Editorial

Davos advierte

2017-01-23

La gran paradoja que nos deja esta convocatoria es la asunción del máximo dirigente chino, Xi...

Editorial, El País

Un año más, el Foro Económico Mundial de Davos ha permitido tomar el pulso a los principales desafíos —políticos, económicos y medioambientales— que enfrenta el mundo. De los muchos informes presentados, el relativo a los riesgos globales (Global Risks Report) es el más relevante por su rigor e interés tanto para los Gobiernos como para las empresas con proyección internacional. En él se vienen identificando, desde hace 12 años, los factores de riesgo más relevantes y sus interconexiones.

En esta edición se han subrayado tres tendencias como las principales amenazas a la estabilidad global: la desigualdad económica, la polarización social y los peligros medioambientales. En la reunión han estado también presentes otros riesgos sobrevenidos como son los derivados del debilitamiento de la cohesión en Europa y los asociados a la concreción de los enunciados con los que Donald Trump ha llegado a la presidencia de su país. En particular la intensificación del proteccionismo e incluso el desencadenamiento de una guerra comercial con China.

La gran paradoja que nos deja esta convocatoria es la asunción del máximo dirigente chino, Xi Jinping, de la defensa de la dinámica de globalización, frente a los vientos proteccionistas y nacionalistas en EE UU y Europa. Que sea el secretario general de un partido comunista el que se convierta en adalid del libre comercio da cuenta de la incapacidad de la clase política de las economías avanzadas para renovar el orden económico surgido de la II Guerra Mundial. La defensa del multilateralismo, de las organizaciones supranacionales que deben arbitrar en la gobernación económica global, la ha llevado a cabo un recién llegado. Esa toma de posición de las autoridades chinas fortalece sus credenciales de liderazgo en la escena global, acentuando el desplazamiento del centro de gravedad de la economía hacia Asia, al tiempo que cuestiona la vigencia de las organizaciones multilaterales dominadas históricamente por EE UU y la UE. El impulso al Banco Asiático de Desarrollo es solo uno de los exponentes de esa redefinición de influencias.

La otra gran advertencia que ha emergido de Davos tiene que ver con la extensión de la desigualdad. Ha sido la directora-gerente del FMI la que ha recordado su advertencia al respecto en la edición del pasado año. Los vínculos entre la desigual distribución de la renta y de la riqueza, por un lado, y la inestabilidad social y política, por otro, acentúan las exigencias de orientar las políticas económicas a una mayor protección de los más débiles. Y eso significa, en primer lugar, adecuar las políticas fiscales a un entorno todavía tributario de la severidad de la crisis.

El anémico crecimiento —desde luego en la UE— sigue aconsejando políticas económicas que compensen la ausencia de inversión privada y que sean creadoras de empleo suficiente y de calidad, fortalecedoras de la cohesión social, que neutralicen la debilidad de los intercambios internacionales y, en definitiva, que contribuyan a frenar la deslegitimación del sistema. Esta es la advertencia que sintetiza los temores que han emergido en ese cónclave de las élites del capitalismo global.



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