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TLCAN: para Trump es una victoria para México; para los mexicanos una gran decepción

2017-01-08

Trump cuestionó las virtudes del TLCAN como uno de los puntos centrales de su campaña; en un...

Azam Ahmed y Elisabeth Malkin, The New York Times

APODACA, México — En los 30 años que lleva trabajando en la planta de Whirlpool de esta ciudad industrial, José Luis Rico ha sido testigo de varios cambios importantes.

La fuerza laboral ha crecido para producir más refrigeradores, que hoy en día se parecen más a unos robots que a los simples modelos que ensamblaba cuando comenzó su carrera. Potenciar esos cambios formó parte del acuerdo de libre comercio entre México, Canadá y Estados Unidos que prometió impulsar a México hacia el futuro.

Lo que no parecía crecer, sin embargo, era el salario de Rico. Después de varios aumentos todavía gana menos de diez mil dólares al año, una suma que, según el, difícilmente convierte a México en el gran beneficiado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), como asegura el presidente electo Donald Trump.

De hecho, tanto para Rico como para muchos trabajadores, políticos y economistas mexicanos, el TLCAN no se siente como una victoria en absoluto.

“Es más como sobrevivir”, dijo Rico. “Pensé que este acuerdo mejoraría mi vida y crearía oportunidades para todos”.

“Tal vez lo ha hecho”, añadió mientras señalaba el logotipo de Whirlpool en la entrada del complejo industrial. “Solo que no para nosotros”.

Trump cuestionó las virtudes del TLCAN como uno de los puntos centrales de su campaña; en un momento llegó a calificarlo como “el peor acuerdo comercial jamás firmado en cualquier parte”, y no ha parado de criticarlo desde su elección. Hace poco atacó a General Motors por importar automóviles fabricados en México y reclamó el crédito de la decisión de Ford de cancelar la construcción de una nueva fábrica en San Luis Potosí. Además nombró a Robert Lighthizer, conocido defensor de políticas proteccionistas, como su principal negociador comercial.

Sus argumentos han construido una narrativa donde las áreas en las que los trabajadores estadounidenses perdieron, fueron victorias para la economía mexicana.

Pero en México muchos creen que el TLCAN, a pesar de atraer una enorme cantidad de inversión al país, ha sido una gran decepción.

“Al final del día, como una estrategia de desarrollo, debería haber causado un mayor crecimiento sostenido, generado salarios bien pagados y reducido la brecha entre México y Estados Unidos”, dijo Gerardo Esquivel, economista del Colegio de México. “Se ha mantenido muy por debajo de lo que se esperaba”.

La economía de México ha crecido un promedio de solo 2,5 por ciento al año con el TLCAN, una fracción de lo que se necesitaba para proporcionar los empleos y la prosperidad prometida por sus impulsores. Más de la mitad de los mexicanos todavía viven por debajo de la línea de pobreza, una proporción que permanece sin cambios desde 1993, antes de que el acuerdo entrara en vigor.

Los salarios mexicanos se han estancado por más de una década, y persiste la gran brecha entre ricos y pobres. La mayoría de los trabajadores tienen empleos ilegales en talleres, mercados y granjas para poder sobrevivir.

“México está viviendo exactamente el mismo fenómeno que Estados Unidos. Los trabajadores tienen un poder de negociación cada vez menor en ambos lados de la frontera”.

Mientras tanto las nuevas tecnologías han recortado muchos empleos a la vez que aumentan la productividad, lo cual es una buena noticia para los negocios pero no para los trabajadores.

“México está viviendo exactamente el mismo fenómeno que Estados Unidos”, dijo Timothy A. Wise, investigador de Tufts University. “Los trabajadores tienen un poder de negociación cada vez menor en ambos lados de la frontera”.

Muchos expertos opinan que parte del fracaso del TLCAN para alcanzar su potencial recae en el gobierno mexicano. En vez de utilizar el acuerdo como un punto de partida para crecer e invertir en muchos sectores de la economía mexicana, los gobiernos vieron el tratado como una salida fácil para los problemas económicos del país.

Una reciente encuesta de Parametría, una respetada agencia encuestadora mexicana, mostró que más de dos tercios de los consultados creían que el TLCAN había beneficiado a los consumidores y negocios estadounidenses, mientras que solo el 20 por ciento pensaba que había sido bueno para los mexicanos. La encuesta, que consistió en 800 entrevistas realizadas en los hogares de las personas, tuvo un margen de error de más o menos 3,5 puntos porcentuales.

“Existe una gran narrativa en Estados Unidos de que México fue el gran ganador del TLCAN”, dijo Fernando Turner Dávila, secretario de Economía y Trabajo del estado industrial de Nuevo León. “Mientras tanto, aquí en México solo ven los beneficios que son glorificados. Nunca ven los inconvenientes, mucho menos hablan de ellos”.

Turner citó la pérdida de casi dos millones de puestos de trabajo en la industria agrícola debido al tratado que benefició a las industrias altamente subsidiadas de Estados Unidos que se dedican a cultivar alimentos como el maíz en detrimento de los agricultores mexicanos. Y mientras el gobierno federal estadounidense alaba el aumento de las exportaciones manufactureras, México sigue dependiendo de un tremendo número de importaciones procedentes de Estados Unidos.

“El gobierno mexicano no ha establecido políticas para proteger a las empresas mexicanas”, dijo Turner, un hombre de negocios que tiene fábricas en media docena de países.

Dicho esto, incluso críticos como Turner no quieren que se acabe el TLCAN. Es un acuerdo imperfecto que no ha cumplido su promesa, dijo. Pero también comentó que derogar el tratado sería un desastre que perjudicaría tanto a México como a Estados Unidos y ocasionaría más pérdidas de empleo.

