Ecología y Contaminación

¿Es posible desarrollar una economía azul?

2016-11-01

Para las economías de los 37 países caribeños bienvenidos sea tal incremento comercial, en especial...

Mary Stokes, El País

En junio de este año se completó la expansión del Canal de Panamá, la mayor obra de ingeniería de nuestro tiempo. Con la nueva vía que conecta a los dos mayores océanos del planeta, se calcula que para 2020 habrá dos veces más tránsito marino cruzando el Mar Caribe en camino a o volviendo de la vía transoceánica. Para ponerlo en contexto, en 2012 uno de cada 12 de todos los barcos cargueros del mundo transitaron por la región.

Para las economías de los 37 países caribeños bienvenidos sea tal incremento comercial, en especial tras décadas de bajo crecimiento de los estados insulares de la región. Sin embargo, esa bonanza no es sin un costo y la región se encuentra en una encrucijada.

El mar define el Caribe

El mar le da vida a la región caribeña. Las playas blancas atraen a millones de turistas cada año, sus aguas transparentes conectan a las islas y el turismo provee empleo para más de dos millones de personas.

Sin embargo, mientras en la tierra se puede distinguir fácilmente entre zonas agrícolas, industriales y urbanas, por ejemplo, en el mar, las divisiones no son tan evidentes. Así a menudo todas estas actividades se realizan en la misma área con poca consciencia del daño que se puede estar causando debajo del agua.

Los recursos del mar no son infinitos y según un nuevo informe del Banco Mundial ya es hora de cambiar la percepción con respecto a la cuenca caribeña si se quiere proteger a sus poblaciones más vulnerables. En particular, el informe arroja luz sobre el impacto que tiene el deterioro de la salud del ámbito marino en algunos sectores claves. Estos son algunos:

1.5 millones de personas dependen de la pesca en el Mar Caribe para su sustento o del pescado para la seguridad alimentaria. Sin embargo, la sobrepesca causó que entre 1998 y 2010 las descargas de pescado se redujeran en un 42%.

Un 75% de los arrecifes en el Mar Caribe están amenazados por la contaminación o el aumento del desarrollo costero en la región. En consecuencia, la capacidad del arrecife de proteger a la costa caribeña de los oleajes se ve reducida, haciéndola más vulnerable a la erosión, en especial en épocas de huracanes.

El 70% de las playas del Caribe están afectadas por la erosión debido a la pérdida de arrecifes, el aumento en el nivel del mar y el desarrollo costero excesivo. Según otro estudio liderado por expertos del Banco Mundial, tres capitales caribeñas -Santo Domingo, La Habana, y Puerto Príncipe- además de Barranquilla en la costa colombiana, están dentro de las 20 ciudades con mayor incremento de riesgo de inundaciones ante una subida del nivel del mar.

“El desarrollo costero, por ejemplo rellenar los humedales o endurecer la costa para la construcción, ha alterado significativamente los ecosistemas y sus procesos”, destaca el informe. “Los estudios muestran que los hábitats costeros (arrecifes, manglares, bosques de algas) reducen el tamaño de las olas en un 35% a 71% y así ayudan a reducir las inundaciones.”

Sin embargo, el informe afirma que el desarrollo costero no es contraproducente en sí mismo, siempre y cuando se realice suficiente planificación para reducir el daño al ecosistema.

Del verde al azul

El Mar Caribe cubre menos del 1% del área global de océanos pero su importancia excede de lejos su tamaño: en 2012 se generaron unos 407,000 millones de dólares en la subregión, equivalente hasta un 27% del valor estimado de la economía oceánica global, según datos del Banco Mundial.

Además, de acuerdo con datos de la OCDE, la economía del océano tiene la capacidad de duplicar su contribución al PIB global dentro de los próximos 15 años, pero esto sólo se podrá concretar si existe un esfuerzo concertado y compartido para asegurar la sostenibilidad del entorno marino.

La buena noticia es que todavía hay tiempo.

El concepto de sostenibilidad se ha convertido en una prioridad global, por lo que parece haber llegado el momento de proteger también los mares, y hacer más “azules” nuestras vidas.

El entorno marino no existe en un vacío. Más bien, las vidas de los 166 millones de personas que viven dentro de 100 km de la costa caribeña, impactan fuertemente la salud del mar que les rodea.

Un 70% de la basura marina se origina en tierra, de lo cual un 90% es plástico, amenazando a la fauna marina que lo ingiere o se enreda en los restos.

El uso de fertilizantes nitrogenados ha aumentado en un 500% a nivel mundial provocando múltiples “zonas muertas”, donde el agua ya no puede soportar vida dada la falta de oxígeno.

Un 85% de aguas residuales en el Caribe no se trata y se descarga directamente al Mar Caribe.

El primer paso hacia un océano más sano es la protección. Y dentro del Mar Caribe, los países de la Organización de Estados del Caribe Occidental (OECO) han aceptado el desafío.

Aunque son pequeños estados, los esfuerzos que realiza la OECO son significativos dentro de la región, dado que cubre un área 100 veces más grande que la suma de sus territorios respectivos.

Allí, el turismo genera un 75% del PIB de la subregión, y sus playas y mares son una de las atracciones más grandes. En este sentido, los nueve países del bloque ya se han comprometido a proteger a por lo menos una quinta parte de sus aguas territoriales para el 2020.

Además, han logrado desarrollar una base de datos común para apoyar la investigación marina y el cumplimiento de los estándares; también han establecido un equipo para la gobernanza de los océanos que cuenta con un represente de cada país. La cooperación multilateral ha creado mayor voluntad política para incluir la economía oceánica en sus modelos de desarrollo.



JMRS