Testimonios

De los papas que han abdicado a lo largo de la historia (que son unos pocos)

2013-02-13

Más cerca ya de nuestros días, mucho se especuló con la posibilidad de que también Pablo VI...

Autor: Luis Antequera 

Cuando conocemos la triste noticia de la abdicación del Papa Benedicto XVI, por carecer, según él mismo nos dice, de las fuerzas necesarias para tan alta misión como la suya, corresponde hacer un breve repaso a ese fenómeno tan poco conocido como poco frecuente -y eso que se ha dado más veces de las que imaginamos- cual es el de los papas que a lo largo de la historia han “abdicado”.
 
Pues bien, a lo largo de la historia han abdicado o renunciado los siguientes papas: San Ponciano (230-235), San Martín I (644-654), San Celestino V (1294-1294), y Gregorio XII (por cierto, único de los papas abdicantes que no es santo). Posiblemente lo hizo también San Silverio (536-537).
 
Como a San Celestino V y a Gregorio XII ya hemos dedicado una entrada en esta columna (puede Vd. verlas aquí y aquí respectivamente), queda dedicársela ahora a San Ponciano, a San Martín I y a San Silverio, cosa que haremos estos días.

No dejaremos de mencionar el curioso caso de Pío VII, papa que llega a firmar una abdicación que, sin embargo, no consumará. Y es que los quince primeros años de su largo pontificado de veintitrés, toca a Barnaba Chiaramonti, que tal era su nombre de pila, hacer frente a la dura circunstancia que para Roma representará la irrupción en la escena europea de Napoleón Bonaparte, cuya política respecto de los estados pontificios pasaba por la anexión al Imperio francés de su vasto territorio entonces, y por el sometimiento del Pontífice a sus criterios.
 
Cuando “a petición” de Napoleón, -una petición producida de esa manera tan especial que tenía el Emperador de pedir las cosas-, Pío VII acude a París para coronarlo emperador en 1804 de la forma en que con maestría retrató el pintor francés David, Pío VII no inicia viaje sin dejar firmada su abdicación, todo ello en previsión de acabar siendo hecho prisionero, según muchos temían ocurriera. Como al final la temida detención no se produce, Pío VII pudo volver a Roma, y su abdicación, en consecuencia, no se pronunció nunca.
 
Más cerca ya de nuestros días, mucho se especuló con la posibilidad de que también Pablo VI hubiera pensado en abandonar el trono de Pedro en un momento anterior al de su muerte, basada en algunos hechos que se probaron más irrelevantes de lo que muchos quisieron creer en su momento: sus iniciativas de inhabilitar a los cardenales electores a los ochenta años o la de fijar la edad recomendable para la dimisión de los obispos a los setenta y cinco, como si quisiera establecer que existía una edad máxima para cada cargo eclesiástico, e incluso la solemne visita que tres años después de su elección realizaría el 1 de septiembre de 1966 a la tumba de San Celestino V, de quien hemos hablado arriba, dieron pábulo al rumor, si bien lo cierto es que, como muchos de Vds. recordarán, el final del pontificado de Pablo VI no se produjo, finalmente, sino con su muerte, acaecida el día 6 de agosto de 1978, cuando tenía ochenta años de edad.



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