Atrocidades

Invasión de Ucrania, paz mundial y espíritu de la noviolencia

2023-10-04

En ese equilibrio de poderes, pienso que China no puede posicionarse pues es el bazar de Occidente...

   Llucià Pou Sabaté

En la invasión de Rusia a Ucrania, la mayoría de los países condena la acción de Putin, y algunos están a su favor. El miedo de la catástrofe de una guerra nuclear está presente en estos tiempos en que vuelve a enfrentarse el expansionismo ruso con pueblos de Europa. Precisamente fue Kiev cuna de Rusia, pero los genocidios estalinistas provocaron un alejamiento definitivo. Además, vemos que detrás de esa contienda están intereses económicos, en primer lugar la industria bélica que es la más grande del mundo, en segundo lugar los especuladores pues todo depende de esos grandes gigantes de la economía que ponen precio a los alimentos y a los combustibles. Los límites de la destrucción de la guerra parece que está calculada para que no afecte a una escalada imparable, pienso que las diplomacias se encargan de ir midiendo, como en una pelea de gallos, qué movimientos puede hacer el otro para que no venza enseguida ni se sienta frustrado y pueda usar armas nucleares. Además, Estados Unidos ve que Rusia ya no es la potencia que era, tiene un peso económico pequeño comparado con cualquier país occidental, en cambio China sí tiene poder de hacerles competencia. En ese equilibrio de poderes, pienso que China no puede posicionarse pues es el bazar de Occidente y no se puede arriesgar a perder ese mercado para el que está produciendo.

El corazón de las tinieblas y la guerra en Ucrania

La gran película ‘Apocalypse Now’ de Coppola adapta el guión la novela ‘Heart of Darkness’ (‘El corazón de las tinieblas’, Barcelona, Lumen, 2002), de Joseph Conrad, sobre las razones y efectos del colonialismo europeo en África, pero puede aplicarse como se hizo a la guerra de Vietnam; y hoy lo podemos aplicar al horror de la guerra en Ucrania.

En el fondo tienen relación los dos ambientes, pues lo que analiza es lo que hay de tenebroso en el corazón humano; el embrutecimiento que vemos también hoy en la invasión de Ucrania, el querer hace daño en una espiral que no encuentra fin. Esta degradación sumirá a un hombre inteligente en las tinieblas de la locura, el agente Kurtz, cuyo deseo insaciable de riqueza y poder le llevará a acostumbrarse a la compañía del horror y a encontrar familiar la barbarie ancestral, quien dice: «Estoy acostado aquí en la oscuridad esperando la muerte… He muerto a lo largo de toda mi vida y ahora lo voy a hacer realmente». Así vemos que los protagonistas se abocan a una espiral de violencia que está ya durando años.

Conrad ve que los romanos que exploraron Inglaterra actuaban también así, con «la muerte acechando en el aire, en el agua, en la maleza… eran lo bastantes hombres como para afrontar las tinieblas. Eran conquistadores y, para ello, sólo se necesita la fuerza bruta. Se apoderaban de todo lo que podían por simple ansia de posesión, un alevoso asesinato a gran escala… La conquista de la tierra, que por lo general consiste en arrebatársela a quienes tienen una tez de color distinto o narices ligeramente más chatas que las nuestras, no es nada agradable cuando se observa con atención. Lo único que la redime es la idea. Una idea que la respalda: no un pretexto sentimental sino una idea. Y una creencia generosa en esa idea, en algo que se puede enarbolar, ante lo que uno puede postrarse y ofrecerse en sacrificio» (página 14). Estos pueblos que no tienen en cuenta las personas sino las colectividades, en realidad no someten las personas al amor a la patria como hicieran los griegos con las polis, sino que manipulan a los pueblos para luchar por la idea que se les ha metido en la cabeza. Por eso muchos quieren huir, pues ya no participan de esas mentiras, no quieren combatir por la idea de los gobernantes. Pienso que mientras que muchos rusos están esclavizados a luchar por la idea de su gobernante, sin embargo muchos ucranianos sí están dispuestos a morir por la libertad de su nación. Sin embargo, hay pueblos que tienen afinidad con Rusia, y ahí empezó el conflicto, con los nacionalismos.

Desde el hombre primitivo ha habido guerras, y en la formación de los países actuales también, a lo largo de su historia: Inglaterra, como España y tantos países, han sufrido este tipo de injusticias, e igual que se hallaron en las cuevas de South Gloucestershire evidencias de prácticas canibalistas, vemos hoy también una violencia gratuita, hacer daño, una erótica del horror de quien inculca una idea totalmente absurda cuando el problema es que -como en la novela- tienen «el corazón vacío», y añade Conrad: «Los hombres que vienen aquí deberían carecer de entrañas».

 T. S. Eliot, en 1925, escribió el famoso poema The Hollow Men (Los hombres vacíos), inspirándose directamente en esta novela, cuya versión cinematográfica citada más arriba encarna Marlon Brando (Kurtz).

Por desgracia, hasta «las cabezas que se secaban sobre los postes, frente a las ventanas del señor Kurtz”, son reales en Ucrania hoy como lo fueron en la novela (ambientada en el Congo, 1898), que muestran el principio irracional y caníbal del expansionismo colonial. Ahora hemos visto como se masacraban personas mayores y niños en los pasillos de evacuación, rompiendo toda norma humanitaria más elemental. Vemos como se atacan barrios residenciales buscando represalias por acciones militares del enemigo.

