Editorial

Es el fin de las armas, no es el fin de las FARC" 

2017-06-27

Pese a los sucesivos aplazamientos, las FARC siguen avanzando hacia la senda política como medio...

SALUD HERNÁNDEZ-MORA / El Mundo 

No ha sido la mejor semana para Juan Manuel Santos. Después de proclamar a los cuatro vientos con vehemencia, en distintos actos públicos, que ayer martes se acababan las FARC y comenzaba la paz en el país, el atentado en el Centro Comercial Andino y el secuestro de dos periodistas holandeses le devolvieron de sopetón a la realidad. Y para ensombrecer aún más su celebración, ya no será el 20 de junio el Día D de la entrega definitiva de armas de la mayor guerrilla del país, sino la próxima semana, en agosto o en septiembre, aún no está clara la fecha final.

Pese a los sucesivos aplazamientos, las FARC siguen avanzando hacia la senda política como medio para conquistar sus fines. Hasta el momento se han desprendido de buena parte de su arsenal declarado (siete mil armas, una por guerrillero registrado), y ya están en contenedores de la ONU. Faltan algunas y las que se encuentren en las más de 900 caletas (zulos) que hay regados por el país y cuyas coordenadas ya han facilitado.

Tras entregar sus fusiles, la ONU entrega a los excombatientes certificados de Dejación de Armas que les permitirán comenzar su tránsito a la legalidad y conversión a movimiento político, un paso que tienen previsto clarificar durante un congreso del grupo rebelde previsto para agosto.

El abanico de escépticos, sin embargo, que incluye no solo al opositor Centro Democrático sino a personas que viven en regiones donde han sido poderosos, desconfían de sus intenciones y piensan que la política no será su única ruta, que mantendrán una retaguardia armada para activarla cuando lo consideren oportuno. Y que tampoco abandonarán los territorios en donde asentaron las áreas de concentración.

"No es cierto, como dice Santos, que el 20 se acaben las FARC y entreguemos todas las armas", asegura en entrevista con El MUNDO Gustavo González, alias Rambo, responsable de la ZVN (Zonas Veredales y Puntos Transitorios de Normalización) de Los Monos, municipio de Caldono, departamento del Cauca, al oeste de Colombia. "Es el fin de las armas, no es el fin de las FARC. Seguimos como grupo político y faltan las armas de las caletas. Pero estamos cumpliendo nuestra palabra", afirma quien permaneció 34 años en la organización guerrillera y fue uno de sus jefes más temidos. Planea lanzarse a la arena política en alguna de las poblaciones donde impuso su mando a golpe de violencia.

"Con las FARC no había ladrones"

"En esta zona de concentración hay 438 guerrilleros de la columna Jacobo Arenas, entre combatientes y milicianos (guerrilleros en los núcleos urbanos), y no todos tienen armas. Pero las que hay, están registradas por la ONU y se han ido entregando. Lo que está claro es que hemos puesto en primer plano la lucha política aunque para mí y para muchos de mis hombres, es difícil dejar las armas que nos han acompañado todos estos años", agrega Rambo. "La ganancia que ha tenido el pueblo con el proceso de paz es que en los últimos años había entre 1,500 y 2,000 bajas de fuerzas del Estado por año y llevamos diez meses sin una sola causada por nosotros. Ni siquiera los enemigos del proceso pueden desconocerlo".

En un principio estaba previsto que las FARC entregaran todo su armamento a la ONU el 30 de mayo y fueron alargando la fecha final por motivos logísticos porque tanto el Gobierno como dicho organismo internacional dieron muestras de ineficacia e improvisación. Basta con observar las obras de las dos áreas que deberían albergar a los miembros de la Jacobo Arenas, situadas en las laderas de las montañas de Caldono, sembradas de cafetales y plataneras. A la de Los Monos aún le faltan varias semanas para concluir los trabajos; en La Esmeralda, apenas acaban de aplanar el terreno. Y ambas deberían estar desocupadas, por haber cumplido su misión, en junio. De ahí que habitantes de las regiones donde están las ZVN, no crean que las FARC las vayan a abandonar, que pretenderán permanecer en ellas para seguir imponiendo su mandato.

Temen también que aparezcan nuevas bandas criminales ante la ancestral incapacidad del Estado de ocupar esa Colombia olvidada por los sucesivos gobiernos centrales.

"Un guerrillero al que el arma siempre le dio de comer, da una y se queda con otra por si acaso no les cumplen lo prometido. Y además no están preparados para irse a cultivar", afirma un comunero indígena del Cabildo de Caldono, población que sufrió incontables ataques guerrilleros. "Lo que pasa es que estamos ante una encrucijada. No queremos a las FARC armadas pero si dejan las armas, aparecen bandas de ladrones y viciosos (drogadictos), como ya está ocurriendo." Cabe recordar que las guerrillas, como pasaba con los paramilitares, eran la única autoridad local y su manera de instaurar el orden consistía en matar a los ladrones reincidentes y expulsar o asesinar a los adictos a las drogas. No extraña que un moto-taxista de Caldono hiciera un comentario que he escuchado en varias partes: "La policía no sirve, porque los agarran y a los cinco días están libres, robando. Con las FARC eso no pasaba".

Temor de las víctimas

Entre las víctimas de la guerrilla, hay unas preocupadas por la excarcelación de milicianos con largas condenas por ser los sicarios, secuestradores y extorsionistas de las FARC en los centros urbanos, y que por su condición de no combatientes, pueden permanecer en sus casas. "Se pueden querer vengar de quienes los denunciamos", le dice a este diario la hermana de un hombre que fue asesinado por un miliciano de la columna Jacobo Arenas. "Es un peligro y es injusto que el asesino ya esté libre y no ha pagado ni seis años de cárcel."

Entre los factores que han incidido en la falta de credibilidad, se puede destacar la decisión de no permitir el acceso de los medios de comunicación. Para la guerrilla, una foto entregando sus fusiles supone "una humillación" y la sensación de que se rinden.

Para la analista política Sylvie Duchamp, "lo importante es que las FARC se desmovilizaron y entregaron las armas. Lo que ocurre y ha demostrado el atentado del Andino y otros hechos, es que sigue siendo una sociedad muy violenta y persisten otros factores desestabilizadores. Las FARC no eran el único problema".



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