Del Dicho al Hecho

El aeropuerto Felipe Ángeles es una pequeña victoria para el gobierno mexicano

2022-03-21

El AIFA es significativo también porque forma parte del legado constructivo que se...

Gibrán Ramírez Reyes | Washington Post

La inauguración y entrada en funciones el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) es una pequeña pero muy significativa victoria para el gobierno de México. Aunque se trata de un proyecto de infraestructura importante, no tiene la complejidad social de otras obras como el Tren Maya, la sofisticación técnica de la refinería de Dos Bocas o el carácter estratégico del corredor interoceánico Istmo de Tehuantepec. Sin embargo, posee un carácter simbólico especial.

Desde el sexenio 2000-2006, el gobierno federal exploró proyectos aeroportuarios para resolver la saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). El entonces presidente Vicente Fox intentó realizar la obra en Texcoco, Estado de México, un esfuerzo frustrado por la movilización social de pobladores de San Salvador Atenco, quienes sufrieron represión por parte del gobierno estatal encabezado por Enrique Peña Nieto, facilitador del proyecto. Ante el fracaso —celebrado por el hoy presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), entonces jefe de Gobierno de la capital—, en 2005 comenzó la construcción de la terminal 2 del AICM, a la postre inaugurada por Felipe Calderón.

Durante el sexenio del presidente Peña Nieto (2012-2018), el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México con sede en Texcoco se recuperó con brío y más pericia política que en el primer intento. Para entonces, tomar una posición respecto a esta obra era más un asunto de identidad política y confrontación entre la derecha y la izquierda que un debate sobre infraestructura. La oposición de izquierda, encabezada por AMLO, acusó desde el inicio de su construcción actos de corrupción, costos excesivos y la inviabilidad ecológica del proyecto y propuso, en voz del ex jefe de Gobierno de la capital y entonces senador Alejandro Encinas, una alternativa de aeropuerto en Tizayuca, en el estado de Hidalgo.

Con ese trasfondo histórico, la idea (o fantasía) del nuevo aeropuerto se convirtió en un fetiche para ambos grupos: los tecnócratas neoliberales y la izquierda. Para los primeros era el testimonio de nuestro camino inexorable hacia la modernidad cosmopolita y el primer mundo; para los otros, el testimonio de la política subordinada al negocio y a la corrupción y, por lo tanto, ineficaz.

Cuando AMLO canceló el proyecto de Texcoco, aun antes de iniciar su gobierno, significó un aviso de la llegada del nuevo poder y una cancelación simbólica de ese tipo de política oligárquica inservible. El AIFA sería un sustituto de esa ilusión aeroportuaria previa para, en cambio, ser modernidad forjada desde abajo, con austeridad y eficacia. Pero agredir las fantasías ajenas no puede sino suscitar agresiones de vuelta a las propias. Y estos años se han tratado de eso: opositores han llamado al nuevo aeropuerto como “Central Avionera” para denotar un supuesto aldeanismo, insistieron en que sería imposible su funcionamiento al mismo tiempo que el del AICM y han ridiculizado en cada oportunidad su diseño y los ajustes que ha tenido. Al mismo tiempo que agrupaciones neoliberales que, de acuerdo con AMLO tienen intereses en la construcción del proyecto de Texcoco, intentaron obstaculizar su construcción por la vía jurídica.

Aún faltan tiempo y condiciones para determinar si el nuevo aeropuerto logrará la generación de un sistema aeroportuario metropolitano. Tiene que avanzarse en las vías de acceso, en la conexión con el AICM y el aeropuerto de la ciudad de Toluca, hacerse arreglos logísticos y planificación, pero esta partida de dos decenios la ha ganado la izquierda y AMLO.

Por eso la inauguración del AIFA será, posiblemente, la más importante de las que se hagan en este sexenio. No se trata solo del contenido simbólico, sino que estará en condiciones de funcionar mínimamente, lo que no es claro en los otros grandes proyectos de esta administración. Dentro de algunos meses se inaugurará la refinería de Dos Bocas, que ha reportado un avance financiero de 77% (lo que implica que se ha avanzado en poco más de 25% de los pagos por año, teniendo un restante de tres meses para completarse el porcentaje faltante y sin que se conozca el avance físico). Se inaugurará también algún tramo del Tren Maya, que ha tenido que cambiar su trazo al menos siete ocasiones, pero es poco probable que se termine completo. Un segmento del Corredor Interoceánico está proyectado para terminarse justamente cuando AMLO deje el poder, a mitad de 2024, por lo que cualquier contingencia mínima podría retrasarlo.

El AIFA es significativo también porque forma parte del legado constructivo que se entregará hacia el fin del sexenio. Cualquier cambio de régimen requiere tiempo, destrucción y construcción. En este tiempo, se ha cambiado de una política social focalizada e intermediada a una universalista que se institucionalizó en la Constitución y que, sin embargo, ha tenido problemas en su implementación.

Se eliminaron programas sociales como el de estancias infantiles —o recientemente el de escuelas de tiempo completo— para hacer una reingeniería del gasto, pero no se instauraron a cambio otros que atiendan los mismos asuntos; se acabó con el Seguro Popular, un fracaso institucional y fuente de corrupción, y se generó en su lugar el Instituto de Salud para el Bienestar, cuyo fracaso ha sido reconocido implícitamente al anunciar el cambio de modelo para la universalización de la salud a la mitad del sexenio; se canceló la evaluación punitiva de los profesores de las escuelas públicas y se desvencijó la reforma educativa implementada por el gobierno anterior, pero no se generó un proyecto puntual de lo que pretendió ser la Nueva Escuela Mexicana; se fundió a las estructuras de las empresas Liconsa y Diconsa —responsables del acopio y distribución de alimentos básicos, y programas de apoyo a pequeños productores agrícolas en el país— en Seguridad Alimentaria Mexicana, una institución consumida en irregularidades por miles de millones de pesos.

La oposición, tanto en medios como en redes sociales ha sido mucho más vocal sobre el aeropuerto que sobre esta lista de temas —salvo excepciones como las estancias infantiles y las escuelas de tiempo completo—. Sin embargo, el aeropuerto a cuyo fracaso apostaron se terminó, en tiempo y forma, y se entrega funcionando.
 



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