19 años. ¿Soy diferente a ellos? No, no lo soy”.

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DOS: Las reglas de la vida normal ya no se aplican.

Leonid le dice a su madre que el plan era que se apoderaran de Kiev en una semana, sin disparar una sola bala. En cambio, su unidad comenzó a recibir disparos cerca de Chernóbil. No tenían mapas y los ucranianos habían quitado todas las señales de tránsito.

“Fue tan confuso”, dice. “Estaban bien preparados”.

Sin haberse esperado un ataque prolongado, los soldados rusos se quedaron sin suministros básicos. Una forma de obtener lo que necesitaban —o querían— era robar.

Muchos soldados, entre ellos Leonid, hablan de dinero con la cautelosa precisión que surge de no tener suficiente. Algunos reciben pedidos de amigos y familiares de conseguir zapatos de ciertas tallas y repuestos para autos específicos, orgullosos de volver a casa con algo para dar.

Cuando Leonid le cuenta casualmente a su madre sobre el saqueo, al principio no puede creer que esté robando, pero se ha vuelto normal para él.

Mientras habla, ve arder una ciudad en el horizonte.

“Qué belleza”, expresa.

Leonid: “Mira, mamá, estoy viendo toneladas de casas —no sé, decenas, cientos— y todas están vacías. Todos huyeron”.

Madre: “Entonces toda la gente se fue, ¿verdad? Ustedes no las están saqueando, ¿verdad? ¿No vas a entrar en las casas de otras personas?”.

Leonid: “Por supuesto que lo vamos a hacer, mamá. ¿Estás loca?”.

Madre: “Oh, sí lo haces. ¿Y qué te llevas de ahí?”.

Leonid: “Nos llevamos comida, ropa de cama, almohadas, mantas, tenedores, cucharas, sartenes”.

Madre: (riendo) “Tienes que estar bromeando”.

Leonid: “Quien no los tenga, se lleva calcetines, ropa interior limpia, camisetas y suéteres”.

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TRES: El enemigo es todo el mundo.

Leonid le cuenta a su madre sobre el terror de salir de patrulla y no saber con qué o con quién se van a encontrar. Describe cómo usa fuerza letal a la menor provocación contra casi cualquier persona.

Al principio, ella parece no creer que los soldados rusos puedan estar matando civiles.

Leonid le dice que a los civiles se les ordenó que huyeran o que se refugiaran en sótanos, por lo que cualquiera que esté afuera no debía ser un verdadero civil. Putin y otros les habían dicho a los soldados rusos que serían recibidos como libertadores y que cualquiera que se resistiera era un fascista o un insurgente, no un civil verdadero.

Se trataba de una guerra de toda la sociedad. La misericordia era para los tontos.

Madre: “¡Ay, Lyonka, has visto tantas cosas allí!”

Leonid: “Bueno... hay civiles tirados allí, en la calle, con el cerebro de fuera”.

Madre: “Oh Dios, ¿te refieres a los residentes?”

Leonid: “Sí, bueno, claro, sí”.

Madre: “¿Son a los que les dispararon o a los que…”

Leonid: “Los que mató nuestro ejército”.

Madre: “Lyonya, puede que sean gente pacífica”.

Leonid: “Mamá, hubo una batalla y entonces un tipo simplemente aparecía, ¿sabes? Quizá sacaría un lanzagranadas... O hubo un caso, detuvieron a un joven y le quitaron el celular. Tenía toda información sobre nosotros en sus mensajes de Telegram: dónde atacar, cuántos éramos, cuántos tanques tenemos. Y eso es”.

Madre: “¿Entonces sabían todo?”.

Leonid: “Le dispararon allí mismo, en el acto”.

Madre: “Mm”.

Leonid: “Tenía 17 años. Y eso es todo, ahí mismo”.

Madre: “Mm”.

Leonid: “Había un prisionero. Era un chico de 18 años. Primero, le dispararon en la pierna. Luego le cortaron las orejas. Después de eso, admitió todo y lo mataron”.

Madre: “¿Él lo admitió?”.

Leonid: “Nosotros no los encarcelamos. O sea, los matamos a todos”.

Madre: “Mm”.

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CUATRO: Lo que se necesita para llegar vivo a casa.

Leonid le dice a su madre que en cinco ocasiones casi lo matan. Todo está tan desorganizado, dice, que no es raro que los rusos disparen contra sus propios soldados, algo que incluso le pasó a él. Algunos soldados se pegan un tiro sólo para obtener una licencia médica, asegura.

En otra llamada, le dice a su novia que envidia a sus amigos a quienes les dispararon en los pies y que pudieron irse a casa. “Una bala en el pie es como cuatro meses en casa con muletas”, expresa. “Sería genial”.

Luego cuelga debido a disparos en su dirección.

Madre: “Hola, Lyonechka”.

Leonid: “Sólo quería llamarte de nuevo. Puedo hablar ahora”.

Madre: “Oh, eso es bueno”.

Leonid: “Aquí hay gente que se pega un tiro”.

Madre: “Mm”.

Leonid: “Lo hacen por el dinero del seguro. ¿Sabes dónde se pegan un tiro?”.

Madre: “Eso es una tontería, Lyonya”.

Leonid: “En la parte inferior del muslo izquierdo”.

Madre: “Es una torntería, Lyonya. Están locos, lo sabes, ¿verdad?”.

Leonid: “Algunas personas están tan asustadas que están listas para hacerse daño, sólo para irse”.

Madre: “Sí, es miedo, qué puedes hacer aquí, es miedo humano. Todo el mundo quiere vivir. No discuto eso, pero por favor no lo hagas. Todos rezamos por ti. Deberías persignarte en cualquier oportunidad que tengas, simplemente aléjate de todos y hazlo. Todos rezamos por ti. Todos estamos preocupados”.

Leonid: “Estoy parado aquí, ¿y sabes cuál es la situación? Ahora estoy a 30 metros (100 pies) de un cementerio enorme” (ríe).

Madre: “Ay, eso es horrible… que se acabe pronto”.

Leonid le dice a su novia que tuvo que aprender una forma de despejar su mente.

“Imagínate, es de noche. Estás sentado en la oscuridad y todo está tranquilo. A solas con tus pensamientos. Y día tras día, te sientas solo, con esos pensamientos”, le dice a su novia. “Ya aprendí a no pensar en nada mientras estaba sentado afuera.

Leonid promete llevar a casa una colección de balas para los niños. “Trofeos de Ucrania”, los llama.

Su madre dice que lo estará esperando.

“Por supuesto que regresaré, ¿por qué no?”, responde Leonid.

“Por supuesto que vendrás”, dice su madre. “No hay dudas. Te quiero Por supuesto que regresarás. Tú eres mi felicidad”.

Leonid regresó a Rusia en mayo, herido de gravedad, pero vivo. Le dijo a su madre que Rusia ganará esta guerra.



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