Ante esas ideas colonialistas que matan y sirven de pretexto para esa banalidad del mal (como decía Arendt, o está genialmente expresado en otra novela, El señor de las moscas), hemos de proponer -construir- una ética -sustentada con la colaboración de la comunidad internacional- donde sea la dignidad de la persona lo central, lo sagrado, la imagen de Dios impresa en ella. “No hay camino para la paz, la paz es el camino”, es el mensaje de noviolencia de Ghandi en el siglo XX, y veo que ahí resuena el espíritu de Jesús, que indicó que la Ley del Talión debía ser superada con la paz. A este respecto también dijo Gandhi: “Ojo por ojo y todos acabaremos tuertos”. Es decir que la guerra no favorece a ninguna de las partes. Nunca. Cuando empieza la guerra ha acabado el buen uso de la razón.

La violencia es el lenguaje de los débiles, de los que no tienen inteligencia y se dejan llevar por los instintos, y engendra más  violencia. Estas ideas de ética social no quitan que la legítima defensa se ejerza ante una agresión, el agresor injusto debe ser repelido. Pero ¿cómo compaginar esos aparentes contrarios? Pienso que solamente con la educación de la interioridad, con la espiritualidad, subiendo el nivel de consciencia de las personas. No hay otra solución a los conflictos. El modo en que pueda avanzar la política internacional, el derecho internacional, no es otro que mejorar esa educación de las consciencias, y establecer un sistema de instancias jurídicas supranacionales que protejan esa dignidad de la persona, digamos un sistema judicial que no tenga implicaciones de intereses de ningún tipo, más que proteger esa dignidad de las personas.

Porque “la guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan” (Erich Hartmann). Los intereses económicos están detrás de los deseos de poder y de  destrucción de  los líderes que causan esas guerras.

Algo nos dice que un conflicto no se puede solucionar en el mismo nivel que se  produce, porque a veces ese  conflicto no se  soluciona y pierden las  dos partes. Es necesario entenderse, y si no ir a una instancia superior para que ayude a resolverlo; instancias que han de remodelarse, actualizarse o incluso crearse, pues se ha roto el equilibrio en ellas ahora mismo. El sistema internacional de Occidente ha avanzado mucho en pocos días desde la invasión rusa en Ucrania. No sabíamos si la OTAN tenía aún sentido. En los años 90 hubo un acercamiento de Rusia a Europa (y alguno sintió que fueron rechazados). Sí vemos que no puede tener el control del armamento nuclear un loco, que hay que regular mejor todo eso. Putin no se muestra inteligente, su astucia se basa en la violencia física, eso es lo que distingue sus mentiras de las de otros dirigentes.

Y pienso que la única solución para la guerra de Ucrania pasa por el diálogo entre las dos partes, y ya se sabe que negociar es estar dispuestos a perder algo para conseguir algo mejor, porque a veces retroceder un paso es avanzar dos: si una tierra ahora tiene un régimen político poco adecuado con sus habitantes, mañana volverán a tener la libertad de unirse a quienes de verdad les representan. Los ideales de patria, nación, más bien se ven hoy superados en una idea de comunidades supranacionales, en el caso de la Unión Europea para Ucrania que les protejan de cara al futuro. Los cientos de miles de vidas sesgadas bien valen un acuerdo.

Ponerse del lado del agredido se ha hecho hasta ahora, con medidas económicas y ayuda de todo género a Ucrania. Es una vergüenza que por intereses económicos algunos países no hayan condenado la invasión, como también es una pena que se haya provocado esa invasión con actuaciones asesinas por parte de algunos ucranianos en los pueblos del Este del país, hacia los pro-rusos.

Una regla de oro que no puede negociarse es el asalto a la población civil. Si se llega a una situación crítica, es necesaria una “injerencia humanitaria” por parte de países que manden ejércitos para contener la masacre. ¿De qué manera, y a partir de qué momento crítico? En el caso de Kósovo, la situación fue clara. Por tanto el espíritu de noviolencia ha de compaginarse con la justicia, cosa también difícil en el nivel de consciencia de muchos de los protagonistas.

Es importante acotar la violencia a la zona invadida a través de envío de armas o de voluntarios que sean soldados de apoyo al pueblo ucraniano para defenderse de la invasión (llamémosle “injerencia humanitaria”) si llega ese momento crítico, eso también me parece razonable.

Esperemos que la diplomacia contenga esta desgracia que va a más, y que nos sirva a todos para tomar el poder de la participación política y libertad a través de unos cauces que son difíciles de diseñar, pero que sin duda comenzarían por la rebelión del pueblo ruso ante su dictador. Las rebeliones siempre han tenido sus líderes, que en este caso tienen que ir con cuidado para no ser envenenados…

El Evangelio nos trae enseñanzas aplicables a esta situación: «Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes». Y en otro lugar dirá: «quien a hierro mata, a hierro muere».

La guerra siempre es la peor de las situaciones. Gandhi bebió de las ideas antibelicistas de Tolstoi, que a su vez proclamó la noviolencia que enseña Jesús que lo explicaba por activa y por pasiva, también desde el punto de vista práctico, digamos “utilitarista”: «¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz».



JMRS
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