Tampoco es algo que pueda implementarse fácilmente, sostienen los críticos.

Después de dos décadas, las dos economías están fuertemente entrelazadas. Las mercancías fabricadas por compañías que operan en ambos países, ya sean parlantes, automóviles o aviones, cruzan la frontera varias veces durante el proceso de fabricación compartido que, si se destruye, significaría la pérdida de empleos para ambos países.

“Mucha gente se consuela al pensar que es muy difícil que Estados Unidos le imponga aranceles a México, sin afectar la economía estadounidense”, dijo Christopher Wilson, un académico del Woodrow Wilson Institute. “Necesitas algo que remplace el TLCAN. De lo contrario, vas a afectar a muchos trabajadores estadounidenses”.

Los economistas reconocen que el tratado ha traído cambios positivos para México. Desde que entró en vigor, a principios de 1994, miles de millones de dólares anuales en inversión han llegado a México.

Ciudades provincianas se han convertido en centros de fabricación. Los trabajadores ensamblan los automóviles Ford Fusion híbridos en la ciudad de Hermosillo y los refrigeradores Whirlpool en Monterrey. Tijuana envía televisores de pantalla plana a través de la frontera y Querétaro fabrica piezas para helicópteros y jets corporativos.

En los últimos 20 años, esas exportaciones han sido el principal motor del crecimiento en México lo que explica por qué el gobierno está tan ansioso por defender las relaciones comerciales con Estados Unidos.

Algunos temen que sin el acuerdo, la inversión extranjera que crea nuevos empleos disminuirá o incluso desaparecerá. Esta semana, los mexicanos ya tuvieron una advertencia de los posibles efectos. Después de las bajas ventas y las críticas de Trump, Ford anunció que cancelaría la construcción de una planta de automóviles en San Luis Potosí, un estado que con el TLCAN se ha transformado en un centro para la fabricación de automóviles.

“México lo ha hecho mucho bien”, dijo Gordon H. Hanson, experto en comercio de la Universidad de California. “Tienen mucho de que estar orgullosos. Ha desarrollado una clase media que vive en las ciudades y educa a sus hijos. No es el México de 1993”.

La imagen de estas bulliciosas fábricas alimentan la idea de que México es responsable del hundimiento del corazón industrial de Estados Unidos. Pero la realidad ha resultado ser mucho más complicada.

Mientras las empresas estadounidenses trasladaron a México sus empleos con salarios bajos para seguir siendo competitivas, surgieron nuevos trabajos en Estados Unidos, en áreas como diseño, ingeniería o en plantas para fabricar piezas para las fábricas mexicanas. Al final, “el TLCAN no causó las enormes pérdidas de empleos temidas por los críticos o las grandes ganancias económicas predichas por sus partidarios”, concluyó el Congressional Research Service en 2015.

En México existía la esperanza de poder imitar el éxito de los Tigres de Asia Oriental, países como Corea del Sur, Singapur o Taiwán que utilizaron el libre comercio como catalizador para modernizar y reformar la economía a través de las exportaciones. En cambio, México produjo las exportaciones pero no el crecimiento. Incluso se quedó atrás frente a la mayoría de los países de América Latina durante los años 2000.

Pero el TLCAN no era el problema. Los expertos dicen que gran parte del error era la creencia del gobierno mexicano de que el acuerdo sería suficiente para transformar la economía. Pensando en el tratado comercial como una panacea, el gobierno no logró desarrollar una política más amplia o hacer las inversiones necesarias para que el acuerdo fuese la palanca que transformara toda la economía.

Las inversiones en investigación y desarrollo, por ejemplo, no se han materializado en el sector público ni en el privado. Los gastos gubernamentales en infraestructura han caído a su nivel más bajo en siete décadas, según los expertos, creando una red poco confiable de puertos, carreteras e incluso conexiones a internet en todo el país. La regulación y la corrupción ahogaron la inversión, mientras que los bancos prestaron mucho menos que sus pares latinoamericanos ocasionando que las pequeñas empresas lucharan por los créditos.

Incluso donde el TLCAN ha tenido éxito, no ha logrado incrementar los salarios ni crear los trabajos necesarios.

Rodolfo de la Torre, economista del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, en Ciudad de México, dijo que inicialmente los funcionarios esperaban que el TLCAN crearía más empleos para la gran masa de trabajadores con bajos niveles educativos de México. Pero a principios de los años 2000, gran parte de los trabajos de ese sector se fueron para China, donde la mano de obra era más barata.

En México, los empleos para trabajadores con mejores niveles educativos se mantuvieron, en parte por los avances tecnológicos de las plantas industriales.

Ahora, en muchos de los centros de fabricación de México, los salarios y las esperanzas se han congelado.

Durante diez años, Jorge Agustín Martínez ha conducido un montacargas para Prolec, una empresa de General Electric que fabrica transformadores. Es padre de dos hijos y gana alrededor de 100 dólares por cada semana de trabajo de seis días.

Aunque ha recibido aumentos modestos, la última reconsideración de su sueldo sucedió hace cinco años cuando el gas, la comida y los electrodomésticos eran mucho más baratos. Dijo que fue antes de que naciera su segundo hijo. Ahora entre vivienda, seguro, ahorros y otros requisitos, le quedan unos 40 dólares semanales para comprar alimentos y suplir las necesidades de su familia.

Sostiene que algunos de los ingenieros de la planta hacen más, pero nadie está prosperando. “Todos estamos en lo mismo, luchando para llegar a fin de mes”, dijo. “No conozco a nadie que esté muy cómodo”.



JMRS